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sábado, 30 de agosto de 2014

EN EL BOSQUE








Hay que poner silencio en la mirada,
actitud de respeto ante la fronda;
el horizonte es objetivo abierto
y agranda la mañana.

Hay que tener el alma bien despierta,
y el corazón y el sueño sin espadas
para quedarse quieto y admirando
la belleza brutal y despejada.

En el hondo ciprés, en su madera,
la altura y el meneo dan maciza
constitución al tiempo se adelantan
a otro tiempo que viene con la brisa.

Es el tiempo del aire y el azul,
el remanso que a tramos nos regalan los ríos;
 respiración de sauces y alamedas, 
 aromas verdes, mentas, eucaliptos.

Y me arroja sentado tanta paz a los ojos,
en sabia distracción enajenada,
que se van demoliendo las dudas, los antojos,
y el miedo se evapora sin ninguna coartada.

Amilcar Luis Blanco (Pintura de Nancy Depew)

HOY ME HA DOLIDO EL DIA

El caminante sobre el mar de nubes de Casper David FriedrichHoy me ha dolido el día casi tanto

como a un preso solitario tras las rejas
puede dolerle un día.
Ese hombre que sospecha su luto en el ocaso
porque el reflejo de la luz se apaga
dentro de su cubículo de sombra.
Quizás me ocurra porque sienta los seres que hay cayéndose,
sufriendo, derramándose, vaciándose de ubicuas alegrías
como un agua que se volcara sin remedio
desde un lago partido por un sismo
que se sabe dejará tan sólo una cicatriz en la piedra.

Hoy el día se ha propagado como un corte.
Ha rasgado el decoro, el doméstico gozo,
se ha vestido de adiós como un niño inocente,
puro en su trajecito de domingo.
Hoy el día  ha pesado como un trasto amarillo,
cargado a mis espaldas.
Se ha detenido el viento debajo de las puertas
y ha reptado el silencio como si fuera su hijo
por parques y canteros.
Hoy el día me sabe
a una ilusión de niebla vaporosa, blanca en su luz,
absurda en sus modales casi humanos.
Si dan ganas de abrirlo y derribarlo
contra bloques de azules despejados.


Amilcar Luis Blanco ("El caminante sobre el mar de nubes" de Casper David Friedrich)




jueves, 28 de agosto de 2014

MIRANDO



Todo se borra todo se diluye en el extenso frío de la extensa mirada,
sentados a la mesa de un café donde fuere, metidos sometidos en silenciosa rada.
Metidos sometidos a la luz y al hormigueo del alma pululante, algo funambulesca,
al alma hecha de sombra sedicente, callada, quizás la más grotesca.
Allí estamos, allí estamos, apenas visibles en el aire traspasado de mañana.

Quizás los más grotescos,  más enamorados,  más resueltos,  de alma pura,
esa que sueña y quiere vivir eternamente, aferrarse al momento contagiada de altura,
contagiada de altura y quieto movimiento en el que dos se encuentran y fugaces
sueñan hacerse eternos, perdurar, y sin parar, sin detenerse piden café en un bar.

Entonces permanecen sentados y callados y mirando la calle, el cielo, la explanada,
observando las sombras y las luces y las gentes que pasan en una paz callada,
en una paz que lo contiene todo, sus pasados, sus sueños, sus fracasos y aciertos,
en una paz en pausa latiente y numerosa, la de sentirse vivos, gozosos y despiertos.-

Amilcar Luis Blanco (Cuadro de Ernest Descals)

miércoles, 27 de agosto de 2014

LOS DIARIOS





Los diarios que traen malas, que traen tristes noticias,
de crímenes, desgracias, incendios, violaciones,
deberían imprimirse sobre páginas negras
y con letras bien blancas antes de mudarse a sus destinos.

Ellos desencuadernan entre manos multitudinarias
las almas de todos nosotros, las deshojan y también las desojan.
Nos dejan las catástrofes inscritas y también las mentiras
disfrazadas de verdades pendientes de palabras y silencios.

Pero aun los que piensan y son independientes
desgranan en sus páginas de óbitos y avisos y horóscopos
rituales de cenizas y ese negror gotea hilvanando los días
y las agendas de un falso pasatiempo.

Nos distraen sin embargo de la muerte tenaz y millonésima
que llega a cada puerto de nuestra piel y nuestro miedo
mientras en la mansedumbre de la mesa familiar
componemos las palabras cruzadas.

Después se irán a sus destinos de envoltorios
de forros absorbentes de tachos de basura
o de primeras víctimas del fuego antes de los asados
y llevarán mezclándolas entre sus tintas partes de nuestras almas.

Amilcar Luis Blanco

lunes, 25 de agosto de 2014

EL ORADOR




El ardiente orador, como una llama pura,
flamígera en la noche, propone sus razones
y una turba lo escucha.

Si estuviera perdido en la espesa muchedumbre
estaría escuchando vocablos sin poder articularlos
y componer las frases en sentidos.

Estaría temblando en la intemperie
y los filos azules del aire me hablarían
más claro y más profundamente que el orador.

Ello porque en el ciego desamparo,
en el frío de averno que sale de las calles,
y de los sitios públicos vacíos, se aprende más.

El orador se cierra en sus razones,
es un fuego alveolado, un pimpollo en las manos del viento.
Mi corazón en cambio es sangre torturada abierta al huracán.

La intemperie sin duda es sempiterno escándalo y no cesa.
El orador lo sabe y se disfraza de gallo glamoroso
y en mitad de la noche y de la turba da su nota de desesesperado amanecer.

Amílcar Luis Blanco ("El orador", pintura de Ana Eckell)

ESTA MUJER DE MÁRMOL



Esta mujer de mármol de magnífica pieza,
se lleva en sí la gloria y el sentido,
la carne blanca, ebúrnea, lo esculpido,
y una intención lasciva que no cesa.

Y es por verla crecer en su belleza
que he quedado suspenso y detenido,
mirándole sus miembros y ese velo ceñido
cubriéndole la mano en su leve corteza.

Parece que una media se quitara sin ruido
y en sus perfectas piernas y muslos la llaneza
amoldado se hubiese y también desuncido.

Caderas, vientre, senos en robusta destreza
que el escultor moldeara ardiente y atrevido
parecen todavía bruñir su espuma ilesa.

Amílcar Luis Blanco  (Escultura de Robero Manzano)





viernes, 22 de agosto de 2014

UNA LLUVIA MUJER





Hay en el aire un ajedrez de brisas
jugando sobre añejas sequedades,
un damero de sombra y claridades
y un deseo templado de caricias.

Caerá la dama de la ilusión sin prisas;
una mujer de agua a cubrir las edades
de melenas y hombros y brazos torrenciales
que friegue con sus puños de gotas las cenizas.

Va a suceder la lluvia nuevamente
y hay una eternidad de alivio en ella;
un amor restallante y transparente

sobre mamposterías y argamasas de estrella.
Todo se diluirá en un azul que achicará su lente
y agrandará en el aire su cuerpo de doncella.

Amilcar Luis Blanco  ("La mujer lluvia" Oleo sobre cartón por Marthazul)

sábado, 16 de agosto de 2014

NOSTALGIA




Si  me adoraste y me creíste y dos lunas morenas estaban en tus ojos,
y  junto al puente  en Luján me besaste en la palidez de una tarde cualquiera,
mientras entrecerrábamos los ojos y veía el semicírculo blanco de tu sonrisa
destellando en el negro de mis ojos cerrados y sentía que las luces en la basílica y la plaza se fundían
y me decía sin decirlo que aquéllo era demasiado, como para no irme nunca
¿Dónde estás ahora, en qué silencio absorto tu distancia se aleja siempre más, se despide ?

Antes de la ternura de tu cuerpo, siempre en algún lugar, en una piedra,
en un par de zapatos deslustrados, en una foto vieja dentro de un libro,
en un tramo de fiesta o un amigo  extendiéndome el rostro mientras me da la mano,
lloras en mi memoria, aún cuando la angustia se distraiga y me mire
tan compasivamente que parece que fuéramos a vernos nuevamente.

Lejos, en la alameda, en los pinares, cuando el viento se apoya y hace señas,
con sus manos sacudiéndose en las nubes, y observo el campo
desde el automóvil, el tren o el micro-bus, en pleno viaje,
siempre, me llega esa impresión de recoger  nostalgia y reciclarla
y de pensar que tú me estás pensando, viendo tras tu ventana mar y cielo.

Una ilusión de llanto sin respuesta, de alegría sin eco,
arroja hacia delante mi ser, su onda de vigilia, pero no la retorna
meridiana, como el sonar al buque o el radar a la aeronave,
no dibuja tu rostro o tu figura dándome una seguridad
para esperarte después de cada acción o cada gesto.

Sólo un adiós lejano, desprendido del nunca más, levanta su témpano de hielo,
su iceberg detenido en las aguas vacías que habrán de sorprenderme.
Navego en tanto, soy sólo transcurso y oigo un rumor de mar quebrándose en astillas
contra mi corazón hecho de amianto y terciopelo rojo y ya de utilería y sin empleo.

Amilcar Luis Blanco (Pintura de Salvador Dalí)

jueves, 14 de agosto de 2014

PIAZZOLLA








Cuando caiga la luz y el cielo en el pesebre
tiemble de eternidad en percusiones,
un bandoneón rescatará  canciones
y arderá en noche y canto su emblemática fiebre.

Habrá temeridad escurridiza hiriendo la tiniebla.
Sacudiéndose, el miedo, en la hilarante risa,
pondrá un aroma enhiesto de mar y de ceniza
y se oirán los violines, bisagras de la niebla.

Y eso será por siempre, si yo escucho a Piazzolla
y el mundo descuaderna su afonía de viola
y se parten las horas una a una. Se inmolan,

iguales a las notas, a las claves. Se asolan,
dan de sí las penurias y desbarrancan olas
y boyan sentimientos contra las barcarolas.


Amilcar Luis Blanco









martes, 12 de agosto de 2014

ANGUSTIA





¡Qué rotura de cuerpos trae la angustia!
¡Qué tortura de cielos!
Cuando ya nada queda, cuando todo,
se está cuajando en platos de silencio.

¡Qué manidos sentidos sin sentido,
albas crepusculares, largas mesas
tendidas hacia un claro de penumbra
y cubiertos cubiertos por un dolor sin grito.

Y las piernas se van y se van los altares
y los juegos de cirios reunidos y dispersos,
las manos se hacen mancas y los ojos de vidrio
y golpea la tierra un pulso de tambores.

Amilcar Luis Blanco  (Pintura de Rene Magritte)


lunes, 11 de agosto de 2014

domingo, 10 de agosto de 2014

Leon Gieco - Hoy Bailaré

A lo largo, a lo ancho, con la ilusión intacta.






A lo largo, a lo ancho, de angulares tristezas,
trastos, miedos, angustias, deseos, piel y pelos,
y ansias, esperanzas, alegrías, consuelos,
con la ilusión intacta pergeñamos proezas

En los cafés con leche y croissant, en simplezas,
en los diarios abiertos a dudas y recelos,
al agua de los días entramos con anhelos
de  almuerzos bien servidos, vinos y milanesas.

Nuestro morir, en tanto, nos zumba en las cabezas
y les zumbó a las mismas que hoy yacen bajo el suelo
No obstante proseguimos en mañas y destrezas

Repetimos augurios, levantamos el vuelo;
livianos comensales en innúmeras mesas,
urgidos, paniaguados, sin ceder, siempre en celo.

Amílcar Luis Blanco  ("El banquete nupcial" fragmento de una pintura de Brueghel)


jueves, 7 de agosto de 2014

EN EL TREN





Hay días, amigo, que voy,
¿cómo decirle? cifrado,
apretado en el tren.
Muy apretado ¡eh!
Y si me siento quedo alcoholizado por el sopor
y cabeceo y pierdo contenidos
como el cáliz de una flor llena de lluvia.

Pasan entre nosotros y los otros
las mismas estaciones.
Estoy viajando afuera
y adentro de mí mismo.
Lo se bien porque sueño y despierto
y se me cae un poco de lluvia con reflejos.

Escuchemé, amigo,
soy un número
junto a otros números
¿Quizá esta cifra que soy contiene todo?
Este estarme apretado, atado,
singular y multitudinario a la vez.
Onírico y vigilante.

El convoy se bambolea
y metido en la muchedumbre
apenas respiro entre todos los que también apenas
pueden llevarse el aire a los pulmones.
Pero si el ojo a las bocas.

Viajamos o caemos.
Hay humos, niebla, voces.
Los vagones traquetean,
en trocha trabajosa traquetean,
mientras nuestros esqueletos nos sostienen la vida
y nuestros cálices vibran a pleno
perdiendo de la lluvia escasas gotas,
pequeñas, como transpiraciones o lágrimas.


¡Que vida! Amigo ¡Que vida!
Vida de hormiga dentro del hormiguero.
De abeja obrera o zángano en el panal.
De número entre otros números.
De costillas, estómagos y ojos sobre rieles.


¿Pero cuándo de hombre?
Con todo lo que eso significa.
O sea, de significación de hombre.
Por fin este lío de hombros y barrigas
nos suelta en el andén del miedo o la desgracia.
En el latifundio de la ilusión.

Y tal vez el irnos sea sólo una creencia
y el universo realmente sea este tren
en el que estamos siempre sacudiéndonos
mojados por la lluvia de nuestros propios sueños.

Amilcar Luis Blanco   (Fragmento de una pintura de Alberto Sughi)

martes, 5 de agosto de 2014

INSOMNIO





En la penuria yo me desentiendo,
sí, me desentiendo, no quiero saber nada.

¿Y en la alegría? ¡Ah no!
De la alegría, en cambio, quiero todo.

Y en los momentos líquidos, de luna,
cuando cuento los miedos en mi almohada,
siento que la vergüenza me despoja
casi como si me tirara de los párpados.

Es verdad todo ésto detrás de la ventana,
dentro de la ventana, me digo,
al escuchar motores y sirenas y silbidos de trenes
y graznidos de pájaros nocturnos.

El tiempo me toma de los hombros y barre con mi cuerpo los escombros del día.-
Pero tampoco así consigue dominarme. Soy un trapo despierto.

Ando sobre una espiga conteniendo mi ojo que quiere desbordarme;
tiene clara y yema de vigilia su huevo de orfandad
y mi oído ha sido mondado por su acicate de ansiedad.

Amilcar Luis Blanco  (Pintura de Alicia Besada)

PREMIO "BLOGGER AWARD"



He recibido este premio con todo orgullo que me ha conferido mi exquisita amiga y poeta Mayte Dalianegra. Me siento agradecido, halagado, por este reconocimiento y espero no deshonrar a quienes me han honrado tratando de escribir de la mejor manera que pueda hacerlo ¡GRACIAS!

Haikú de la ilusión.





Más allá del tamaño del silencio
existen grandes posibilidades.
La primera, saliéndose de la férrea ilusión,
sería correr a todo galope convertido en caballo.

La segunda, no regresar jamás.

Amílcar Luis Blanco  ("Caballo de fuego" de autor desconocido)

sábado, 2 de agosto de 2014

SÓLO EL AMOR


Imagen


Sólo el amor me  curará ya  herido,
romperá mis angustias, endulzará mis  ansias;
manos de hada pondrán largas distancias
entre balas y lanzas y  mi  cuerpo partido.

Sólo el amor me hará de nuevo el nido,
lavará mi memoria de fúnebres flagrancias,
restañará tejidos, traerá las resonancias
a favor de una paz de sueño y de sentido

Sólo el amor me volverá en fragancias,
al jardín donde crecen y explotan sin sonido
jazmines y claveles y rosas; circunstancias

para estar en la luz y en el viento embebido
de vida glamorosa y en gozosas instancias.
Sólo al amor me habré comprometido.

Amilcar Luis Blanco