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jueves, 31 de enero de 2013

Estamos huecos, hechos de distancias ...
























Estamos huecos, hechos de distancias;
nos tornamos visibles o espectrales
y aún, hasta invisibles o carnales,
nos diluimos desde nuestras ansias.

Somos gotas de lluvias y fragancias,
figuras desleídas tras vitrales,
efímeros deseos abisales
fulgores y destellos y flagrancias.

Ese no ser, la nada; singulares
cometas en las noches; circunstancias,
ocurrencias veloces y casuales.

Y nuestras aparentes concordancias
se baten contra espacios siderales
despojadas de triunfos o ganancias.

Amílcar Luis Blanco

lunes, 28 de enero de 2013

LOS CACIQUES DEL FRIO




























Llegaron a tientas los caciques del frío,
en sus dromedarios, pasito a pasito,
sigilosamente.
Llegaron  sin cuentas, reyes sin navío
y son milenarios, pues vienen del rito,
arenosamente.

Las sombras se desvistieron al paso zigzageado.
Hubo oblicuo marcharse del viento y de la arena,
sucios de oasis, pero desvelados,
torbellinos, dunas, cinturas de tolvas,
testas menudas, lento escarabajo,
las espaldas torvas,
los sonidos bajos.
En el haren cubiertas, solas, bellas,
estaban las doncellas.

Llegaron, se fueron,
pero antes eligieron,
los cuerpos, los cabellos y los ojos
en los que satisfarían sus antojos.

Juntaron las uñas
de a cuatro pezuñas
y los dromedarios
hallaron nuevas cadenas de presagios,
arduos en carnes vivas de calvarios.

El dromedario pisa sus pisadas,
hunde suave sus pasos en la matriz del vidrio
y transporta los pesos y el martirio.

En suave levedad avanzan, penden,
indiferentes a la brasa enfrían,
hienden
penas
hurtadas
en cervales y absurdas alegrías
bajo turbantes y sudor y escarnios,
miran los impasibles dromedarios.

El sol del desierto propaga
su llaga,
suelta en la llanura
su caballo bravo
de infernal bravura.

Los ojos de águila de los caciques
entre las jorobas,
sin ponerse diques,
calculan y cortan distancias,
para sus alcobas
hacen tiendas, turbantes,  chilabas,
y cuentan sus hijos en vientres de esclavas.

Amílcar Luis Blanco


sábado, 26 de enero de 2013

AÚN


























Ser claros, transparentes y frontales
y en el centro preciso de la vida
dolernos del dolor de cada herida
aún fluyendo hacia espacios abisales.

Compadeciéndonos de nuestros males,
hallándoles remedios y salida.
Aún siendo este transcurso sin medida,
agua en cascada y entre pedernales.

Aún siendo este no ser en despedida,
un vano abierto entre los soportales
hacia una vasta, inacabable huida.

Burlemos tanta nada en sus cabales
que  a resignarnos sólo nos convida,
aún absurdos, ligeros y mortales.


Amílcar Luis Blanco  ("El grito" por Edward Munch)



domingo, 20 de enero de 2013

MOMENTOS









Recuerdos que desbordan la memoria.
Burbujas, pompas, amapolas.
Sentimientos desnudos y corolas.
Digitales incisos de la gloria.

Menudas cerrazones en la noria
distraida del tiempo, ancas, colas,
estrellas, escozores, rangos, bolas,
esfervescencias huecas de la euforia.

Volatineros sones de una historia
consumiéndose; vientos sobre estolas
en finitud abierta de magnolia.

Y sones y diluvios vueltos olas
de un océano raudo que desfolia
sus páginas inéditas a solas.

Amílcar Luis Blanco ("Rayos desde el paraiso" por Karolynca)

martes, 15 de enero de 2013

MELANCOLIA
















Todo lo que en ti estaba y de mi procedía
se ha retirado ya sin dejar huella;
latido diamantino de la estrella
hundido en la negrura más sombría.

Ojos que se han cegado en la porfía
de conquistar tu efímera centella
y ceñirse a lo raudo de la bella
ilusión constelada en tu armonía.

Un reflejo de lánguida poesía
vuelto invisible en el olvido sella
la sombra rota de un fulgor que enfría

toda esperanza de tu ser y mella
ese parto de amor; melancolía
de tu adiós en la sombra que atropella.


Amílcar Luis Blanco (Pintura "Historia de la Melancolía" de Berger Munch)


lunes, 7 de enero de 2013

De Acteón y la virginidad





Por ver a Diana en su baño
Acteón aparta las ramas
y enciende en su pecho llamas
y futuro desengaño.

El deseo arderá en daño
de virginales escamas,
romperá núbiles famas
desflorará cada paño

La vigilia de las camas
de los tálamos, de antaño,
y de las futuras damas

tendrá blancura de hogaño
en resplandecientes gamas
de candor, agua y estaño.

Amílcar Luis Blanco ("Acteón y Diana" por Bernardino Cesari)

jueves, 3 de enero de 2013

LA SIRENA






¿Quién proyectaba luz en mis silencios?
Esa presencia impúdica, salvadora, de puerto,
al que llegan gaviotas y tras las marejadas
desde su vuelo siguen universos.

¿Quién, ascenso de  lánguidas pestañas,
alzaba el horizonte y detenía el viento?
Diosa o vestal, cautivo de su aliento,
echaba mi sopor sobre cuerdas y lienzos.

Marinero en el borde de océanicas pupilas
volvía de las olas y las noches,
el oído batido y turbulento,
y arrojaba en sus piernas mis desdichas.

Amante aurea, sirena brotada de la angustia del agua,
del retorcimiento bermejo de las ondas en los ocasos,
infundiéndome la turbulencia pesada
y enseguida la ligereza de los vacíos en las corrientes.

Y sobre todo luz en los silencios ensordecedores
en los que todo es víspera de encuentros
y mi ser la vigilia tensa, erecto entre sus muslos trabajosos,
tendido bajo el arco de sus turgentes pechos.

Y todavía ardía su inocencia, la ingenuidad altiva de su magia,
en un cofre de ancas y de grupa sumidas en escamas
porque ella imaginaba ser mi amante sirena
y en el secreto de su cuerpo entraba como en una caverna.

Amílcar Luis Blanco (Pintura de Dante Giancolla)

miércoles, 2 de enero de 2013

Aguas que no se tocan


Aguas que no se tocan y se miran
iguales a ojos líquidos a fuentes,
huellas de sueños y pisadas de lluvia,
aguas que no se mezclan y regresan
vueltas sobre sí mismas, eso fuimos.

Extremos de dolores que se rozan los dedos
fluyendo humanamente en la noche del mundo.
Hoy contemplo la ausencia
y ese adiós desagotándose desde nosotros
por los cuatro horizontes de la angustia;
esa mudez perfecta del silencio.

Corolas sibilantes de deseos
tiemblan en mis orillas tus orillas.
El aire las desgaja y las retorna
y dibuja las sombras sobre suelos sin nadie.
El tiempo se despoja, se desviste
y se acuesta callado en nuestras ansias.


Amílcar Luis Blanco  ("Reflejos" por Benito Quinquela Martín)