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domingo, 31 de enero de 2016

MUJER LAUD



Ese paso  salido de vos misma
entrándote en sonidos de laud
descalza los sentidos.
Mete mi corazón en la marisma
y me tiembla en el cuerpo y la salud,
descalabra sin orden mis latidos.

¿Adónde irás mujer?
Esa arcilla moldeada de tus piernas
por la divinidad de un alfarero
que quiso contener
melodías enfáticas y alternas
en un espacio azul de vertedero.

¿Adónde irás mujer que no te sigan
mis corazones yendo a tus tristezas,
yendo a esos negros ojos que hoy hostigan
con sus opacas sombras mis pobrezas?

Amilcar Luis Blanco ("La concertista", oleo sobre tela de Norah Borges)

sábado, 30 de enero de 2016

NUESTRAS MUERTES



POR AGENCIA EFE


"Y la hora de la muerte es cada momento"
T.S. Eliot - Traducción de José Emilio Pacheco

Aún entre la maquinaria y la fatiga.
Mientras en el puerto los estibadores cargan y descargan.
En las hilanderías madres y novias tejen y destejen.
Nuestras muertes nos pegan como el viento a la espiga.
En convoyes de trenes y micros atestados se alargan
Largas angustias, larvas de miedos, y nos mecen.

Somos y porque somos nos preguntamos,
mirándonos los rostros furtivamente y los deseos
por esa hora última, el eslabón, la manea,
de la que sin cesar en los viajes colgamos,
olvidados los cuerpos hacia destinos sin arreos
en la ciudad atestada, ilusoria, oliente a hierro y brea.

En el andar a tientas, hablando al celular, observando pantallas,
comprándonos distancias entre voces, augures y vituallas,
compuestos de emociones rapsódicas, siempre circunstanciados,
siempre corriendo a mares, siempre equívocamente ilusionados.
Pero, eso sí, portando nuestras muertes en mochilas de ausencias,
portando los vacíos, claros, vanaglorias e inocencias.

Observemos el muelle y el mar que largamente
hacia el confín ofrece su hontanar de distancias.
Vivamos ese muelle que somos a pulmón, limpiamente,
exhalando la angustia, las sombras, aspirando fragancias.
Uniendo la quietud al vuelo raudo, al viaje,
sintiendo el peso grave del ancla que llevamos y será nuestro anclaje.

Al fin y al cabo la doña nos sostiene hecha vigilia y madre.
Nos da también destino hecha novia y esposa.
Es mujer ¿Será mujer por siempre, sostendrá su regazo
hasta el último aliento con ternura este encuadre
de vida traicionada, ardiente y sigilosa,
siendo así  la postrera de  
aquellas, las que pisan nuestro paso?

Amilcar Luis Blanco ("El abrazo de amor del universo", oleo sobre tela de Frida Kahlo)

lunes, 25 de enero de 2016

FIEBRE

mujeres-pintadas-al-oleo
Fiebre cuando me llamas.
Fiebre cuando me escribes.
Fuego soy si te veo
en tus fotografías
y brasas que se encienden si te apagas,
sueños como menudas lampalaguas
que buscan escondrijos naturales.

Todo de vos me quemo.
Tus labios son dos llamas acostadas.
Tus pechos arreboles
y tus glúteos y muslos infinitos
cantan bajo las tardes en violines
y danzan en tu vientre trifulcas de penumbras,
enloquecen la brisa y la detienen.

Amor, amor, recorres en mis venas
arduas temperaturas,
soles líquidos,
por los que voy cayendo gota a gota,
por los que me derramo en tibia fiebre,
en sales para siempre insatisfechas.
Sólo me das rubor cuando tus ojos,
de imaginarme que me ven, me miran.

Este cuerpo se azota y te delira.
Se para contra el viento de tu imagen.
Se va de vos como un imán que vuelve.
Un bumerang de dura acometida,
del que soy prisionero y que se enciende
hecho vertiginoso meteorito,
evaporado al fin en la ceniza, 
huella de lo imposible.



Amilcar Luis Blanco ("Retrato de mujer", oleo de Ennio Montariello)


viernes, 15 de enero de 2016

EQUILIBRIOS





El del beso.
El de tus piernas siguiéndome.
El de tu grupa en medio del aire de la plaza
ocupando la luz,
justa en el revoleo.

El de los cuatro labios cuando giran
y los cuerpos detrás 
hacia distintos rumbos.
El de los párpados cerrados,
los cuatro párpados cerrados.

Sin duda el de las frondas cuando bailan.
Las copas cuando mecen sus melenas al viento.
Y el del color azul de las mañanas
sin nubes en el cielo.

Las dunas que se forman en las aguas
bajo las manos ásperas del viento.
Y las sombras enhiestas junto a las claridades.
Y ese de nuestras manos
unidas y aferradas bajo el mantel del día.

Hoy quiero que se agrupen las palabras
en el umbral del aterido beso
y que los cuatro labios cuando escurran
detrás de si los cuerpos
se abran y abran auras milagrosas,
menudos y sutiles equilibrios,
para que el mundo quepa y se derrame
y alcance su cenit y su infinito
en el profundo sitio del milagro.

Amílcar Luis Blanco ( "Equilibrio", oleo sobre lienzo de Hermel Quezada )

martes, 12 de enero de 2016

EXTRANJEROS, DESTERRADOS, EXPULSADOS, DESPEDIDOS . . .




"mi nombre como el tuyo es una travesía,       

un deambular por puertas cerradas para siempre" 

Jorge Boccanera. De su poema "Lluvia" 




Vamos dejando signos en el agua,
vamos dejando signos en el aire.
Quiero decir, como dijera otro,
en galerías, cines, en los parques.
Quiero decir improntas en los cuerpos
que nos devuelven nadas que sumadas
nos expulsan y alejan largamente.

Desocupamos sombras sólo sombras,
sombras como denuedos y palabras,
sinsabores que dejan nuestras carnes enjutas,
nuestras muelas cariadas, 
nuestras malas constumbres
cubriéndonos apenas de las penas

Somos los extranjeros eternos,
desterrados, da igual.
Los que venimos sucios desde el hambre
o desde privaciones y fracasos frugales
de la lucha de un día
que se transforma en uno y otro día,
en muchos otros días
y no puede cambiar el mismo día, 
ni un ápice.

Esa es mi patria tuya y  caminante,
la nuestra, la nosotros, la política.
La de la lucha sin cuartel y en calma,
la de atestada noria eslabonada
de la que el pecho, el hombro
y la paciencia tiran
como los naipes de una desventura,
arduos castillos de arduas ilusiones.
La del fiero encerrón que nos dan los verdugos,
los que mandan y tienen los billetes y el oro
y el látigo, el señuelo y el engaño y la trampa.

Nosotros somos ella. Trashumante, 
arrastrando su glorias y banderas.
Somos la prostituta mal hablada.
La puta militante.
La que viene de días de hace siglos
y en lo esencial prosigue igual, intacta,
con sus vicios incólumes contra un poder incólume
asimismo 
a sí mismo.

Quiero decir, por Dios, los expulsados,
excluidos de siempre.
Los que viven y ríen cayéndose al abismo.
Primero despedidos del trabajo
y de sus dentaduras y sus ganas 
y después despedidos de sus almas
y después despedidos, expulsados
de lo cordial sin freno.
Del placer y el humor y la alegría
hasta el hueso en tinieblas, 
ya sin ecos.

Amílcar Luis Blanco  ("Procesión del Santo Oficio", oleo sobre tela de Francisco de Goya)

lunes, 4 de enero de 2016

LOS OJOS DE LA FUENTE




Vestidos de silencio,
en el decoro blanco de la tarde,
hurtan los caminantes
las penas o las risas de sus rostros, 
a escondidas.

Sonrien y transpiran.
Se pasan el pañuelo por sus sueños
Se pasan el pañuelo por sus almas.
Secan sus alegrías o tristezas
y se sientan al borde de la fuente.

El borde del cemento derruido,
partido por el tiempo,
de la vieja fontana 
que antes contuvo el agua
en sus carnes de piedra
recibe el peso de incontables cuerpos
pero escasas miradas.

El reposo que mana de la fuente
se brinda a la fatiga de los cuerpos
y aunque no done ahora la frescura del agua
ni manos y pañuelos para enjugar sudores
les regala los árboles, los pájaros;
sus melenas de sombras que se agitan,
los vuelos y las breves caminatas
sobre sus cuerpos de ángeles de piedra.

Como muchos a veces
me siento en esos márgenes de piedra
a contemplar los ángeles
a ver sombras y pájaros livianos
caminando sobre ellos.

El alma de la fuente que fue el agua,
brotando transparente,
impostó en su inorgánica materia
un corazón de río
que se apagó una tarde.

Pero aún siguen las sombras en la piedra,
las ligeras andanzas de los pájaros,
y un corazón de agua en la penumbra
después de cada lluvia.
Y en su estanque redondo la luz crece
del cielo en su infinito.
Y siento que nos mira la fontana
desde sus ojos de lucida calma.

Amilcar Luis Blanco (Pintura al oleo de Thomas Kinkade)