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domingo, 28 de agosto de 2011

Ella Fitzgerald and Louis Armstrong - Summertime


SUMMERTIME



Estamos en la city, el verano se acerca,
en las enredaderas y jazmines,
en los cielos calientes y la terca
alongación del sol en los confines.
Hay un olor áspero a madreselva,
una resaca a lluvia cuando cede la tarde
sus espacios de anuros y de selva.
Olor a polvo y agua, a suciedad que arde.
Todo por la llanura de las calles.
Un diapasón de Armstrong y Fitzgerald.
Una luna dichosa y melodiosa,
no una luna cualquiera,
rodeándonos los talles,
haciéndonos la vida llevadera.
Bocina de trompeta, voz de seda
y gargantas con cuerdas de ébano y de rueda.
Gershwin estuvo mucho visitando el verano
produjo melodías como dedos sus manos;
él se subió a las torres y rozó las cornisas,
estuvo cada angustia huyéndole a las prisas
sobre un teclado hecho con auténticas risas.
Convocó corazones ardientes y cercanos.
Rompiendo la tiniebla, poniéndole al hastío
un acendrado rumbo de navío.

Amílcar Luis Blanco

sábado, 27 de agosto de 2011

Paisaje de Silencio Rosa











Horas rosáceas surgen del silencio,


despojado hontanar, luz en el aire.


La soledad a punto de ser madre


y un horizonte dromedario


harán parir un llano calendario.


El agua detenida y el ojo dilatado


del alma de la noche abandonada


al desmañado cielo le asestan una herida


de sangre entre las nubes constelada.




Amílcar Luis Blanco




Pintura: "Paisaje de silencio rosa" por Andrés Rueda.

jueves, 25 de agosto de 2011

LA ROSA



Quizás la rosa sea



un ardor de la sangre bajo el agua.



Quizás la rosa duela



más allá de uno mismo,



en otra instancia,



superior a la angustia y a la ausencia.


Poema sobre la pintura de Andrés Rueda titulado "La última rosa"


Amílcar Luis Blanco

LUZ ENTRE EL AGUA Y LA PIEDRA


























http://www.andresrueda.blogspot.com




"Día de luz perfecta"-Pintura por Andrés Rueda



El cuerpo de la luz oculta esencias



sumidas en el agua y en la piedra



y un temblor detenido y transparencias



en que la sombra trepa como hiedra.



Trémula y espectral, pálida brilla,



esplende azul ornando la argamasa,



y traspasa los arcos sólidos de la arcilla



moldeando la textura de la hora que pasa.




Quieto, frente a la obra, urgo la maravilla




gestada entre columnas y dinteles




y asisto a la diablura del vértigo en la orilla



de una hondura creada con cielo en los pinceles.














Amilcar Luis Blanco

lunes, 22 de agosto de 2011

SÓLO LAS AMAPOLAS

















Roja como amapola crece el ansia
de mi sangre encendida al esperarte
y en pétalos de fuego el viento parte
preñado de una cálida fragancia.

Un aire marinero, una flagrancia
de sol y sal destruye cada parte
del horizonte exento de estandarte.
Las amapolas dan tu resonancia.

Sólo las amapolas, pasionarias
del amor compungido de distancias
imposibles de andar y refractarias.

Y esos pétalos tiernos, sin ganancias,
vibrantes como labios puros, parias,
sólo besos de viento y arrogancias.

Amílcar Luis Blanco

miércoles, 17 de agosto de 2011

DIA DE SOMBRAS



Tanto día de sombras caminado a destajo
y por calles que acallan su cielo entre cenizas
vuelve los pasos lerdos y cigarrillo abajo
hace que nos fumemos el ánimo hecho trizas.

Tanta razón sin nadie descalabrando el seso,
cicatrices de rabia que talla la mentira
y repechar las penas, el temor y ese peso
de la angustia que ahueca y la angustia que tira.

Tanto doler el alma de invisible manera
vibrando cual campana cuando tañe el badajo
sintiendo al corazón latir como si fuera
partiéndose la vida en infinito tajo.

Amílcar Luis Blanco

martes, 16 de agosto de 2011

LOU ANDREAS SALOMÉ


La vida humana –qué digo, la vida en general– es poesía. Sin darnos cuenta la vivimos, día a día, trozo a trozo. Pero, en su inviolable totalidad, es ella la que nos vive, la que nos inventa. Lejos, muy lejos de la vieja frase ‘hacer de la vida una obra de arte'; no somos nuestra obra de arte.-

Lou Andreas Salomé.-

Biografía.- Los Salomé eran originarios de la Francia meridional. El padre de Lou
debió emigrar por la expulsión de los hugonotes (1) y se refugió con sus padres en 1810, a la edad de seis años en la entonces San Petersburgo.
Entusiasmado por la victoria rusa sobre Napoleón, abraza la carrera militar y el Zar Nicolás I en el año de 1831 lo eleva a la aristocracia hereditaria para compensarlo por su valiente comportamiento en la insurrección polaca del 1830.
De su casamiento con Louise Wilm, nacerán seis hijos, entre los cuales el doce de Febrero de 1861 nace Louise que será conocida con el nombre de Lou.
El nacimiento de Lou coincide con un evento histórico importantísimo para Rusia, la emancipación del siervo de la gleba, acontecimiento que precedió grandes cambios políticos en toda Europa.
Lou nació bajo la estrella de la libertad y eso caracterizará siempre su actitud profunda y la volverá incapaz de hacerse discípula de algún credo religioso o filosófico.
Los acontecimientos históricos que hacen de fondo a la vida de Lou,
son pues acontecimientos extraordinarios que van de la decadencia de la Rusia zarista hasta las violencias de la Alemania nazista.
Lou crece en un ambiente especialmente masculino, rebelde e inteligente y se transforma en una extraordinaria autodidacta.
Su guía espiritual fue Hendrick Guillot, pastor de la embajada Holandesa en San Petersburgo, brillante orador de personalidad fascinante, liberal, culto, escéptico. Le imparte enseñanzas a Lou de historias de las religiones, sobre las sociedades primitivas, sobre el simbolismo y sobre lógica y metafísica. Con el Lou tuvo una preparación intelectual notable.
Gullot, 25 años más viejo que Lou, casado con hijos, disuelve su matrimonio con la intensión de casarse con Lou, esta no acepta y un poco por eso y otro por la inclemencia del clima ruso, decide trasladarse al exterior junto con su madre. La primera meta fue Zurich donde llegan en el mes de setiembre de 1880.
Lou se inscribe en la Universidad de Zurich, pero al poco tiempo y siempre por el mismo motivo su salud, era enferma de tuberculosis, se tiene que trasladar a climas más benignos y viajan a Roma en febrero de 1882.
En Roma se presentó a Malwida von Meysenbug, que acogió a la joven rusa como una de sus amistades más intimas. Malwida, anticonformista y liberal, se fascinaba con la inteligencia de Lou y ve en ella la continuación de la obra de toda su vida.
Una tarde del mes de marzo de 1882, en Roma en la casa de Mawida, Lou conoce Paul Rée, este y Malwida piensan en su amigo Nietzsche y el 13 de marzo de 1882 Malwida le escribe una carta.
Nietzsche conoció a Lou el 26 de abril y quedó muy inpresionado con
su personalidad, y quiso pedirla en matrimonio, confiando a Rée la mediación de su propuesta. Los tres se transforman en grandes amigos y rápidamente nace un proyecto de convivencia según un sueño de ? fraternidad ideal? , que no podrá realizarse por la insondable dificultad creada por el enamoramiento de los dos filósofos por Lou, la que no acepta a ninguno de los dos. . En 1901 Rée se suicida justo en el lugar en donde Lou Salomé le había rechazado veinte años antes; el tiempo jamás consiguió disolver todo el amor que sintió por ella. Lou era la eterna amiga de Ree, intelectualmente sintonizaban, pero ella sentía repugnancia física hacia él.

Otro tanto ocurrió con Nietzsche, si bien el poeta-filósofo logró sublimar la atracción que sentía en una obra singular, "Así habló Zarathustra". Hoy, tras la publicación de la correspondencia con Paul Ree, se sabe lo que sentía Nietzsche en aquella época: "Sino encuentro la piedra filosofal para convertir esta mierda en oro, estoy perdido".
Cuando Nietzsche conoció a aquella jovencita que daba muestras de una singular madurez e inteligencia, y que, por lo demás era excepcionalmente atractiva, se sintió inmediatamente seducido por ella. Pero Lou solo amaba el pensamiento de Nietzsche, en absoluto al hombre. Lo rechazó una y otra vez. Finalmente en 1882, el filósofo perdió toda esperanza. Unas semanas después se encerró en su pequeña habitación; era el mes de febrero de 1883. En pocos días, Nietzsche compuso su gran poema filosófico que nació como fruto del desengaño y la frustración por un amor imposible.
"Zarathustra" salvó de la locura a Nietzsche durante unos años. Tras la ruptura con Lou, habló de suicidarse; sacó fuerzas de flaqueza, rechazó la posibilidad de cualquier otro amor e intentó transmutar en fuerza interior su soledad. Seis años después se derrumbaría. A partir de 1889 su locura sería irreversible. moriría dos años después.

La irrealidad del sueño no impide que Lou y Nietzsche realicen un intenso intercambio intelectual y espiritual.
Ella prefirió siempre el contacto espiritual e intelectual antes que el físico. Era indiferente a los sentimientos que despertaba en los hombres que conocía ; prefirió siempre el pensamiento al hombre que lo encarnaba, el contacto espiritual antes que el físico.

En el verano de 1880, Paul Ree, Federico Nietzsche y Lou Salomé se encontraron en Lucerna, Suiza. Animados como estaban y en un ambiente de franca y cordial camaradería, fueron a visitar al fotógrafo Jules Bonet. Este tenía en su plató un pequeño carro para decorar escenas campestres. Contrariamente a la opinión del fotógrano, Lou se subió sobre el carro y pidió que Nietzsche y Ree hicieran ademán de tirar de él. Ella, entre tanto, blandía amenazadora un látigo.

La foto ha tardado años en conocerse y resulta, cuando menos curioso que el filósofo misógino que escribiera las mayores diatribas contra el espíritu femenino, consintiera en fotografiarse en aquella situación que tanto contrastaba con sus opiniones posterioes: "? vas con mujeres? No olvides el látigo?"...

Frederic Nietzsche ha pasado a la historia como el "gran misógino". Pero no siempre fue así: Nietzsche amó a una sola mujer. Su poema filosófico, "Así habló Zarathustra" puede considerarse como el producto de éste amor frustrado.

Permaneció virgen hasta los treinta años y jamás mantuvo relaciones sexuales con su marido, el doctor Andreas. Tras su ruptura, Nietzsche dijo de ella que sufría "atrofia sexual". Sus biógrafos cuentan que por esas fechas -entre los 20 y los 30 años- "le faltaba calor y vida a su rostro". Su complicada vida erótica y sentimental explica el interés desmesurado que sintió por la obra de Freud.


La cohabitación en Berlín de Lou y Ree dura cinco años y se separan debido a las peticiones de casamiento por parte de Rée.

Conoce al linguista Friedrich Carl Andreas con el cual se une en "matrimonio no consumado". En 1888, cuando era catedrático del Instituto de Lenguas Orientales de Berlín, conoció a Lou Salomé. Logró que le dijera el ansiado "si" intentando suicidarse ante los ojos de su amada; es ella quien nos describe la escena: "con ademán pausado, cogió la navaja y se la clavó en el pecho". Aquella sangre derramada los unió para siempre.

Permanecieron casados cerca de 43 años, durante ese tiempo, el doctor Andreas jamás la poseyó físicamente, pero nunca la perdió del todo. Si bien es cierto que mantuvo relaciones con otros hombres, íntimas en algunos casos, no es menos cierto que siempre, antes o después, volvió con "herr doktor".

Por las noches, Andreas daba clases particulares en su domicilio de Gottingen a un grupo seleccionado de alumnos. Estos y sus colegas de facultad jamás dudaron de que realizaba lo que calificaron como "estudios ocultos" y que suscitaron rumores entre sus colegas. Era capaz de inducir alucinaciones en sus discípulos, conocía perfectamente las técnicas de hipnosis y sugestión y fue uno de los primeros europeos en estar familiarizado con los distintos yogas hindúes.
Le atraía particularmente la tradición irania. Realizó la primera traducción completa del "Zend Avesta" como tributo a la sangre real persa que fluía por su venas.


Lou conocía a la perfección las grandes religiones orientales, dubismo, hinduísmo e islam, incluso en su exoterismo; su marido fue uno de los introductores del orientalismo en Europa y conocía todas estas tradiciones desde el interior.
Quienes conocieron a Lou Salomé nos la describen como alta, de ojos azules, "muy luminosos"; con los años su pelo había adquirido un tono platino. Con nariz respingona y boca suave, había conservado un aspecto atractivo a pesar de su edad.

A pesar de diversos acontecimientos como los frecuentes viajes de ella y de las relaciones sentimentales de ambos con terceros, los dos permanecerán juntos hasta el fin de sus días.
En los círculos intelectuales centroeuropeos de principios de siglo se decía que quien conocía a Lou Salomé, a los 9 meses traía un libro al mundo.

Lou desenvuelve una vida muy frenética y produce una prolífica obra literaria. En su obra narrativa destacanse dos novelas de ambiente ruso: Ma (1901) e Im Zwischenland (1902); pero se la recuerda sobre todo por sus biografías de Nietzsche y Rilke : Friedrich Nietzsche in seinen Werken (1894) y Rainer Maria Rilke (1928). La biografía de Nietzsche que es hoy todavía considerada la obra que más a penetrado el espíritu del filósofo, mostrando un profundo conocimiento del carácter del amigo como también de una grande profundidad psicológica. Propone en dicha biografía la subdivisión del itinerario especulativo del filósofo en tres fases: fase wagneriana y Shopenhauriana:
Pasaje a la fase positivista y a la amistad con Paul Ree.
Adición del aforismo como forma de escritura.
La tercera fase coincide con el alejamiento de Rée y con el dominio del impulso religioso, que se resuelve con un trágico conflicto: dios como necesario y el deber de negarlo.
Si por momentos pueden parecer discutibles las interpretaciones de Lou de la filosofía nietzschiana, sigue siendo indudable por el contrario su
intención en trazar un perfil psicológico.
Además escribe críticas teatrales. Su intensa actividad intelectual la obliga a desplazarse por las principales ciudades en las cuales hierve el espíritu de final de siglo XVIII: Berlín, París, Mónaco, Viena.
En el año 1897 conoce al joven poeta Rainer Maria Rilke con el cual se une en una relación sentimental de la cual dan testimonios un intenso intercambio epistolar. Realizarán dos viajes a Rusia en los años 1899-1900, los que resultaran sumamente estimulantes para ellos.
En 1911 participa del congreso de la Sociedad Psicoanalítica de Viena.
Después, en 1912 volvió a Viena para iniciarse en el psicoanálisis. Freud dice: ?Mi hija, que era íntima amiga suya, le oyó una vez lamentarse de no haber conocido el psicoanálisis en su juventud. Pero, después de todo, en aquellos días no existía tal cosa? Empieza sus estudios incluida su formación bajo la dirección de Freud, así él se volverá colega como amigo y confidente en los difíciles años de la guerra.
En 1911, cuando contaba 50 años, conoció a Sigmund Freud. Visitó al psiquiatra vienés con la esperanza de que éste pudiera revelarle algo sobre los misterios de su personalidad.
Fue la primera "grouppie", la primera mujer que tuvo acceso a tertulias hasta entonces vedadas al género femenino. Conoció bien la bohemia de París, Berlín y Viena. Tuvo como pretendientes a las más grandes inteligencias de su tiempo. Pero, sobre todo, fue una mujer de sexualidad anómala. No se sintió jamás madre ni amante, probablemente tampoco mujer sino hasta muy avanzada su madurez...

Por entonces Lou ya había adquirido fama mundial. No en vano había sido la primera psicoanalista distinguida y la única mujer que Freud aceptó en él "círculo interno" de la Sociedad Psicoanalítica de Viena. Lo cual no era poco.

Los 25 años siguientes Lou se dedicará completamente al psicoanálisis, como psicoanalista y como investigadora.

Lou Andreas-Salomé adquirió una notable popularidad tras la publicación, en 1951, de la primera edición alemana de su autobiografía: Mirada retrospectiva, que sirvió a Liliana Cavani para hacer su película Más allá del bien y del mal.
La presente edición surge de un segundo manuscrito encontrado posteriormente por Ernst Pfeiffer, amigo personal de Lou Andreas-Salomé, que sin diferir en lo sustancial con el anterior, lo completa y lo hace más preciso.
Además, nos asomamos a una vida sumamente heterodoxa para los patrones convencionales y morales de su tiempo y, en cierto modo, anticipadora del movimiento de liberación de la mujer.
Por último, cabe resaltar la estructura de la obra. Lou Andreas-Salomé no realiza una exposición lineal de sucesos personales, sino que salta continuamente de la anécdota o del hecho al plano de la reflexión más general. Como anuncia el subtítulo, «Compendio de algunos recuerdos de la vida», lo que le interesa no es la descripción secuencial de su existencia, sino la búsqueda de ese sentido más profundo e invisible que realmente constituye el hilo de todo el relato.

La importancia de esta autobiografía es que nos aproxima a una de las épocas más atractivas y de mayor creatividad y esplendor de la cultura centroeuropea.

En 1937 a la edad de 76 años moría en Gottingen, Lou Andreas Salomé, un destino excepcional. Sus paisanos la tenían por una mujer extraña; su marido, el doctor Andreas, practicaba técnicas aprendidas en Oriente y tenía en su esposa a la principal colaboradora. La llamaban "la bruja de Hamberg".

viernes, 12 de agosto de 2011

La chicana -Oro y plata-

ORO Y PLATA

La Murga viene cantando
una milonga cualquiera
avanzan negras y negros
como fieras.

Se escucha cantar al Negro:

Odio a los hombres que sienten
únicamente ambición
que se acicalan y huelen
a dinero y a traición.

Que no aman la artesanía
de ningún trabajo humano
con la estúpida mañía
de querer todo a la mano.

Me dan risa con su prisa
por vender y por comprar
por cambiar tanta camisa
tanto traje, tanto andar.

Me río del ambicioso
oro, plata,puro, suerte;
sólo vicio del vicioso,
ya le cantará la muerte.

Vengan todos a bailar
milongas carnavaleras
El oro no ha de llegar
donde llegan calaveras.

Del cielo bajan las murgas
al centro del carnaval
y de los corazones purgas
para despedir al mal.

Amilcar Luis Blanco

martes, 9 de agosto de 2011

La danza de las doce princesas.-







Siendo niño, después que me dormía,
desde un cuento entraban a mi sueño,
iluminándolo bajo mi ceño,
de a veinticuatro ojos,
como horas había tenido el día
doce rostros de huríes veladas con antojos
de unirse a una lejana melodía.
Entonces se juntaban
sus cuerpos deliciosos
en deslumbrantes gozos
y daban gusto en mi durmiente boca
a evanescente luz que se desliza,
a luz de blanca luna creciente como copa
a punto de volcarse entre la brisa.
Había un lago con doce príncipes en canoas
que llevaban a doce princesas en sus sillas
y envolvían sus cuellos en las fastuosas boas
y ocupaban sus noches, pasos y maravillas
para dejar exhaustos sus pequeños zapatos
en apolíneo baile de valses y boatos.
Atravesaban antes tres bosques de manzanos
y tomaban las frutas en sus ardientes manos.
Al pie de las mañanas quedaban los calzados
no sólo destrozados
porque a la vez,
intrigando las dudas de su paterno juez
cual si fueran doncellas,
incólumes y vírgenes como ellas,
quedaban los minutos azules y gozados
como si fueran retos
surtos a paraísos posibles y secretos
que el padre recelaba.
Entonces su ira se encrespaba
como un rayo cayendo sobre un árbol
la vigilia a sus hijas las callaba
como a estatuas de mármol.

“Los días son para los galanes”
- decían las lenguas chismosas –
Y los noches, ocultas, misteriosas,
para las muchachas principales,
licenciosas.
Para nosotras nada”

“Para ustedes será la bofetada
si no callan” – decía el padre rey.
“Al que descubra ese misterio de los zapatos rotos
yo le daré una hija bien amada
y habrá nutridos cotos
de haciendas y de cazas para él”

Se sucedieron pretendientes
Sin cesar fracasaron.
Hubo uno
que no bebió del vino que obedientes
los demás aceptaron
y siguió, solapado y oportuno,
los pies de las princesas bajo el cielo estrellado
y descubrió el misterio más guardado:
el calzado se ajaba
porque el baile sin tregua lo gastaba.

Hoy día ya no salen las princesas
hacia el bosque encantado
y aquél creciente niño que tras las sobremesas
de las siestas leía ese cuento extractado
de aquél “Tesoro de la juventud”
Mantiene la ilusión de lo soñado
absurdamente y en la senectud.

¿Habrá un baile encantado después de cada vida?
¿Bosques que lo precedan hasta el estigio lago?
¿Una princesa de azahar vestida
únicamente para nuestro halago?
No sabemos,
en cambio, suponemos,
que los cuerpos dejados después de cada muerte,
que han bailado sin duda bien despiertos
y habido de pareja maltratadora suerte
merecen goce eterno bajo cielos abiertos
y bailes con princesas de infinita fortuna
bajo una inextinguible luz de luna

Amílcar Luis Blanco

viernes, 5 de agosto de 2011

Nuestros cuerpos






Sobre fiebres de humo cada tarde
se cae a toneladas la tristeza,
el cielo arde.
Tu cuerpo es una gota de rocío
tumbada de favor sobre la mesa
con forma de guitarra;
una dulce y paciente cimitarra
que rasga sin cesar mi desvario.
Tu cuerpo es un magnánimo navío
cuya proa de pubis se desgarra
clavándose carámbanos de estío
con estremecimientos de cigarra.
Mi cuerpo en cambio es caudaloso río
y en proceloso mar se despilfarra
como un abierto abismo hacia el vacío
Entre los dos el horizonte embarra
el sueño del encuentro, el desafío
de unirnos como cuerpos y con garra.

Amílcar Luis Blanco

miércoles, 3 de agosto de 2011

POEMA Y NOTICIAS DE RAÚL GONZÁLEZ TUÑÓN


Conversaciones con Raúl González Tuñón (fragmento)

Por Horacio Salas

[Raúl González Tuñón (derecha) y Héctor Yánover (izquierda)]



A LIBERTARIA (1935)

A la memoria de Aída Lafuente, muerta en la cuenca minera de Asturias, Madrid.

Estaba toda manchada de sangre,
estaba toda matando a los guardias,
estaba toda manchada de barro,
estaba toda manchada de cielo,
Estaba toda manchada de España.

Ven, catalán jornalero, a su entierro,
ven, campesino andaluz, a su entierro,
ven a su entierro, yuntero extremeño,
ven a su entierro, pescador gallego,
ven, leñador vizcaíno, a su entierro,
ven, labrador castellano a su entierro,
no dejéis solo al minero asturiano.

Ven, porque estaba manchada de España,
ven, porque era la novia de Octubre,
ven, porque era la rosa de Octubre,
ven, porque era la novia de España.

No dejéis sola su tumba del campo
donde se mezclan el carbón y la sangre,
florezca siempre la flor de su sangre
sobre su cuerpo vestido de rojo,
no dejéis sola su tumba del aire.

Cuando desfilan los guardias de asalto,
cuando el obispo revista las tropas,
cuando el verdugo tortura al minero,

Ella, agitando su túnica roja,
quiere salir de la tumba del viento,
quiere salir y llamaros hermanos
y renovaros valor y esperanza
y recordaros la fecha de Octubre
cuando caían las frutas de acero
y estaba toda manchada de España
y estaba toda la novia de Octubre
y estaba toda la rosa de Octubre
y estaba toda la madre de España.


Raúl González Tuñón
Conversaciones con Raúl González Tuñón (fragmento)

Por Horacio Salas

[Raúl González Tuñón (derecha) y Héctor Yánover (izquierda)]

-De todos tus libros, ¿cuál preferís a la distancia?

-Siento una gran piedad y ternura por el primero, El violín del diablo, con sus balbuceos, y una especial predilección por La calle del agujero en la media, pues la ida a Europa, y en especial a París, tuvo algo de deslumbramiento en mi vida (bien se dijo con razón, por otra parte, que se ve que esos versos fueron escritos por un porteño) y asimismo me es entrañable La rosa blindada, porque aquí se produjo una ruptura dramática, y a ese libro siguieron grandes tragedias, muchas muertes y exilios.

-En una época, para ser exactos afines de la década del cincuenta se dijo que vos escribías demasiados prólogos a muchachos jóvenes. ¿Qué podés contestar a eso? ¿Tuvieron razón?

-A mí me estimularon enormemente en su hora Nalé Roxlo, Oliverio Girondo, Güiraldes, Olivari, Rega Molina, mi hermano Enrique y otros que ya no están, y después, León Felipe, Robert Desnos, I1ya Erhenburg, García Lorca, Nancy Cunard, Mike Gold. Cuando escribo un prólogo para un poeta novel creo que pago en parte aquella deuda.

Alguien está esperando

Por José Luis Mangieri

“Raúl fue el primero que blindó la rosa”: Lo dijo Pablo Neruda en Madrid en 1936, a comienzos de la Guerra Civil. Allí estaba Tuñón junto a sus amigos de las Brigadas Internacionales: Aragón, Vallejo, Ludwig Renn, René Crevel, Barbusse, con todos los poetas españoles de la Generación del ‘27: Lorca, Alberti, León Felipe, Miguel Hernández, Manolo Altolaguirre, Antonio Machado. Como dijo de el Ricardo Güiraldes, “Raúl tiene los ojos llenos de Rusia”, y los tuvo hasta el final de sus días, cuando el reformismo vernáculo y de afuera pretendía cercarlo. “Reformismo”, palabra prehistórica hoy. Raúl fue el eterno desobediente, el que no acató. Fue un hombre generoso con su tiempo. ¿Quién de la Generación del ‘60 no pasó por su escritorio en Clarín con los versitos iniciales para pedir su consejo? Juana Bignozzi, Héctor Negro, Julio Huasi, Juan Gelman y tantos otros que nos deslumbrábamos con sus vivencias de la Guerra Civil.
Generoso con sus libros que repartía a manos llenas, poeta pobre hasta el final, él escribió uno de los poemarios más altos en la lírica de habla castellana, La calle del agujero en la media, y uno de los más estremecedores de la épica, La rosa blindada, escrito en 1936 en homenaje al levantamiento de los mineros de Asturias e impreso en los Talleres de la Federación Gráfica Bonaerense. Pero acompañó con entusiasmo a la vanguardia surrealista. Siempre en la primera línea. Modesto al extremo. “César Vallejo es el mejor de todos nosotros”, nos dijo alguna vez. Y también fue el primero en pelearle al olvido. Allí está su poemario Demanda contra el olvido. Cantata para nuestros muertos, de 1963. Nos dejó algunas frases que resumían su ética: “El hombre a la larga gotea por algún lado”. Pero ni su generación ni la mía lo vieron gotear jamás. El Tata Cedrón y Andreoli le pusieron música a sus poemas. Hoy hacen lo propio jóvenes que vienen del rock. Si parece que fueron escritos para él los versos de García Lorca “Viva moneda que nunca/ se volverá a repetir”.
El año que viene se cumplirán cien años de su nacimiento en el Barrio Once, barrio al que le cantara su amigo Carlos de la Púa en su libro La crencha engrasada que se abre con una dedicatoria: “A Raúl González Tuñón y Jorge Luis Borges, mis rivales en el amor a Buenos Aires”. Vayan estos recuerdos desordenados en un modesto homenaje a quien nos dijo: “Los muertos vivirán siempre en la memoria de los vivos”.
El que vivió su tiempo combatiendo sin tregua nos está esperando en sus cien años.

Página/12, 14/08/09
-Hablando casi del mismo tema ¿qué poetas influyeron más en vos?

-En la antología preparada y prologada por Héctor Yánover, nuestro común y admirado amigo, dice: ... "En el 24, 26, 28, se influenciaron mutuamente Borges, Rega, Olivari, Tuñón." Creo que tiene razón, si consideramos las coincidencias. ( ... )

Además pienso que influyeron en partes de mi obra, algo de la cautivante aventura dadá-surrealista, cierto clima a lo Rilke, a lo Milosz y el ímpetu gigante de Manhattan de Walt Whitman.

-¿Qué poetas has releído más veces?

-Bueno, a veces sólo tal o cual poema, a veces libros enteros, como el Gaspar de la Noche de Aloysius Bertrand, últimamente releí poemas de El libro de los paisajes, del Lugones no barroco, no retórico. También releo: "Luna de enfrente" de Borges, "Llanto por Ignacio Sánchez Mejía" de Federico, "La balada de la cárcel de Reading", partes del "Canto a la Argentina" de Darío y del "Canto a mí mismo" de Walt Whitman y algunos más.

-¿Alguna vez tuviste miedo de repetirte?

-¿Miedo? No. Además, pienso que citar varias veces el barco en la botella, las cajitas de música, las veletas, no es repetirse sino seguir moviéndose en medio de los símbolos que siempre he amado.

"En la época de Florida y Boedo, ¿se leían mutuamente?

-Solíamos leernos mutuamente en el sótano del Royal Keller en el Puchero Misterioso, aun antes de la guerrilla Florida-Boedo. Hoy prácticamente no existen aquellos típicos cafés y boliches literarios, pero sí los llamados "talleres de poesía" y "talleres literarios" donde jóvenes noveles también suelen leerse mutuamente y hacen bien.

"Las últimas promociones se caracterizan por cierta tendencia a la autodestrucción. ¿Eso ocurría también en tu época?

-No creo que fuéramos autodestructivos. Y ahora también hay de todo.

-¿Por qué crees que en el ambiente literario existen tantos enconos y odios?

-Siempre decía Federico: "El peor gremio es el de los toreros, no hay más que asomarse a uno de los cafés en que se reúnen; le sigue el de los cómicos y luego el de los escritores, donde basta con oír lo que dicen de los demás". Yo agregaría en nuestro medio, querido Horacio, el de los artistas plásticos y de los periodistas. ¡Y no hablemos de los políticos!

-¿Qué opinás de la crítica?

-"Creo en críticos como Edmundo Guibourg y como lo fue en lo suyo, Julio Payró. Lo ideal sería que el hombre de teatro haga crítica de teatro, el pintor crítica de pintura y el poeta crítica de poesía. Es claro, insisto en que respeto mucho al verdadero crítico, no a aquel del cual Picasso dijo que suele ser un artista fracasado. Y profesionalmente yo me siento cronista, porque éste más que criticar, informa (...)

-¿Alguna vez te enojaste por una crítica adversa?

-No, nunca que yo recuerde.

-¿Tuviste o tenés enemigos?

-Nunca tuve, creo, un verdadero enemigo. Pero si me pedís un ejemplo, te diré que en los últimos tiempos, Jorge Abelardo Ramos me atacó duramente. Vos sabés que él es trotskista y durante la primera presidencia de Perón, con el seudónimo de Víctor Almagro, publicaba en Democracia sinuosos artículos de corte maccarthysta, antes de Mac Carthy. Pero siendo él quien es, me hizo un favor. Y mirá, pienso ahora en aquella frase del agudo Oscar Wilde. "Yo elijo mis enemigos entre las personas inteligentes".


Recuperándose, luego de sufrir un infarto.

-¿Te gusta sentir que has descubierto algún nuevo poeta? ¿Consideras que descubriste alguno?

-Mirá, me encanta, e insisto en que me tocó descubrir a Juan Germán, a Héctor Negro, entonces desconocidos que leían sus versos en un teatro independiente, y luego a Julio César Silvia. Fuera del país, si no descubrí en España a Miguel Hernández, pues antes ya lo habían hecho Neruda y Aleixandre, intervine estimulándolo, en su tránsito de los sonetos muy brillantes, pero dentro de una retórica tradicional, a Viento del pueblo, gran libro, en el que se anunciaba como la nueva voz de la poesía española. Y en Chile puede decirse que descubrí a Nicanor Parra -no el actual, divagador, convencional, un poco reaccionario, con resabios dadá-surrealistas que ya no sorprenden a nadie- sino al lúcido poeta a quien alenté desde las páginas del suplemento dominical de El Siglo, que yo fundara con otro notable chileno: Julio Moncada.

-¿Qué poemas te hubiera gustado escribir?

-Bueno, no sé, creo que me hubiera gustado volver a escribir los poemas que en mi juventud quedaron por ahí, en ciertas pensiones, en ciertos fondines de los puertos. Puedo contestarte indirectamente recordándote el final de un poema de La veleta y la antena, mi último libro: "... pero amo y comprendo a los niños terribles / y al corazón alegre de las veletas que ellos aman /y a los poemas que yo amo y nunca escribiré."

-¿Extrañás al viejo Buenos Aires?

-Extraño del viejo Buenos Aires lo que fue más entrañable. Lo extraño y lo amo, como amo aspectos, rincones, los poquísimos que quedan y como amo muchas cosas del Buenos Aires actual. Esto se revela en poemas de mi último libro inédito El banco en la plaza, escrito entre 1970 y 1972. Sigo descubriendo cantidad de cosas que se harán a la vez entrañables, perdurables. Y existe algo que no ha cambiado: es el porteño, el espíritu del porteño "un poco chacotón y un poco triste", corno escribió Carriego. ( ... )

-¿Qué pensás de la muerte?

-La veo como algo que tiene que ver con la vida, con el otro lado de la vida. Con un pie en la dialéctica y otro en el panteísmo, creo que "nada se pierde y todo se transforma".

-¿Le tenés miedo?


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Cuarteto Cedrón: Eche 20 centavos en la ranura
-No, en principio, pero sí cuando pienso que me va a apartar de los seres queridos, de todo lo que amo en el país y en el mundo, de esta hora de renacimiento de los pueblos africanos y latinoamericanos.

-¿A qué cosa le tenés miedo?

-A que gobierne la Argentina un gobierno militar.

-¿Alguna vez pensaste en ser alguna cosa especial: ser marinero, pescador, o una cosa así?

-Acertaste, Horacio, me hubiera gustado ser marinero, claro.

-Raúl, ¿tenés miedo de llegar a viejo alguna vez?

-Ya llegué, pero no me siento viejo. Digo: Sigo vivo, es decir, sigo luchando y escribiendo. Sigo caminando por mi ciudad y saliendo al interior del país, a dar charlas y a escuchar a los más jóvenes. A mi carnet de viaje agregué primero Uzbekistán, después Cuba. En estos días volveré a nuestra Salta y a nuestro Chaco.

RAÚL GONZÁLEZ TUÑÓN.- Biografía.- Nació en Buenos Aires el 29 de marzo de1905, y murió en la misma ciudad el 14 de agosto de 1974.

Fue uno de los más importantes poetas argentinos del siglo XX. "Amigo de las gentes, de las mujeres amantes y del vino, una suerte de François Villon criollo, cantor de las tabernas, las grandes fiestas y duelos e insurrecciones populares", según lo definió Pedro Orgambide.

En 1922 publica sus primeros poemas en las revistas Caras y Caretas e Inicial. En 1923 participa en la redacción de Proa, la revista que dirige Ricardo Güiraldes, y colabora en el periódico Martín Fierro. Viaja por el interior del país y en 1929 por primera vez a Europa. Dos años después a Brasil, y en 1932 al Chaco paraguayo, en el avión del diario Crítica, como corresponsal de guerra. Vuela a la Patagonia y se instala en Río Gallegos. En 1933 funda la revista Contra. Lo detienen y procesan por ¨incitación a la rebelión¨. En 1934 viaja a España y se radica en Madrid, donde traba amistad con García Lorca, Neruda y Miguel Hernández. En 1935 vuela a Buenos Aires y dos años más tarde está otra vez en España, durante la defensa de Madrid. Vive en Chile. Viaja por Europa, va a la Unión Soviética y a China.

Con El violín del diablo (1926) y Miércoles de ceniza (1928) trae Tuñón a la poesía argentina el desenfado y la picardía de los muchachos de los puertos, de los vagos y mal entretenidos que deambulaban por el viejo Paseo de Julio. Es un reconocimiento apasionado no sólo de la gente sino de los escenarios poco prestigiosos de la ciudad durante los años '20. Es en el puerto, en los suburbios, en el conventillo que encuentra los motivos de sus poemas. Todo es motivo de canto para el poeta que, por encargo de su novia, escribe Poema para la Virgencita del Teatro Cervantes. En este primer período, la poesía de Tuñón une a lo descriptivo la imagen insólita, la pirueta, un pase de prestidigitador. En otros poemas, El séptimo cielo, por ejemplo, utiliza la palabra en función de onomatopeya, de dibujo verbal. Es lo que se advierte también en Poema de la Cenicienta Ciudadana, donde los nombres ingleses de los artistas de cine o de su máquina de escribir, sirven de rima y música interna al poema.

En La Calle del Agujero en la Media (1930) el verso libre, de amplio período, suplanta la cadenciosa, rítmica primera manera del poeta. Ahora, el discurso poético se distiende, se abre para incorporar lo sensorial en infinitos detalles, para registrar pequeñas anécdotas que tienen la brevedad de una instantánea. Este cambio de lenguaje corresponde al cambio de escenario: ya no es Buenos Aires sino París. Como constante, queda su observación de lo cotidiano, su mirar en las vidrieras y en los ojos fraternales: los de un saxofonista, los de un vendedor de globos, los de las chicas del music-hall, los de Blanca Luz que está lejos, los del organista de la iglesia de San Suplicio.

En El otro lado de la Estrella y Todos bailan, poemas de Juancito Caminador, ambos publicados en 1934, Raúl González Tuñón continúa esta segunda manera de su poesía: el verso amplio que llega fundirse con la prosa. De ese tiempo es la serie de Blues y su memorable poema "Lluvia", dedicado a Amparo Mom. Seguro de su oficio, canta ahora no sólo al amor y la vida vagabunda, sino a los hombres dispuestos a una actitud de solidaridad y al combate. Su registro de los años '30: el clima de preguerra europeo, el apogeo del jazz, los gangsters de EE.UU. ("Los Seis Hermanos Rápidos Dedos en el Gatillo") preparan ya el advenimiento de la poesía política de González Tuñón.

"Fue el primero que blindó la rosa", dijo Pablo Neruda. En 1936 aparece La rosa blindada. Puede señalarse este momento como el del tercer período poético de González Tuñón. En él se integran y se complementan sus dos maneras anteriores. Fiel al recuerdo de su abuelo Manuel Tuñón (obrero nacido en Mieres que lleva a su nieto a una manifestación socialista), fiel también a la poesía española, a los romances y coplas populares, González Tuñón enriquece la suya tanto en su tema como en su lenguaje. "La Libertaria", "El Tren Blindado de Mieres", "La Copla al Servicio de la Revolución", "Cuidado, que viene el Tercio", "La muerte Derramada", "El Pequeño Cementerio Fusilado" son algunos poemas de aquel tiempo, en los que, a partir de un tema heroico, la poesía se expresa tanto en verso rimado como en largos períodos de verso libre y prosa. En Las puertas de fuego (1923) y La Muerte en Madrid (1939) el mismo tema y procedimiento se reiteran con acierto.

No ocurrió lo mismo en parte de su producción posterior, donde a veces lo contingente, lo aleatorio, el compromiso de circunstancia, restó fuerza a su poesía. No obstante, se advierte en sus últimos poemas un feliz regreso a sus orígenes, al poeta vagabundo, a su admirable Juancito Caminador, aquel que dijo: "Traigo la palabra y el sueño, la realidad y el juego de lo inconsciente, lo cual quiere decir que yo trabajo con toda la realidad."

Además de su labor poética, Raúl González Tuñón escribió varias obras de teatro: El descosido, La cueva caliente y, en colaboración con el poeta Nicolás Olivari, Dan tres vueltas y se van.

Acercarme a la luz de tu mirada


Acercarme a la luz de tu mirada,
al pimpollo creciente de tu boca,
cuando mi amor se queda sin espada
para apartar la sombra que te toca.

Existir trás tus párpados sin nada,
como el frío en la nieve, la dureza en la roca.
Ser tu sonrisa en cada madrugada.
Quien te seduce siempre y te provoca.

No dejarte jamás en la estacada
cuando sienta que tu alma se disloca
y tu glamour en duelos se degrada.

Nutrir ese fulgor que te coloca
giocondísima y dulce y adorada
en la cumbre cantábrica de Europa.

Amílcar Luis Blanco

martes, 2 de agosto de 2011

SACRA MUJER


Tus ojos de topacio iridiscente
ordenan la tiniebla,
invitándome al centro incandescente
de tu cuerpo de niebla.
Adelanto mis brazos y mis manos
para que ceda y centre
la sombra y se convierta
en tus hombros, tus senos y tu vientre;
en carne y sangre cierta.

Sacerdote de un cáliz sin comensales
alzando hacia las luces
de los caleidoscópicos vitrales
un vino ensombrecido entre las cruces
no me basta la ostia de tu imagen
necesito comerte y aún beberte
mesiánica y humana.
Si tu divinidad bien me ilusiona
el sagrario es tu cuerpo;
carne y sangre que absuelve y que perdona.

Amílcar Luis Blanco