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domingo, 18 de diciembre de 2016

EN EL PAÍS DEL FUEGO







En el país de las llamas,
las mujeres, los hombres,
fueron antes de fuego.
Y con rojas gargantas
devoraron  delirios
y enronquecieron de humo
hondas voces de bosques.

No hay languidez posible
en el país del fuego.
Destierro de sonrisas.
Hubo sólo vida y muerte.
Y actualmente
hay sólo vida y muerte
y hay un letal destino
esperando delante
en el país del fuego.

Las pavesas son lanzas
y lastiman las sombras
latientes en los cuerpos
que todavía quedan
en el país del fuego.
El incendio reduce
a tristeza y ceniza 
la senda ya pasada.

Y el viento en pos fabrica
cuerpos en movimiento
avanzando hacia el norte
en el país del fuego.
Insufla manos  rojas
o naranjas o azules
al igual que las piernas.
Y exhalan sus pulmones
alientos de dragones.

En el aire de fuego
lo divino del viento
triunfa en cada materia.
Y con la misma roca
fabrica tanta lava
como deshace inviernos.
Y limpia cada esquina
con sequedad y desierto.

En el país del fuego
donde se hermana el viento.
las palmas de las llamas 
socavan y destiñen
larvas,  termitas, hongos
y andan en aleteos
de pestañas azules.
Desnudan chispas crueles
y labios de cenizas.

En el país del fuego.
En el país del miedo.
En la tierra del ansia
más áspera y sedienta
la memoria se vuela
como una polvareda.
En el país del fuego.
En el país del miedo.

Amílcar Luis Blanco (Pintura mística por Graciela Marmanillo)