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viernes, 26 de febrero de 2010

INTERPRETACIÓN PSICOLOGÍSTICA VERSUS INTERPRETACIÓN SISTÉMICA.- En el artículo de Santiago Kovadloff, publicado en “La Nación” de hoy, 26/02/2010, titulado: “Las huellas del rencor”, se ensaya, ya desde su título, una interpretación psicologística de la política.- Creo que su hermenéutica, partiendo de tales supuestos, resulta inapropiada, anacrónica y desacertada, poco feliz.- Después de los ensayos producidos por Foucault (“Vigilar y castigar”, “Historia de la sexualidad”, etc.), se advierte que las acciones y conductas políticas son funcionales al sistema de producción y tributarias del esquema de poder que las produce.- Es decir que se invertiría la causa de los comportamientos y las motivaciones psicológicas pasarían a conformar un diseño reactivo a las incitaciones que el medio, por diversos canales de presión e influencia, proyecta sobre ellas.- Así las expectativas de conducta y las llamadas “motivaciones”, aún las justificaciones o explicaciones que proporciona la ética, serían sistémicas.
En el caso del artículo que expresa un reproche por reduccionismo e irreductibilidad de posiciones políticas encontradas, se debería entender, me parece, que el reduccionismo y la irreductibilidad denostados no se inspiran en malévolas actitudes perversas de quienes personifican tales posiciones encontradas de “oficialismo” y “oposición”, sino mas bien constituyen reacciones a sistemas de producción y estructuras de poder en pugna.
Creo que, en cuanto a la realidad política que la columna intenta caracterizar, la explicación de las posiciones asumidas por ambas partes contendientes, se comprenderían mejor entendiéndoselas como una lucha de sistemas de producción y estructuras de poder en crisis.- Entre un neoliberalismo capitalista que se está revelando insuficiente para contener las nuevas demandas que lo desbordan y se insinúan reclamando nuevas formas de organización del poder y la producción y un estatismo que sin ser totalitario procure satisfacerlas.- En la actualidad argentina las nuevas formas de organización del poder y la producción reclaman un estado jurídico político activo que intervenga en el ciclo económico y en el seno social comunitario. Tal estado jurídico político parecería superar, sobre todo en esta coyuntura, de forja muy reciente, el marco tradicional de negociaciones que intenten menoscabar este rol intervencionista que, de retrotraerse, significaría un costo humano muy alto y muy doloroso y nos haría retroceder a etapas que queremos superar. En efecto, retroceder, por ejemplo, en el caso de las jubilaciones móviles, con fondos previsionales manejados por el Estado y no por entidades (AFJP) privadas que especulan en la bolsa con esas recaudaciones, o de la asignación universal por hijo, o de la facilitación del derecho a expresarse libremente de las ONG o de los operadores privados, proscribiéndose los monopolios mediáticos mediante la nueva ley de medios, etcétera, significaría ignorar necesidades de la gran mayoría de la ciudadanía, del pueblo y ya hasta de los terráqueos, es decir, del género humano, porque no hay que olvidar que el fenómeno de la globalización nos comprende a todos en todo y, por consiguiente, los “malos” y los “buenos” hoy, en la acción política específicamente, no se definen ni miden por sus perfiles psicológicos sino por sus funcionalidades sistémicas. Así, a quien podría interesarle el sexo oral que practicó en su momento Mónica Lewinsky con Bill Clinton; importa sí qué políticas económicas y sociales llevó adelante Clinton. Decir, por ejemplo, como lo hace Kovadloff que: “Los Kirchner advirtieron mejor que nadie lo alta que podía llegar a ser la rentabilidad de esa disposición a la intolerancia, a la subestimación franca del derecho y el parecer ajenos. Y supieron capitalizarla. En ella fundaron su concepto del poder. A ella sometieron la práctica de la ley y la democracia, la caracterización del adversario y el destino de la República” es atribuir a la pareja gobernante una intencionalidad política fundada en una malevolencia psíquica. Esto es absurdo. Acusar a los Kirchner de que ellos azuzan el monstruo de la intolerancia y la predisposición al maniqueísmo es un gravísimo error. Ellos obran como políticos y defienden intereses que consideran legítimos y lo hacen a favor de una nueva organización del poder socialmente inclusiva y procuran el establecimiento de una equidad distributiva en la asignación de la riqueza. Cuando los radicales “coimearon” en el Senado de la Nación para obtener la aprobación de una ley de flexibilización laboral que iba en contra del trabajador y a favor de los capitalistas, aún ellos, con la corrupción, la malevolencia y la perversión que ello significó, lo hicieron para defender un sistema de intereses propios del capitalismo neoliberal. Es decir, sus motivaciones más que psicológicas fueron de interés, actuaron como agentes de un sistema de explotación en retirada que ya no es apto para dar respuestas a una masa irredenta en muchos sentidos.
Contrariamente a lo que piensa Kovadloff es a este objetivo al que apuntan los Kirchner y no a revivir las huellas del rencor. Resulta también un grave error de óptica histórica parangonar los años de plomo y el fin de la segunda guerra con el hoy argentino. Nada tienen que ver el ahora, cuyos protagonistas tratamos de ver la luz, con el pasado oscuro excepto la huella, la memoria de la oscuridad. Esa sí forma parte del inconsciente colectivo argentino y nos proyecta a un nuevo imaginario. Quizás las nuevas tendencias de organización económica y social en el mundo globalizado, intercomunicado, interactivo, instantáneo casi, fluido y creciente, tienen mucho mas que ver con un rechazo instintivo, inconsciente, de las formas de dominación del cuerpo y de la mente que constituyeron clichés o estereotipos del capitalismo en retirada, que con actitudes psicológicas nuevas- excepto la perplejidad - porque éstas llegan después de tales experiencias que, en un primer momento, son experimentadas como azarosas. Verbigracia, jamás podría haber imaginado a mis 20 años, hoy tengo 63, el mundo de hoy.
Por todo esto me parece que el artículo de Kovadloff resulta inapropiado y anacrónico y, por lo mismo, equivocado en todas sus conclusiones. Desde mi solitario blog lo recuso.

jueves, 25 de febrero de 2010

EL AFAN DE FIGURAR.- Como en la letra del tango, los integrantes de bloques y minibloques del Senado que apenas reunen 34 o 35 nombres contra un número equivalente de representantes del oficialismo, quieren figurar. Ante una aguda pregunta de V.H.Morales, en la mañana de hoy, a un representante de la bancada opositora, acerca de si a quienes integran este reciente agrupamiento los une una idea común y, en su caso, cuál sería, o meramente la letra "K", la contestación fue que comparten su rechazo a la forma en que los Kirchner ejercerían su ejecutividad institucional; según los opositores serían autoritarios y no querrían reconocer la derrota que, conforme a esta tésis, habrían sufrido el 28 de junio pasado. En un país que constitucionalmente ha establecido desde sus orígenes jurídico políticos el régimen presidencialista en cuanto al desempeño del jefe del Ejecutivo, uno de los tres poderes que integran el Estado, ¿qué sentido tiene este reproche? Es como si a un árbitro de fútbol le echásemos en cara que sea él el que siempre aplique las sanciones y le quisiéramos exigir que éstas se estableciesen de común acuerdo con los 22 jugadores de los 2 equipos. Un verdadero disparate. Además ¿quién les impide a los legisladores de la oposición que presenten sus propios proyectos de ley y los voten? ¿Quién? ¿Acaso la Presidenta o Néstor Kirchner les prohiben trabajar políticamente en proyectos propios? La explicación a tanto desmán, a tanta protesta histérica, es que, en realidad los miembros de la oposición quieren figurar. Están celosos, como en la letra de Palito Ortega, están perdiendo imagen a la vera del matrimonio presidencial y ésto los pone muy mal. Pero los argentinos que miramos el partido desde las tribunas y estamos afuera de la cancha, destinatarios del pobre espectáculo que nos ofrecen, somos los que sufrimos sus veleidades inspiradas en la estupidez de sus egos inmaduros. Hablando mal y pronto ¡Dejensé de joder!

miércoles, 24 de febrero de 2010

EL PERIODISMO SEDICENTE.- Se lo puede ver, escuchar o leer. Está en los medios. Se sabe, la objetividad es imposible. No se la pedimos, pero, por lo menos, a mi me gustaría que dejaran de envenenarnos. De vendernos carne podrida como le gusta decir a Víctor Hugo Morales, a quien reverencio y excluyo, lo mismo que a Orlando Barone, Sandra Russo, Horacio Verbitzky y otros - en este momento quizá no sean mayoría - de esta mi denostación. Pero, francamente, necesitamos ser informados, nutridos, vitalizados y no empozoñados por lo que se dice, ve o escucha. El diccionario nos dice que Sedicente: "Se aplica irónicamente a la persona que se da a sí misma un mombre sin convenirle el título o condición que se le atribuye" Y esto es lo que ocurre con cierto periodismo que se dice tal y no lo es. O acaso merecen llamarse periodistas quienes para cambiar todos los días de traje, camisa y corbata o de vestido, blusa y pollera y para cobrar sueldos abundantes, se sientan frente al micrófono o el ordenador a decir o escribir mentiras. No, son verdaderos integrantes de un periodismo sedicente que han desertado de su condición de periodistas, que sólo sirven para confundir en el mejor de los casos, sino para emponzoñar o envenenar conciencias en los que han renunciado a su ética y a su responsabilidad.
No daré nombres y apellidos porque quiero exponer ideas y no entrar en polémicas. Mi crítica se dirige a cierta intelectualidad vernácula que es sólo destructiva, a nadie sirve, ni siquiera a los que la ejercen. La defino como una suerte de humor ácido, de emanación ponzoñosa, verba envenenada que contamina e intoxica mal a quienes suelen ser sus destinatarios: televidentes, radioescuchas, lectores de diarios en breves ocios de colectivo, café o trén. Los productores de toda esa verbalización malsana son, en generál, opinadores profesionales, llameselos periodistas, escritores, filósofos y lo que los caracteriza es que no exponen ideas, elaboraciones racionales más o menos imaginativas que intenten explicar o interpretar los hechos honestamente, tratando de ser lo más verdaderos y objetivos que les sea posible, sabiendo de antemano que toda interpretación es subjetiva y uno mismo, siempre, se proyecta en lo que opina, sino que, encubriendo los intereses que intentan defender y deberían declarar los esconden y escamotean para que el pasivo lector, radioescucha o televidente los perciba como santos o santas de una cruzada propaladora de valores éticos, democráticos, republicanos y justos. Es decir mentirosos y mentirosas que disfrazan, con retóricas que los barnizan, y sólo para cobrar sus cuantiosos sueldos a fin de mes, los intereses de quienes les pagan por tan preciado servicio. En este momento son multitud y pululan en las redacciones de los diarios, los estudios de las radios y estaciones de televisión. Puede vérselos con sus trajes, camisas, corbatas, vestidos, siempre nuevos, impecables, en los casos de las pantallas de teve, como retratos móviles metidos en el plasma mediático y formando parte del mobiliario familiar.

domingo, 21 de febrero de 2010

LOS POSEUR DE LA POLÍTICA.- "Poseur" es una palabra francesa, significa algo así como modelo, el que sólo muestra, el que se presenta y aparece, en algunos casos el figurante. Adopta poses o posiciones para ser visto, mirado. Es el que está siempre frente a un espejo, como Narciso que admiraba su propia imagen reflejada en el agua. Eso son muchas figuras públicas, meros "poseurs", seres que posan, que se muestran, pero detrás de cuyas imágenes suele no haber nada. Por antonomasia quienes mas gustan y prefieren mostrarse son algunos políticos. Para obtener adhesiones, para que no los olviden, para ser aprobados y elegidos por el sufragio de la ciudadanía. Y es este narcisismo el que los pierde, irremisiblemente, por lo menos para el ojo crítico, ante cuya agudeza y perspicacia, que los escudriña y da vuelta como un guante, quedan desnudos y muestran el vacío que hay detrás de la imagen. Es el caso de políticos como De Narvaez, Macri o Carrió que son pura imagen; que buscan el efecto, impresionar a sus potenciales electores; meros productos de marketing que se fabrican a sí mismos para postularse y venderse en una Democracia "ligth", de consumo, pero que no tienen ideas, convicciones o programas de gobierno. Si tuvieran contenidos ideológicos o programáticos para ofrecer no se preocuparían tanto por denostar las acciones del gobierno y nos explicarían a todos qué proponen, qué aspiran a mejorar y cómo lo harían, para que en vez de ver y escuchar ademanes, gestos y palabras descalificadoras, siempre externas y superficiales, pudiéramos asomarnos a sus pensamientos políticos y a su sentido ético y juzgar y comparar para poder elegir hechos y políticas concretas y personalidades aptas para llevarlas adelante, en vez de tener que optar por rostros, trajes, vestimentas y poses. La acción política de los ciudadanos y ciudadanas de una Nación no puede ni debe transformarse en un desfile de modelos.

jueves, 18 de febrero de 2010

LAS PELIGROSAS PAREDES DE LA INCOMPRENSIÓN.- Vivimos contra una pared. Parecida a la que aludiera Albert Camus en “El hombre rebelde”, pero no igual. La sensación actual no es la de estar contra un solo y mismo muro, sino de rompernos o quebrarnos las ideas y la testa que las contiene contra varias paredes que se levantan cotidianamente frente a nuestro deseo de entender para poder pensar un futuro posible. Asistimos, casi perplejos, a lo que el escritor y periodista Orlando Barone, en una de sus cartas abiertas, denominaba como “psiquismo de la oposición”, es decir, una colección de necedades, negativismos e ignorancias que obstruyen a cada paso la posibilidad de entender y de entendernos después de que muchas de nuestras esperanzas fueron liquidadas. En mi caso siento que si bien adhiero fervientemente a la construcción constante y a la inclusión social que este gobierno de C.Kirchner lleva adelante, últimamente con la promoción de una nueva ley de educación, antes con una nueva ley de medios, con una ley básica electoral, con la extensión y facilidad de una jubilación cuya caja la maneja el estado, con la creación del fondo del bicentenario que permitirá invertir en el crecimiento de la economía interior, con un sano alejamiento del FMI y sus destructivas recetas, etcétera, lo que veo que está faltando y levanta muros y paredes de incomprensión, es la recreación de un criticismo social, de un ejercicio del pensamiento, que sirva para abrirnos los ojos a la realidad. Y eso porque intuyo que si dejamos pasar este presente y repetimos conductas frívolas, en cuanto a elegir nuevos gobernantes y optar por programas adecuados para nuestra posibilidad como comunidad histórica, corremos el riesgo de caer en una enfermedad histórico política crónica que llevará al desmenuzamiento de nuestro imaginario individual y colectivo que, en vez de unirnos, nos va a desagregar acentuando miedos, angustias, ansiedades, rencores, resentimientos y depresiones de todo tipo. Vamos a perder la esperanza y el sentido de solidaridad si no sabemos defenderlo, si no abarcamos y profundizamos concientemente lo que ocurre para separar la paja del trigo, lo bueno de lo malo, y no definimos quiénes están verdaderamente por la vida y la posibilidad de mejorarla, actuando y haciendo en concreto y favor de todos y quiénes defienden únicamente prebendas, privilegios, intereses individuales o corporativos que siempre excluyen o despiden y echan de sus senos y estructuras hacia una marginalidad difusa a la mayor cantidad de seres humanos posible.- Pensemos y analicemos críticamente, sin irnos por las ramas, aplicando nuestros juicios a la realidad presente y futura, a nosotros y a los que nos continuarán, teniendo en mira el bienestar material y cultural de todos.-

Amílcar Blanco

miércoles, 3 de febrero de 2010

Los radicales no dejan de concurrir a las aulas.- Siempre lo hacen, cuando son gobierno y cuando son oposición.En ambas posiciones discursean y explican, como cicerones eternos desde un frente imaginario para una opinión pública que toman como ideales condiscípulos. Su imaginario político jurídico es aparentemente impoluto en cuanto a democracia, republicanismo y federalismo. Ellos son los campeones del Estado de Derecho. Eso sí, para gobernar, gestionar, ejecutar, encuentran obstáculos y dificultades infranqueables, siempre frustrantes. Desde el segundo gobierno de Irigoyen, pasando por Frondizi, Illia, Alfonsín, hasta llegar a De la Rúa, sus posibilidades ejecutivas naufragan o fracasan para que el poder conservador los reemplace, sea éste último civil o militar y se disfrace del color político que sea. Uriburu, José María Guido, milicos azules o colorados, Onganía, Menem o Ramón Puerta, Rodríquez Saa o Duhalde deben correr en su ayuda para reemplazar viejos gaga, impedir desarrollismos de izquierda, apurar tortugas, apagar incendios, hiperinflaciones, saqueos a supermercados, derrumbes financieros, corralitos y corralones. Pero estos alumnos eternos de nuestra historia política parecen no aprender. Excepto Ricardo Balbín, cuando encuentran un camino pragmático que podrían recorrer de la mano de un dirigente justicialista huyen espantados y actualizan todos sus pruritos de juristas impolutos. Así ocurrió desde que Perón le propuso a Amadeo Sabattini que lo acompañase en la fórmula hasta hoy, cuando Julio Cleto Cobos prefiere desertar de su rol institucional de acompañar a la Presidenta Cristina Fernández, a la que le aseguró lealtad en campaña, y encuentra un correligionario como Rodolfo Terragno justificándolo y diciendo que, como forma parte de una coalición política, no está obligado. Es decir, siempre habrá una chicana por parte de ellos, jamás un pragmatismo que ayude ¿Hasta cuando los argentinos los votaremos para permitirles seguir concurriendo a una escuela histórica en la que no aprenden nada?