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lunes, 30 de junio de 2014

Al borde del abismo


Esa señora duda, me parece,
duda su esplín, se aburre, está en el limbo,
en ese limbo donde todo pasa
mezclado a lo inefable,a lo infinito,
al borde de un abismo que cerca sus maneras
y rodea sus volúmenes con volutas de ilusión.

Esa señora en el portal del día
iluminada por la luz sonríe, está larvando
su propia irrealidad, su mariposa,
la que visitará párpados y pétalos de herrumbres
sin sospechar los tiempos del cansancio
aguardándola al cabo de trampas y silencios.

Esa señora muerde su nudillo de sombra
y en su ahora le pasa inadvertido
por qué en esa colección de soledades
que su espectro  desliza en corredores,
paralelos a ella e invisibles,
la pintura  de su alma está desnuda.

Y sus ojos se caen enceguecidos
de tanto ver sin ver el tiempo y el abismo
en la farsa o la fiesta cotidiana,
hundidos en la alegre taciturnia
de las poses ínfimas, analgésicas,
las opíparas suertes del confort aparente.

Amilcar Luis Blanco (Pintura de Luana Sacchetti)




domingo, 29 de junio de 2014

LAS NINFAS



Las deliciosas ninfas en  estado
de lúbrico apetito
secuestraron a Hilas bien amado
por Heracles. Su hermosura
le dio un cariz  cismático a la alegre aventura;
las ardientes sirenas lo gozaron,  vibrantes,
y aunque el dejara un grito,
eternidad le dieron  sus celosas amantes.

Eufóricas las náyades, soltando sus solturas,
se repartieron entre si al contrito
joven que al disfrutarlas no vio, ahíto,
junto a sus donosuras,
lo izquierdo paquidérmico moviéndose
en densas  espesuras,
y en aquél cautiverio quedó aherrojado un mito:
el de la eternidad satisfaciéndose.

Porque fueron los celos infundiendo amarguras
en los deseos puros de la eterna libido.
La enérgica pasión de Afrodita, el subido
calor carnal y rojo de sus ninfas oscuras
lo que ocultó por siempre al desaparecido.

Hacia la luz la seminal ofrenda
que el genital de Hilas en ellas puso entonces
determinó a su cuerpo esculpido o en bronces
perderse para siempre de la heráclica senda.

Amilcar Luis Blanco   "Hilas y las ninfas" - Fragmento por John William Whaterhouse)

viernes, 27 de junio de 2014

TU ROSTRO






Hay retazos de tiempo en mis bolsillos,
detalles en mis manos que no cierran,
igual que en las canciones estribillos
o augurios de desgracias cuando aterran.

Quiero andar el camino que proponen tus ojos,
y promete tu boca y tus párpados sufren
y no puedo y en cambio me distraigo en antojos
y huelo mil basuras y tus labios me aturden

No encuentro los atajos, las maneras.
Descubro que la esfinge es un espejo.
No hay en tus comisuras tan siquiera
el asiento, el descanso, ni la espera.
Tu fisonomía es una máscara que te encubre y me alejo.

Y cuando compartimos
nuestro común prospecto de citas y abandonos
cada vez más minuciosamente nuestros rostros
se transforman en mapas desleídos;
en lo fugaz, ausente, transitorio.

Es que el ser en los rostros se abandona y trasciende,
deja huellas fugaces para usos momentáneos;
alegrías, tristezas, ansiedades, engaños,
de una energía ignota que se apaga o enciende.

Sin embargo tus ojos hieren como cuchillos
y tus labios me llaman como acostadas dunas;
las lágrimas en ellos mojan cantos de grillos
y derraman delirios de aljófares y lunas.

Amilcar Luis Blanco  (Pintura de Thomás Saliot)

martes, 24 de junio de 2014

EL UMBRAL








Ocaso en un cristal de tiempo biselado,
que lleva de la infancia a la llanura
horizontal, al disco rojo y la ventura
de aquélla casa eterna en mi pasado.

Ladrillos atajaban la intemperie y el hado
y bajo la dovela  cordial de su estructura
nuestra cancel de cedro en su maciza altura
al umbral y sus arcos cerraba lado a lado.

Pero el umbral abría un paladar osado
para beberse el rojo del sol en llama pura
y para que lo contemplase deslumbrado

despidiendo la luz hacia la hora oscura
contra un arco morisco en el costado.
Y esa luz todavía me persigue y apura.

Amilcar Luis Blanco  (Pintura de Domingos Sequeira)

sábado, 21 de junio de 2014

LA VIDA



Tú  me has guardado entre ternura y trapos,
con vigilia y amor, entre colores
y has revuelto mi cuerpo en otros cuerpos,
envuelto mi orfandad en tus sabores.

Me dejas ser un corazón sin sombras,
un corazón luciente y repartido,
donde los ojos gritan y los labios sonríen
y los músculos giran en su potencia quieta.

Tú que has mezclado el agua con la tierra,
la tierra con el cielo y el alma y la agonía,
engastas la pasión en diademas, rubíes,
en topacios y ágatas y lágrimas de huríes.

Y por eso te canto alzándote entre vírgenes,
las que Klimt adentrara en el huevo naciente,
en el embrión que mezcla la fuerza con lo inerte
porque la vida tiene márgenes, accidentes.

Amilcar Luis Blanco (Pintura "Vírgenes" de Gustave Klimt)


ORFANDAD





No quiero la orfandad de las orquídeas
calándose en la selva castigadas
por una lluvia sedicente y tibia
de lágrimas cerradas.
Para que no marchiten su belleza
y la flor de su albura desdeñada
torne en naturaleza
lo que no vale nada.

Una montaña fría,  de tristeza,
ensombrece mis pies  y  mi  cabeza
cuando contemplo vacua la orfandad
en tanto sucio alrededor.
El día muda lo que fue piedad
en mezquindad desnuda, en soledad,
la esperanza en pavor.

¿Quien podrá a la hierática desgracia
desplomar de su oscura aristocracia
yendo a la verdadera libertad,
la blanca del amor?
Duele y oxida tanto la orfandad
en esta descompuesta humanidad,
que hasta la orquídea sufre de dolor.

¡A no mezclar alcohol con  esperanza!
¡A no abrigar la flor sin la templanza !
Porque de la  abandonada juventud
en vez de néctar manará resentimiento
que será acíbar lento.
Y un mañana marchito en la quietud,
enervará el color y la actitud;
y torcerá la flor en sufrimiento.

Y en la coyunda buey su pensamiento
tira y lidia sin fiesta ni aspaviento
mientras su espalda es pétalo que suda
mimada únicamente por el viento.
La sociedad la expulsa y la desnuda
en la intemperie cruda,
y la deja sin alma y sin aliento.

Orfandad.
Vacuidad.
Aún la blanca bella pero vana
obscenidad
si sólo está en nirvana
la orquídea en plenilunio soberana.

Amilcar Luis Blanco  (Pintura "Madre e hijo" obra de Gustave Klimt)

viernes, 20 de junio de 2014

La lejanía




La lejanía es tiempo de no verte,
ni tocarte tampoco o escucharte;
tiempo de ausencia tuya disolvente;
un deshacerte
alicaído  y lacio.
No es sólo espacio,
dilatado, infinito, transparente,
en el que a duras penas bebo y sacio
mi escanciado presente.
Es presente pesado y detenido
el tiempo de no verte,
enceguecido,
por suerte
o arte,
de no tocarte un pelo o escucharte,
apenas consentido.

Tiempo de los trabajos y las fiebres,
de obstáculos y objetos
que al querer ser alegres
en sus retos,
se vuelven antipáticos y tristes
al reclamar mis manos,
y volvérseme ristres
de lances cotidianos,
al pedirme miradas,
manos y ojos a otros destinadas
pero no a vos, ya no, porque te fuiste.

La lejanía es tiempo de extrañarte los gestos,
lo entrañable; tus álgidos aspectos;
el vientre y el declive de los pechos,
tus besos hechos perlas, y los frescos helechos
del nidal de tu pubis y su arboroso acceso.
Tiempo de haberte ido, tiempo de no regreso,
tiempo de preguntar si me recuerdas en tus juntas
con la señora Soledad que no contesta.
La lejanía es la orfandad de las preguntas
de una mañida encuesta,
que no encuentra sosiego ni respuesta.
Lejanía procaz y prometida en ojos, labios, ademanes, sinos,
degustada por nuestros lentos paladares en compartida fiesta,
cuerpos que convertimos en caminos.
.

La lejanía es mar sin resultado,
mar extenso y salado,
pero también la casa en la penumbra,
preñada de un olvido dilatado,
un olvido sin par que apesadumbra,
un olvido pesado.
Lejanía doliente
que levanta
su enardecido puente
como un brazo imposible o una planta
que sin cesar en su arbolar creciente
como un continuo fibrilar se siente
cardíaco, cordial, destituyente.-

Amilcar Luis Blanco  (Pintura "Casa al atardecer" por Edward Hooper)

lunes, 16 de junio de 2014

POESÍA

           





                                      Atravieso el misterio,
                       la frontera que se abre después de las palabras
                                      pero que necesita de palabras.
                      Quiero nombrar el mar, decir el cielo,
                                     escalar las montañas sin cansarme
                       y pensar sin pensar,
                                     imaginando.
                      Acaso describir cada caída y también cada ascenso
                                    sin ponerles mi cuerpo
                       poniéndoles tan sólo sensaciones de vértigo.
                                  Y muchas veces siento que atravieso los siglos
                       y voy en pos de Garcilaso.

                                   Allí donde su alma se libra de la roca estrecha
                       y  navega sin sol el lago estigio
                                  y nos hace escuchar ese sonido
                       que detuvo las aguas del olvido.
                                 ¿Cómo pudo ocurrir?
                       ¿Dónde fue el donde en que su voluntad
                                 honesta y pura
                        de celebrarle a ella su hermosura
                                dejó de ser razón y transformada en magia
                        se convirtió en poesía?
                                ¿Y en qué momento en sí Cesar Vallejo
                        metió sus manos en la edad de su prima
                                como en par de mal revocados sepulcros?

                       Alguien dijo una vez quiero escribir poemas
                              pero no tengo ideas
                       las poesías, amigo, se escriben con palabras.
                             Está bien, está bien, pero la magia,
                       el encuentro, el enchastre, del sigiloso silogismo
                             abandona en un punto la urente telaraña
                       y confunde la sombra con la niebla
                            y así sentimos que nos hemos librado de la idea,
                      del concepto, del conspicuo caer de las palabras,
                           para elevarnos más allá de ellas,
                       y convertir los seres y las cosas
                            en océanicos fondos y umbrales estelares.
         
                            Jardín de cielo de celosa fiebre,
                      humanamente huraño distrayéndose siempre,
                           descansando en la piedra o en el río,
                      lugar en que la cosa sucede a la palabra,
                           se transforma en su abismo
                      o etérea se evapora, se sale de sí misma.
                           Hay sitios laterales en cada espera, en cada río,
                      lugares de otros tiempos en los tiempos
                           de cada hombre cada mujer que vive
                      y hay seres muertos alentando en los vivos
                            en la baldía tierra de Elliot.
                      El poema se nutre transido de lo eterno.

                            Mis poemas se regodean en la antigua alegría
                      porque la muerte, se sabe, siempre nos burlará.
                            Entonces yo procuro desatender el miedo
                      y también la tristeza porque no tienen caso
                             y porque no me gusta que me tomen el pelo.
                      Entonces yo procuro escalar el poema,
                            volar en el poema, discernir el acaso.
                      Irme de tanto llanto, de tanta risa estéril.
                            Y de la estupidez también adentro del poema,
                      como dentro de un tren, un barco, un jet, mi bicicleta;
                             aquella que de niño pedaleaba en silencio.


Amilcar Luis Blanco



sábado, 14 de junio de 2014

ODA AL CUCHILLO






"Un carnívoro cuchillo
de ala dulce y homicida
sostiene un vuelo y un brillo
alrededor de mi vida"

Miguel Hernández

El alma cae en llanto de sigilosa esquina
y los hombres en fiera y mortal inquietud
se vierten en  leopardos de mirada asesina
y se cruzan y asestan la punzante actitud.

Acero en filo dispendioso y grave
volando hacia la herida;
parpadeo sutil y nada suave;
relampagueo de última partida.

Ruindad de plomos y pesadas manos,
empuñando los pomos de las hojas,
para quebrar las carnes como guanos,
para mojarlas en sus savias rojas.

Cayó luctuosa luz en los metales,
más negra todavía en el cuchillo,
en presagios de obscenos carnavales
donde la muerte hincara su colmillo.

Fulge hoy la renovada maravilla
del sol tañendo el suelo cultivado
y punza y corta la fugaz semilla
el disco del arado.

Y ese es el filo nunca desairado,
prometedor de aceite y alba harina,
del grano en lo nutriente lastimado
el que dará su tajo sin espina.

Cantemos a la gloria del latido en la rosa,
del canto cuando rasga en lo corriente
la savia igual al vino y a la fuente
dotándonos de vida palpitante y gozosa.

Amílcar Luis Blanco


DISCURSOS






El día tiene franca compasión de palabras
y mueve en los discursos junto a las melodías,
hondas insinuaciones, lentos abracadabras,
y significaciones y corrientes y vías.

Vocablos se atraviesan en las palabrerías,
silencios y sofocos y ahogos como cabras
bajan abruptas faldas y claman sus porfías
y se estiban a viajes en populosas zabras.

Hay sermones que encubren actitudes macabras,
hipnotizan conciencias ardientes y bravías
y mueven muchedumbres sólo por ser palabras

u ofenden o desnudan inocencias tardías.
Hay fonemas cerrados para que nunca abras
sus cofres de Pandora, sus cautivas manías.

Amilcar Luis Blanco ("Retórica" Pintura de Pieter Isaaczs)

jueves, 12 de junio de 2014

Amor y odio II




acrilicos


Amor y odio por igual se alientan
de la misma raíz, del mismo empeño;
llegar al otro, a su ámbito de sueño
para su bien o mal y se sustentan.

Y en ese apoyo doloroso encuentran
el corazón del otro, el largo ceño
de ese mirarse ambiguo, ni halagueño,
ni del todo mordaz; allí se centran.

Y en el sufrir, en el celeste daño,
ciñen cuerpos y llamas y se aventan
se anudan en el crudo sucedáneo

de un deslucido cielo donde cuentan
las penas su mañido desengaño
y el odio y el amor las alimentan.

Amilcar Luis Blanco (Pintura de John Pitre)

Amor y odio






Amor y odio por igual se arredran,
se arrojan a un combate sucesivo,
se hieren y lastiman en lo esquivo;
en la imposibilidad por la que medran.

Forjan la cicatriz y se despiedran
en un derrumbamiento sin estribo
de un solo corazón latiente y vivo
para un caer en el que lo desmedran.

Amar, odiar, en viñas donde edran
humanamente sangres al castigo
de sentir y querer; ramas de hiedra

sonsacadas de un ámbito festivo
que nos convertirá a la postre en piedra
dándonos al adiós definitivo.

Amilcar Luis Blanco  (Pintura de Oswaldo Guayasamín)

DESPERTAR






Volver del cielo, el agua, lo salvaje,
al aire suelto, al respirar, a  lo fluente,
surgiendo del hacer y la garganta,
mirar hacia el portal del horizonte
incorporar la luz al cuerpo, su deriva,
como si fuera viento que soplara el destino.

Andar junto a la orilla, minar la lentitud,
exacerbarla en su fósforo diurno mientras se sorbe
del pezón maternal la dulce leche ácida
y en esa desnudez esclarecida se reposa,
se espesa la materia de la vida,
mañida mariposa que se externa y se cuida.

El amanecer es un párpado que se levanta
sobre la pupila del mundo ya sin el lagrimeo del haber dormido;
un desperezarse esperanzadamente
entre las sierpes y festejos del olvido
mientras los ojos de la madre velan la vigilia
para que los óxidos de lo sucesivo se apaguen.

Quebrar la cáscara del sueño
para nacer al día reciente
y echarse lentamente el flujo de las horas
debajo del agua de la ducha
doméstico y humano y satisfecho.
Desde el paso embrionario sin cesar se amanece.

Amilcar Luis Blanco  (Pintura de Paul Gauguin)


martes, 10 de junio de 2014

Luz y sombra.




Con cuánto amor, con cuánto sueño suelto
que ha quedado aherrojado entre las sábanas,
se levanta hacia el día mi mirada.

Y es como si quedara en las arrugas
sedientas por más luz, entre los pliegues,
algo de la negrura de la noche.

Un óxido de ocaso trascendente,
un amarillo así desnivelado
de su potencia de ámbar me amanece.

El despertar me saca del cuartel de la sombra
de la intestina luz de su cautela
me pone de revés, me hace sombrío.

Pero también, digamos, yo camino
bajo cuartos crecientes de la luna
travestido de sólida tiniebla

Como ese cuadro de Magritte
en que se ciernen las porciones de luna
y horizonte en azul iluminado.

Amilcar Luis Blanco  (Le Chef D'Oeuvre ou Les Mysteres de L'Horizon, 1928, René Magritte =)

sábado, 7 de junio de 2014

Me he sentido en escombros



Adán y Eva, de Gustav Klimt


Me he sentido en escombros, hecho ruinas,
después de haber ardido en tu deseo;
un edificio sucio de solios sin aseo
socavado por sombras, soledades, esquinas.

Me he sentido cayendo en huecos y hornacinas,
en cornisas, dinteles, siendo el basto trofeo
de ardides sin retornos y en esforzado arreo
me dan sesgos de musgo las lentas casuarinas.

Estoy envejeciendo y en mis ojos cortinas
de velos enceguecen banderolas y veo
cómo en la antigua casa las perennes encinas

conservan la verdura y el donoso apareo
con el polen airado. Se secan mis retinas
y aún Venus me tensiona y asesta su mareo.

Amilcar Luis Blanco ("Adan y Eva" pintura de Gustave Klimt)

A ALEJANDRA PIZARNIK






"La rebelión consiste en mirar la rosa
hasta pulverizarse los ojos"
Alejandra Pizarnik


Hay espacios de llanto
y todavía duelen,
alargan las memorias,
las trémulas memorias,
sólo espanto, desdichas.

Hay ojos traspasándose
y nieblas vaporosas y campanas
sonándose en las narices del invierno,
lánguidos estornudos del deseo,
rojos, sin aspavientos.

Hay miedo, mucho miedo,
despoblándole  infancia,
metiéndole martirio en los nudillos
y los agudos codos de la angustia
enfriándole parques y respuestas.

Hay ojos verde grises
soportándose a duras penas en espejos
y un absurdo tañéndole las tripas,
gusto por las palabras sólo a veces.

Amilcar Luis Blanco.

Alejandra Pizarnik: Memoria Iluminada (completo)

viernes, 6 de junio de 2014

Lo que vas a decir








Lo que vas a decir;
gotas de absurdo
en la molienda de los pájaros.

Trillones triturados de palabras
entre gritos y ruidos.

El verbo casi siempre oxida la esperanza,
pone gracias y glorias
en el destierro sin alas de las almas.

Lo que vas a decir no es lo que callas
sino más bien el éxodo contrario de la ira,
lo que resta en la calma, lo inefable.

El abismo mas cruel es el silencio
cuando se necesita la palabra
y se sufre y se calla
y en el aire se mueven los sonidos
llevándose los sentimientos y deseos
como tropillas sin arrieros
huyendo hacia el sin fin de las distancias.

Amilcar Luis Blanco ("Thre sphinxes of bikini", pintura de Salvador Dalí)

lunes, 2 de junio de 2014

NAVEGACIÓN





Ya sólo quiero ver en la silueta de tu candor la espuma
en tus ojos la niebla de habernos conocido
y que tus labios busquen los míos como orillas juntándose
y tus manos ardillas fervientes entrelacen las mías
antes de irnos del todo por esa pendiente siempre abierta.
La de tu desnudez vibrante de aguas y silencios.

El declive procaz está en la noche en tu falda alejándose
en las sombras enhiestas con sospechas y ojos
en los murmullos laterales sumándose a mares en fuga
y en las distancias de siempre que se dibujan sin dejarse ver.
Ya sólo quiero llegar a las orillas de tus labios
en esta navegación a la deriva del mundo sin brújula o sextante
en donde la extensión de tu carne es el puerto y la isla y la dársena.

En el puente entre brumas alguien escribe la bitácora
sostiene el timón y hace sonar las horas en el alrededor de nuestros cuerpos
y mantiene encendida la vigilia en sus ojos y atisba los corcovos del oleaje
Mientras tanto te observo reclinada en tu calma expectante
y en tus pupilas amarillas arde el sigilo de una tigresa.
Yo sólo quiero ver en la silueta de tu candor la espuma
y quiero navegar a tu lado en hondos torbellinos sin detenernos nunca.

Amílcar Luis Blanco  ("Huida del mundanal ruido"Pintura del Tintoretto)

domingo, 1 de junio de 2014

INVISIBILIDADES










"¿De dónde viene esa conspiración de invisibilidades?"

Alejandra Pizarnik

¿O por qué unen sus aguas la amargura y el miedo
y el sol de la esperanza se nubla y me abandona
la gente más querida aunque deje sus manos y sus cuerpos
para que los estreche y aunque también me abrace
se exilia sin remedio de mi y yo de ellos?

¿Por qué la soledad y la ausencia campean
cuando estamos convertidos en un miedo mortal en una cama?
Y desfilan parientes y saludan y hablan y nos miran sin vernos.
Si queremos tocarnos, amarnos, comprendernos,
si queremos palabras abrigadoras, íntimas, amantes.

Lo invisible, lo incierto, que no presenta cuerpo o estructura,
en fin, la nada misma, discurre, nos envuelve, nos arrea
y no sólo me oculta su faz, su nacimiento,
a la vez me transporta en su intensa corriente,
me hace sentir y ver que yo no existo,
que soy sólo ilusión en enfermizo y raudo movimiento.

Amilcar Luis Blanco  (Pintura de Rene Magritte)