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jueves, 26 de febrero de 2015

FANATISMO Y FE




" de diez cabezas, una piensa, nueve embisten"
Antonio Machado

No toda fe es fanática y oscura;
no lo es la que dio vida en el impulso
al austero primate en cuyo pulso
cifró la evolución su singladura.

Tuvo otro signo aun la que perdura
después del holocausto y de lo insulso
y el letal vaciamiento y la locura
de un mundo problemático y convulso.

¿Hay certezas acaso, cuáles? ¿La del miura
que morirá seguro en la espesura
de su sangre igual a  cada  humano

que sólo en su fe vive y saca de lo arcano
la gema de su amor como una mansa albura,
el módico milagro que proyecta su mano?

Amílcar Luis Blanco (Acrílico sobre tela de Ernesto Bertani)

miércoles, 25 de febrero de 2015

AHORA (Soneto para Germán)
















Ahora, en este instante, junto a la luz partida,
de la lámpara absorta, vestido de paisaje,
miro tras la ventana, embarcado en un viaje
de quieta certidumbre acerca de la vida.

Y en este quieto andar, en esta quieta huida,
aunque bogue en tormentas, me sostiene un anclaje
de gravedad intensa, de templado coraje,
para dar cara al miedo y curar cada herida.

Y por eso hijo mío mi amor hoy te convida
y espera de tus ojos y tu voz sin ultraje
la luz y la palabra que tengas decidida

para amar tu también la madre y el paraje.
Porque a tu hijo lo amas y amarás sin medida.
Porque el amor derrota al odio más salvaje.

Amilcar Luis Blanco (Pintura de José Bermúdez) 

martes, 24 de febrero de 2015

LOS MUERTOS TODAVÍA VISIBLES




He visto en otro mundo,
sentido en otro mundo
que se aleja
los muertos todavía visibles.

Ahora no los siento llegar de igual manera
solamente
se asoman y aun ingresan en mis sueños.
Yo los trago y los quiero como un sabor a yerba.

Ya no tienen sus cuerpos pero han dejado el alma;
esa inquietud ajena que recoge la especie
después de cada cruz, de cada adiós
en su milímetro de ausencia y hasta en menos.

Éranse una vez en otro mundo en otra historia,
pero en igual dolor, en la misma mentira
propagándose a ciegas, encendiéndose
como una hoguera mal apagada.

Amílcar Luis Blanco


domingo, 22 de febrero de 2015

MÚSICAS DE LAS CALLES













Músicas de las calles donde anida el silencio
y el sacudirse de hombros, brazos, pies, las tormentas.
Por sus bocas pluviales y en las manos del viento
se atusan y se atizan raudas crines de sombras.
La soledad resbala como flujos de espejos
y después reinará en la madrugada;
emperatriz de todos los adioses
que son sus pretendientes ancestrales.

¿Quién cantaba en la noche, quién cantaba?
¿Quién cargaba en los hombros ese ritmo deshecho,
ese zumbido largo, esa magnolia de aire,
la fugaz transparencia que se preña de ocasos
en tanto los motores reparten sus catarros?

Había una obsolescencia repartiéndose, ahora
una zona de nadie se propaga y la cantan, 
ademas de nereidas, transeuntes resueltos,
 buhoneros,  sabandijas de  oscuridades rotas,
e hilvanan zarabandas, unen trinos y llantos
pero también mil charlas 
de la hora violeta aludida por Elliot.

Entre los cables paralelos y las copas de los árboles,
los rudos pentagramas que el viento balancea,
las notas, blancas, negras, corcheas, 
fusas y semifusas
suenan, trazan compases, 
vertiéndose en oídos y páginas de almas.


En la funesta zona de lo negro, 
la blanca tumescencia de  lunas de neones
pone mercurio en bordes y en horros agujeros,
achispa las malicias y alimenta las ganas. 
Hay ternuras abiertas en solapas de abrigos
y zapatos de pobres como esperanzas rotas 
colgadas de los cables.
Música de las calles, música de las almas,
surtidores de sueños en todas las esquinas.

Amilcar Luis Blanco ("Paisaje urbano", pintura al oleo de Jeremy Mann)

jueves, 19 de febrero de 2015

ENIGMAS

















Los enigmas sin duda magnetizan,
ponen al borde de otros las excusas,
labran acantilados de insólitas ternuras
y cuelan la paciencia gota a gota.

Tensionan hasta en ínfimas parcelas,
liberan decisiones boca a boca
y nos mezclan las luces y las sombras
como el rayo de sol sobre la esfinge.

Sus sopores espabilan mis mañanas.
Entonan, desentonan, afinan y desafinan
como instrumentos abandonados
de los que los vientos arrancasen

músicas desmañadas en compases danzantes.
En sus misterios se ciñen las preguntas
antes de ahogarse en aguas infinitas
y quedar en latidos, en círculos, en señas.

Amílcar Luis Blanco

Tutmosis IV fue un faraón del antiguo Egipto el cual si bien tuvo un periodo de gobierno muy corto, ya sólo lo hizo por diez años, desde el 1401 hasta el 1391 A.C., tuvo varias acciones de gobierno muy importantes, las cuales tuvieron mucho que ver en lo que en la actualidad es la historia y la cultura de Egipto.
Es sabido que Tutmosis IV llegó al trono cuando su padre, Amenhotep II le cedió dicho poder, aunque el mismo no era el primogénito. Tutmosis IV tenía dos hermanos mayores, los cuales fallecieron antes que el. Lo que lo relaciona tanto con la esfinge es que la historia cuenta que Tutmosis IV un día se acostó a descansar en las arenas del desierto, momento en el cuál tuvo un sueño revelador en el que se le apareció la esfinge, y la misma le dijo que si la desenterraba y reconstruía, el iba a tomar el trono y a llevar la corona blanca con gran éxito.
Inmediatamente, Tutmosis IV se puso en campaña para comenzar con las labores para desenterrar la esfinge, tarea que fue realizada a la brevedad, y luego ordenó la restauración de la misma, que si bien tardó un poco más de tiempo, se realizó exitosamente, y aunque parezca un cuento de hadas, al poco tiempo Tutmosis tomó el poder y se convirtió en faraón del antiguo Egipto.










lunes, 16 de febrero de 2015

Ciudad de lluvias.




















Quién quiere en tanta ausencia sosegarse,
detenerse y pudrirse como el agua estancada
en las sentinas de las cunetas de una ciudad
que refleja sus miedos en el agua.

Hay tanto tiempo de los muertos desmadrándose,
cayendo de troneras y dinteles y jarcias.
Lluvias que se refugian en el misterio de las gárgolas.
Lágrimas del acaso, lágrimas donde antes hubo llantos.

Borbotones, cataratas de llantos que secaron los cuerpos
y sellaron los labios, apretujándose, contrayéndose,
como un pájaro herido traspasado por cuchillos de hielo,
 carámbanos de duelo, desilusiones cónicas en salmos

Y la ciudad parece deshacerse de la lluvia que la abrillanta,
parece abrirse en brazos y estirarse bufando por sus horros,
expendedores de humos como fosas nasales de dragones.
Un animal de niebla lentamente revuelca su lascivia contra frontispicios y dinteles

El vertical diluvio sobre luces y asfaltos despliega su inmanencia de quebrantos
y liquida su cielo que se  esparce en milimétricas gotas sobre acantos y cactus,
que en balcones olvidan las manos glamorosas de acendradas mujeres,
en pesadas descargas de transparencias lavando y deslavando remembranzas y olvidos.

Amilcar Luis Blanco  ("Lluvia sobre Nueva York", pintura de Pete Rumney)

sábado, 14 de febrero de 2015

FRIDA



Frida, mi corazón hubiera querido
estar contigo,
ponerse a tu merced
después del accidente brutal contra tu cuerpo.

Hay magnolias y días y calas retorciéndose.
Tlazotéotl reveló tus encantos tras el armazón del aluminio.
Meztli se asomó sobre su líquida luz de plata,
se asomó sobre el puente de tus cejas lobunas.

Y Diego milenario, oso de mieles entre avispas crueles,
atizó con su antorcha tu lenta desventura.
Porque vino a poblarte y despoblarte
y te hizo valva abierta y viva

Y después hubo otros y sueños y silencios.
Sobre todo dolor, anestesias de sórdidas vigilias,
edecanes durmiéndose en tus sombras.
Ayauhteol cerniéndose en tus claridades
extendiendo la bruma para guarecerte.

Hubo toda tu vida hasta tu muerte
y desde la pasión que incendiaba tu sangre
hasta la calavera, la osamenta,
el trasiego tardío de una muerte que todavía arde.

Amilcar Luis Blanco (Fotografía de Frida Kahlo)


jueves, 12 de febrero de 2015

COPAS DE BUEN VINO
















Hay las copas de vino  vinculándose;
sangres.
Hay las copas de sangre emocionándose;
vino.
Pasa por las gargantas su sed;
es un torrente;
un deseo tenaz de luz y transparencia
y humedad y blandura consecuentes.

El alma contra el alma.
El sueño sobre el sueño
para un plus de vigilia sobre toda vigilia.
Y ese río teñido del color del deseo;
trozos de sol guardados
y latidos
desbordando cristales.

¡Ay del rubí del vino cuando llora o transpira!
Y cae desde tristezas su ser amoratado
o se hinca de codos sobre barbas de estaño
y el paladar se estraga de taninos y espacios.

¡Ay del rubí del vino que llamea
y en una suave fragua envuelve la marea
del día,
la marea del quehacer cotidiano y las maneas
sueltas de nuestros corazones en proceso
de sentirse bombeando acompañados
en sílabas de un tiempo ferviente y sosegado.

Amílcar Luis Blanco

miércoles, 11 de febrero de 2015

Orquesta Tipica Carlos Di Sarli - Milonguero Viejo

Pedro Laurenz - Milonga De Mis Amores

TRASIEGO








Ese que pasa sin que nada quede
aunque mucho se diga
seré

también el último vivo que me recuerde
vino que se transmite
y comunica las gargantas como copas de sangre

y andaré como ahora todavía
funámbulo entre sombras
tropezando con creces por todos los rincones

hecho viento hecho agua hecho silencio
en toda la intemperie
trasiego de haber sido a no ser
ya transparente

en alguna ciudad de las que anduve
en calles y en esquinas y en recovas
en sus cielos y soles y sus calmas

Amilcar Luis Blanco  ("Carrer Sant Bernat" pintura de Sigfrido Forner Paris)

martes, 10 de febrero de 2015

CANCIÓN POR LOS DESAPARECIDOS




¿Estabas vos, acaso estabas,
cuando se los llevaban?
Sin firmamento, solos en los carteles,
solos de todo padre, toda madre, sin conciencias.
Solemne soledad de pobladas ausencias,
de fotos de carnés en muros de cuarteles.

Surgidos del fangal de la memoria,
de lugares oscuros porque ellos encendían
la mecha sedicente de la historia;
llegaban ya sin aire y en sofocos a estallidos sin gloria
que alma y carne y su tiempo destruían.

Los metían
en verdes fálcones que eran langostas en  las mieses
sin órdenes de jueces.
Como si fuera un juego
ponían sus ideas junto al miedo y la rabia,
junto al agua y el fuego,
 mientras los picaneaban, con irónica labia
y se burlaban de ellos lacerando sus egos.

Los sacaban a gritos, a patadas,
del calor y el amor de sus hogares,
de sus  vidas novatas ajetreadas
y los llevaban sucios y aterrados
a infecciosos manglares,
a sitios soterrados,
a mazmorras profundas
clandestinas,
inmundas,
y hacia sádicas manos asesinas y a fundas.

Les vendaban los ojos,
les quitaban las ropas,
en las chicas saciaban sus perversos antojos,
y si estaban encinta como si fueran copas
colmadas de futuros en sus latientes venas,
las hacían parir para arrancarles
los hijos, verdes frutos, hacia manos ajenas,
y delirantemente para darles
más allá de sus vientres ofendidos
otras identidades y apellidos.

¿Estuvo alguien, quiénes,
para impedirles tanto daño fiero
poniendo el cuerpo entero?
Tan sólo madres, padres, abuelas,
ofreciendo sus vidas y sus bienes;
el invisible acero
de poleas y bielas,
las de sus corazones sin sostenes.

Amilcar Luis Blanco

sábado, 7 de febrero de 2015

FALIBILIDAD






















" . . . aun las bestias astutas se percatan
de que es torpe, inseguro, nuestro paso
que yerra por un mundo interpretado . . . "

Rainer María Rilke (Traducción de José Domenchina)


Ese que nunca acierta
ese soy
el que vaga confundido
y adelanta sus manos
como dos ojos ciegos

En realidad mis miedos
uno a uno
mi cuerpo en varios cuerpos
multiplicado

También la soledad se extiende
impera
y no nos deja solos ni a cañones
nos puebla de silencios y de cláxones

Y uno anda en el cielo como puede
en el ángulo obtuso como puede
conquistando los duros equilibrios
las poses transparentes

Amilcar Luis Blanco ("El equilibrista" ilustración  de Roberto Weigand)

viernes, 6 de febrero de 2015

ESCORZO

















Metido hacia lo largo de mi escorzo,
sucio de sombra y niebla,
también de desencanto.
Pero aquí, en este sueño,
con la luz de mi frente,
sosteniendo el contorno
me encuentro como siempre; 
hecho cuerpo y memoria.

Disipando mi muerte que se puebla
de mi vida posible o inmanente.
Después que mi conciencia se apodera
de mi inconsciencia y del frugal silencio.

La apariencia sutil de este alongamiento,
de este fingirme linea de horizonte,
en realidad oculta en su laxa manera
este dolor de mundo en el que soy sin tregua,
ni recato por cierto, ni recato.

Amílcar Luis Blanco (Dibujo de Juan Herrera)




miércoles, 4 de febrero de 2015

Antes de las palabras







Ahora las palabras y antes las palabras.
"En el principio era el verbo"
según el evangelio de San Juan.

¿En qué principio, en el ignoto, en el cerrado,
en el inhumano o propiamente en éste,
aunque pasado, el que aún vivo y sueño?

Porque hubo un antes sin palabras precisas,
dichas o pronunciadas, hubo un antes;
después de la materia y del presagio.

El de sólo silencio y murmullos en ciernes
surgiendo en ayes o chirridos o golpes,

martillos y quejidos, barrenos y sirenas.


Y todos resbalamos por ese tobogán
conteniendo el aliento, lanzados en el grito
y a nuestro lado había otro hombro infinito.

De manera que el verbo quedaba entre comillas
y sus valvas abiertas ya después del abismo
para que nazcan críos engastados en el primer silencio.

Los artefactos fónicos, las articulaciones
del asombro, el peligro, el temor y la duda
se metieron con ruidos adentro del mutismo

Y los mudos primates se miraron
y señalaron sombras, aguas, árboles, nubes
y las metieron dentro de sus lentos gruñidos.

Cuando San Juan llegó ya estaba todo hecho
pero el principio fue, señalándonos todo,
una pugna entre ruidos y silencios.

Amilcar Luis Blanco

TACONEANDO










Tanto impío arrabal
tanta tristeza
se desliza reptando por la calle sabuesa
que un taconear despierta
¡Vengan, vengan a ver ahora lo que empieza!
Empieza mucho a veces la pobreza
y la pobreza casi nunca acaba.
Un taconear muy duro la sostiene
y la vuelve su esclava.

Menesterosa suena, a suela,
la algarabía
que quiere taconear y levantarse
de la penumbra que la desafía.
Voces acuden desde las orillas
rotas conversaciones,ayes, gritos.
Las veredas se pueblan de balcones,
los balcones de sillas
y las sillas de aplausos y exclamativos ritos.
Hay gentío ardoroso, incontenibles gritos.
Un taconear se enciende
¡Vengan a verlo!
pero también a taconear y hacerlo
que de todos trasciende
un vapor de sudor y un bochinche de pitos
y no se entiende.

Humo de soledades,
sucias, recalentadas,
de todas las edades,
por fuegos de ilusiones
no saciadas
y un talón y una suela levantadas
y después taconeadas y golpeadas
¡Mucho para la fina madrugada!

El hombre, la mujer, también los hijos,
medran en los suburbios sus pobrezas
y golpean y rompen guitarras y entresijos
en todas las inútiles destrezas
de un taconear avieso
que les tiene tomadas las cabezas
en un bailongo sedicente
en carne y hueso
¡Vengan a ver la gente!
Todo aquél que golpea
taconea
sobre aquéllo que siente.

Amílcar Luis Blanco

Carlos Gardel - Taconeando

Joan Manuel Serrat - Taconeando