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lunes, 28 de diciembre de 2015

EL PIANO

Michael Cheval© - Music, Full of Surprises

Un piano es una fiesta y contiene otras fiestas.
Muchas lunas hirvientes en la batiente cola.
Teclas golpeando cuerdas de su vibrante gola
y escalas de gorjeos y angustiosas respuestas.

Montañas de sonidos, mares, olas compuestas,
meten aguas de tiempo en la caramañola
y las bebemos siempre, notas de un alma  sola
y llevan cascabeles en alocadas crestas.

Martillos y badajos chocan contra campanas,
mueven bosques, efluvios, de menuda hojarasca
y en los bordones graves hay sombras y fontanas

surtiéndonos las penas en oscura borrasca.
En el piano hay un arpa memoriosa y profana
y en dígitos y manos el cuore se nos casca.

Amílcar Luis Blanco (Pintura de Michael Cheval) 

martes, 22 de diciembre de 2015

OMNIPRESENCIA DEL ADIÓS






¿Te diste cuenta?
Todo el mundo dice adiós.
No sólo en las despedidas,
aeropuertos,
terminales de micros,
andenes y estaciones.

Esta intoxicación de espaldas tiene
que ver  con que quien queda se despide.
Y aun siendo una mujer joven y bella,
metida en muchedumbre de deseos,
se sienta siendo adiós y siendo huella,
sintiéndose viajar tras la ventana.

En todas partes, todos lados,
hay una ingente necesidad
de burlar las presencias.
De escabullirnos siempre.
Simplemente de irnos.

Desde que estuvo la "pájara sentada en el verde limón
y cortó con el pico la rama y cortó con la rama la flor"
vino la diáspora,
el desengaño de toda aquiescencia, todo arraigo.

Omnipresencia del adiós

¿ Te diste cuenta ?

Amílcar Luis Blanco (Oleo sobre tela en madera, Pintura de Donatello Carloti Torregroza Vargas)

EL HUESPED






Interpelo a las sombras, interpelo
al corazón fugaz de la tiniebla,
al vacío del miedo que se puebla
de nuestro corazón y nuestro anhelo.

Y no hallo nada, solamente cielo.
Sí, porque preguntar abre la niebla.
Nos hace luz reciente, nos repuebla
de nuevas intenciones, nuevo celo.

Hay tanto corazón en la pregunta,
tanto temblor ajeno nos desnuda,
que si regreso a mí a buscar la duda

todavía desvelándome trasunta
ese fulgor de mundo que se junta
con mi huesped de sombra que se muda.

Amílcar Luis Blanco ("Campo de granos con cuervos", oleo sobre tela de Vincent Van Gogh)




domingo, 20 de diciembre de 2015

EL ODIO




Hombre y mujer cayendo 
cada noche
en nuestros cuerpos
y cayendo al final
de los naufragios
también y para siempre
en nuestros cuerpos.

Antes de ello, digo,
me pregunto,
¿Por qué dejar caer nuestra inocencia?
Ese fuego de paz de la inocencia.
Esa pasión al rojo de la paz
que todavía late entre nosotros
y es nuestra  sangre viva.

¿Acaso porque abajo clama el odio
con sus fauces abiertas,
sus colmillos y dientes
y su apetito de fracasos
y calamidades
y ejerce, 
aunque no queramos reconocerlo,
sobre nuestras débiles contexturas,
una atracción de imán,
un vértigo de abismo?

Y si por fin  tanta inocencia,
ingenuidad,
tolerancia,
como pájaro, 
herido,
cae.
Comienza uno a caminar en un desierto
de odio
y ya no puede nunca
ascender
como un ángel.

Hay memoria de haber sido ángeles
en cada uno de nosotros.
Esa conciencia del sagrario,
en las rosadas auroras,
en los rojos crepúsculos.
Ese sentirse agua y ser de agua
bajo las lluvias abundantes
o cuando sumergimos nuestros cuerpos
en el mar,
en un río,
en la piscina 
del parque de un amigo
y sentimos la plenitud de una
amorosa
soledad
libre.

¿Cómo asumir entonces luego el odio
tan plagado de erizos,
espinas, brasas, polvos,
sobre nuestro cuerpo, nuestras manos,
cuando las otras ansiosas,
las del odio,
procuran
aferrarnos?
Degustar ese acibar
en la poca saliva
que no pasa
por el trago sin fe
de la garganta.
Que además nos aherroja
y esclaviza
en su mazmorra turbia
y nos despoja.

Quienes estamos vivos
todavía
ansiamos la frescura,
la libertad
del aire,
lo azul del firmamento,
el verde tan intenso
de las arboreas copas,
espumándose siempre
hacia la altura.
Anhelamos el agua,
esclavos de su sed,
en tanto nos consiste.

El odio es ese bruto,
celoso o seductor
que nos muerde
hacia dentro
y nos lastima
en la carne y la sangre.
Enfermedad llegando
desde fuera
hacia dentro.
Y nos saca del aire,
de su azul.
Y nos quita los verdes de las frondas.
Y nos seca por dentro
y nos hace impermeables
al agua que resbala
a  la sed que se apaga.

Siendo que abajo,
 al caminar,
al vernos, al oirnos, al conversar,
debemos eludirlo y a veces
él nos gana de mano,
 se cobra la partida
como un tahur experto.
Oscurece sin fin la luz de la inocencia,
ese fuego de paz de la inocencia.
esa pasión al rojo de la paz,
que todavía late entre nosotros
y es nuestra sangre
viva

Amilcar Luis Blanco ("La caída del ángel", pintura de Marc Chagall)

sábado, 12 de diciembre de 2015

EL NUEVO CAMBALACHE




El burro con la mujer,
la mujer con el burro,
juegan a desnudarse
y a mezclarse.
Y hay días de hombre con burra
y burra con hombre
un poco obscenamente puestos
a pensar y dialogar
después de haberse mutuamente
disfrutado.

Ello sobre y entre más objetos
que una cama.
Entre el aparato de tevé y el de radio.
Entre el diario del día y el tráfago
del trabajo y la molicie,
del ocio y el negocio.

Mientras el frío los desnuda, 
y la ausencia los traba,
en un lugar en el que muchos tendrán nada
y pocos tendrán mucho
y en el que la paciencia de la honestidad
habrá engendrado de nuevo la insolencia
de la más abyecta ignorancia
de los muchos que tendrán nada
en homenaje a los pocos que tendrán mucho.

Un nuevo cambalache,
entre Dios y la historia,
burros,
hombres,
mujeres, 
objetos,
nos mezclamos con ardiente dinamismo.

Aquí, en esta Argentina,
donde la mayoría de nosotros
se tuteó con el miedo y la pobreza,
como pueblo o jauría,
como pueblo o manada,
como pueblo o cardumen,
como pueblo o bandada,
volvemos
a entronizar a nuestros verdugos.
¿Es posible?

¿Por qué no?
Para lograrlo se ha borrado 
toda la memoria del mal,
exigencia del merchandising
para la venta del viejo y nuevo producto.
Se han prometido nuevos bienes
anunciados con globos amarillos
por sobre las cabezas del gentío,
por entre las cabezas del gentío,
dentro de las cabezas del gentío.

Gentío
o jauría 
o manada
o cardumen
o bandada,
ladrándose,
mugiendo,
nadando,
posándose en objetos,
reciclando el pasado,
regresando a la niebla,
al mundo en el que muchos tienen poco
o nada
y pocos tienen mucho
o todo.

Entre pitos y flautas, 
entre flautas y pitos.
Y en ese bochinche, 
desfigurados,
desfigurándonos,
como suele decirse, 
como suele engañarse.
Detrás de las caretas de un nuevo carnaval
se ha borrado todita la memoria del mal.

Televisión 
y radio 
y diarios 
y revistas,
a voz en cuello, 
a imágenes en  ojo,
han defenestrado con el glamour
de sus glamorosas mentiras
a quienes ejercieron 
la paciencia de su honestidad.

Infectaron la paz con el agravio
de la mentira que luego
se transforma en sospecha.
Enfermaron la ilusión del que trabaja,
mimetizado en burro, pez o ave,
la esperanza del que sufre,
vale decir nosotros
y obtuvieron dividendos en votos.

Y ahora todos,
quienes no los votamos 
y ¿quienes los votaron?,
sumados en el mismo cambalache
bajo el poder de los objetos,
con educada inocencia,
con educada ingenuidad,
democráticas,
les deseamos que les vaya bien
y les pedimos, ¡por favor!,
que nos dejen llegar vivos
hasta la próxima elección
¡Por favor!

Amilcar Luis Blanco ("Dedicado a mi prometida", Pintura de Marc Chagall)


martes, 8 de diciembre de 2015

EL DOLOR




Hay un dolor yaciente,
un amor hecho ruinas.
Pechos, muslos, rodillas,
vida latiente y mansa
golpeando en las orillas
de la muerte.
Hay piedad y consuelo
grabados en objetos,
sobre tela,  en colores.

Baby sitter 
ficticia 
dando amor al dolor.
Al dolor que en Guernica 
no extinguirá ese llanto
que registró 
Picasso 
batallando en sus trazos
con el negro y el blanco 
sobre la tela blanca
bajo el ojo de neón 
de la lámpara 
insomne.

Compasión de una  joven 
sobre el desesperado
alzarse de unos brazos 
en un eterno grito
de impotencia sin freno 
por la inocencia en ayes
cortada por la hoz 
de una  muerte 
caida 
en andanada
que hubo asesinado 
la intensa mansedumbre.
Un hombre desde el arte 
clama contra la nada.

Quién pudiera estar siempre 
trasponiendo las sombras
y compensar tristezas agudas, 
sufrimientos de abismo,
sosteniendo, inculcando, 
intensísimo, 
amores.

Aquí la talla  dura 
lucha desde sus brazos 
contra la indiferencia 
de la Parca que llega 
amén de inesperada, 
insolente e injusta.

Queda la compasión 
por ese hijo dibujado, 
triste, 
precario; 
sólo un cartón y trazos lo contienen. 
Es el dolor representándose.
Un dolor que no cesa 
aunque el amor lo abrace.


Amílcar Luis Blanco ("Baby sitter" oleo sobre tela por Cesar Santos)

domingo, 6 de diciembre de 2015

AGONÍA DEL FAUNO



Lujurioso en deseos el hombre se retuerce
por seducir la muerte ciñéndose a la vida.
Y se tizna y engrasa hecho un fauno al mecerse,
a la mujer se abraza y atrasa su partida.

La mujer le da juerga y locura y  huida.
Desnuda sus vejeces, ríe al ensombrecerse,
inflama el fuego fatuo, anestesia la herida
y el sátiro se olvida y se ensalsa sin verse.

Su torso es una llama de turbiedad y humo,
no tiene ardor, titila, es lívida potencia.
Ya sus labios no liban de la lascivia el zumo.

Un acíbar amargo los moja sin clemencia.
Quieren ceñir el torso de una sombra sus manos
y más gruesa la Parca lo ciñe en sus arcanos.

Amilcar Luis Blanco (Pintura de Cesar Santos)


jueves, 3 de diciembre de 2015

EN EL PARAISO




Estábamos en el Paraiso.
En el exacto sitio del origen.
El lugar donde vida, luz y sombra, 
se fecundaban y exhibían,
las alimañas cundían y la víbora cantaba,
igual que las sirenas, un silbo de tentación y esperanza.
En el sitiado destino sin fronteras que aflijieran.
Inmensidad parida del horizonte en cinta en cada aurora.
Estábamos viviéndonos. 
Viviendo dentro de nuestros ojos lúbricas ebriedades 
y sin culpas por hora.
Sin remordimientos que las enturbiasen. 
A puro ser a ser, a puro cuerpo a cuerpo.
Pero vísperas hubo de prohibidas manzanas 
y augurios de destierro y de desastre.

Y los dos las mordimos,
masticamos sus pulpas de delicia, la sabrosa textura,
la del hierro y la sangre, la del bien, la  del mal.
Entonces algo de la advertencia celeste se desplomó sobre nosotros
y nos vimos desnudos y sentimos verguenza.
Es que junto a la sangre y el hierro mordimos la obediencia.
Esa ciega obediencia en que el poder consiste.

Amílcar Luis Blanco ("Whisper of Explosion", oleo sobre lienzo de Michael Cheval)

lunes, 30 de noviembre de 2015

ORACIÓN DEL INSOMNE

Michael Cheval© - Earth, Wind and Fire

En el nacimiento de la luz hay un llanto invisible.
Durante el transcurso del viento, por las noches,
las almas yacen desoladas y no se acompañan.
La mente entonces rehace la realidad
reuniendo los pedazos del día en un rompecabezas.

Algunos duermen, otros solemnizan recuerdos
y hay quienes esconden sus manos en sus sexos
para descontaminarlas de esa polución cotidiana
de mundo que no los deja en paz y les monta
y desmonta engranajes de relojes y sangres.

Los hombres pensamos en las mujeres deseadas,
las mujeres en los hombres deseados siempre
hasta lograr una evaporación por fin unánime.
Arte de triturarnos para lograr la libertad
tan ansiada por todos nosotros. Amén.

Amílcar Luis Blanco ("Earth, wind and fire", oleo sobre lienzo de Michael Cheval)

LOS HERMANOS MACANA EN SEVILLA - FELICIA

Los Hermanos Macana - Desde El Alma (Magnificent Dancers)

LOS HERMANOS MACANA EN SEVILLA - RELIQUIAS PORTEÑAS

domingo, 29 de noviembre de 2015

CONFESIÓN (Soneto tangueado)



Era santa y guardaba virtudes de María.
Pero mis manos luego, mi corazón no obstante,
mis labios, mis palabras, aviesos a su instante,
cayeron sobre ella como la luz del día.

A su mirar cetrino, a su boca, volvía.
La turbia claridad de su semblante
inspiraba en mi cuerpo una actitud rampante,
cuerdas de una amorosa sinfonía.

Físicamente nunca fui su amante.
Tracé y pinte su sombra en tela blanca
delineando la luz que la bruñía

y en su turgencia ebúrnea y restallante,
abrí una roja rosa y un niño sobre su anca
y apagué mi delirio allí donde esplendía.


Amílcar Luis Blanco ("Madonna of the stairs", oleo sobre tela de Cesar Santos)

viernes, 27 de noviembre de 2015

ACOSADO




Ese jugar de niño entre cielos y suelos,
inspirado en historias fantásticas tenía
el singular estilo de eternidad sin duelos,
la potencia otorgada por la salud del día.

No había quien pudiese correrme de mi calma.
Nadador que pudiese nadar en mis corrientes.
Realidades y sueños construían la historia
que hoy en cambio me tiene sin cesar acosado.

Y acosado los ojos se me llenan de alma.
Como si nada hubiera en la fatal memoria.
Metido entre silencios, los párpados cerrados.
Y tras ellos los días circulares, de noria.

Y Superman y Batman y Tarzán, los delirios.
Aquéllas historietas en papel, celuloides
proyectando fantasmas de luz y de martirios,
se han ido para siempre, vengadores y androides.

Acosado quisiera volver al hombre  sueño.
Estar sobre una roca bajo un quebrarse de olas.
Como un ángel desnudo  de perfil aguileño.
Darle tregua a las alas en un refugio a solas.

 Preñados de absoluto mis ojos y, gregario,
deteniendo los autos, las densas muchedumbres,
en un peregrinaje que formase costumbres
de darle a nuestras vidas la preñez del sagrario.

Quiero decir amarnos haciéndonos posibles,
haciéndonos sagrados mientras la muerte quiera
convertirse en razones y artículos visibles
en los supermercados o aguantar en la espera.

Debajo de los trenes, camouflada de masa,
adentro de las sombras y de los souvenires.
Porque  el sigilo tensa su arco cuando caza,
cuando pisa la hierba tras el miedo que pasa.

Acosado ya siento crecer el superhombre.
Ese ángel que Nietzsche sacó de sus palabras.
Ya me urgen en la sangre turbias velocidades.
Ya Hollywood me unge de efectos especiales.

Amilcar Luis Blanco (Pintura de Nicolas Guy Brenet)

martes, 24 de noviembre de 2015

PARA LLEGAR A LA ESPERANZA




Habrá que dejarse de joder con tanta huida.
Habrá que dejarse de joder con tanta muerte,
tanto desasosiego, tanto andar distraído sin quererse.
Y este lidiar con el maldito miedo, con esta inadvertida desgracia mal parida.
Para llegar a la esperanza siempre habrá que dar manos y ojos,  dar la vida.
Hurgar la oscuridad, buscar en lo insaciable de la sed
y hacer el hoyo
en el fangal pantanoso de la hipocresía
donde todo se hunde y desaparece.
Perforar los contornos de la luz,  los volúmenes del espacio, 
sin densidad.
Habrá que ser así nomás, como se es sin ser a veces.
Usar más las manos para tocar y acariciar, los ojos para ver, 
la vida para sentir.
Y derrumbar la mentira.
Y desenterrar la verdad como una antigualla oscura,
muchas veces rehén de la opulencia. 
Pero actuando en pos de la ilusión, 
como quien milonguea ebrio en una noche clara.

Hay gotas de cristal y de colores,chafalonías que nos detienen,
agitándose en las muñecas de las mujeres que florecen desde los deseos sin ser ellas jamás,
escabulléndose.
Y hay también un brocal al que me asomo
a verme en el espejo de su fondo de sombra. 
Lluvias que me arrebatan del olvido.
Hogueras de nostalgias con llamas que evaporan mis ganas.
Vienen en caravana y repetidas desde ese no ser en el que somos. Desvanecen la paz que atesoran mis sueños.
Ensombrecen praderas de esperanza. 
Por eso habrá que dejarse de joder
con tanta huida,  tanta muerte, tanto disimulo,  tanta sombra, 
tanta, tanta, tanta.
Y darle a la memoria, darle y darle, como a la rueda de una noria.
Para llegar de nuevo a la esperanza, para llegar indemne a la esperanza.

Amilcar Luis Blanco ("Esperanza", pintura de Agnes Mateu)

sábado, 21 de noviembre de 2015

MI SOLEDAD, MI PRIMAVERA


Salgo de habitaciones,
entro en habitaciones.
Busco sin encontrar.
Encuentro sin buscar.

Este desasosiego,
lábil como el deseo,
zumba en mi soledad;
abeja en pos de flores
en polución de polen.

Hallazgos, pérdidas.
Lluvia de origen;
monedas de agua,
reflejos de plata
sobre asfaltos y empedrados.

Mi soledad seca los rincones,
las graderías y cornisas.
Asciende rauda
en los vuelos de los pájaros
y escuece y pica.
Y llama mi deseo, hecho primavera.

Mi soledad alberga mi primavera.
Se mezclan los contrarios.
La muerte, el nacimiento.
La semilla acogida,
nutrida por la vida
y ese viento procaz
henchido en polen.

Amilcar Luis Blanco ("Primavera", oleo sobre tela de Sandro Botticelli)


miércoles, 18 de noviembre de 2015

CANTO CONTRA LA GUERRA (En octavas reales)



La dura guerra que hoy  París  emboza
y anónima camina en los viandantes,
tiene rostro de humilde o de raposa,
múltiples cuerpos tiene y coribantes
moviéndose en unánime y cuantiosa
muchedumbre de arrestos excitantes;
enferma en paz de una intención aviesa
por la muerte guionada en su torpeza.

La muerte así, maestra de la vida,
nos viene a dirigir. Su directorio
toca a rebato, cunde a despedida.
Sus compases culminan en velorio,
terminan en extática partida,
no de laurel sino de crematorio.
No hay en el mal morir ninguna gloria,
sólo el funéreo fin de toda historia.

Junto al sonar de balas y misiles
queda el llorar de huérfanos y viudas,
las innúmeras trampas de los viles
vivas están, sin lágrimas, más rudas,
y más oscuras, hueras y serviles
y cínicas y horrendas y desnudas.
Por eso hay que borrar todo vestigio
de ver en armas huellas de prestigio.

Que no sea el llorar, el luto amargo,
lo que oriente el designio de vivir.
Sólo el amor dará, su dulce embargo,
el fruto que podremos compartir.
En él debemos fiarnos del encargo
de obtener un seguro porvenir.
Disfrazada de vida y  siendo  tierra
dejemos a la muerte sin su guerra.

Dejémosla, sufriente y fiel raposa,
serpiente, deslucida, detonante,
perderse en el delirio de su fosa,
en su razón anfibia y repugnante,
socia de la ambición que no reposa,
diestra en la nada, sucia, zigzagueante.
La muerte jamás abre algún camino
y cierra sin cesar cualquier destino.

Amílcar Luis Blanco (" The Ghost of madness", pintura de Edward Munch)

domingo, 15 de noviembre de 2015

PARIS DE LUTO



Que no venga la muerte a decirnos qué hacer.
Alguien lloró de nuevo una vez y otra vez,
no hubo luto que lo cubriera,
lloró de miedo, lloró de impotencia,
lloró por el otro, por el que supo muerto
y le arrancaron de su entraña cordial, de su costado,
en la París llena de policías,
llena de coches bomba, de hipocresías
y de extrañas cavernas abiertas en la noche
y abiertas en los días de las armas tenaces
que reparten la muerte en balas y misiles,
observable en pantallas y digitalizada por los ordenadores.

Los señores, con Francois Hollande a la cabeza,
bebían ávidos de ojos las gambetas y los pases
de sus jóvenes futbolistas disputándole a los alemanes,
en un encuentro de iguales, las glorias transparentes
del deporte,
cuando comenzaron a explotar las bombas y los disparos de metralla
como si fueran carnavales en la noche cóncava.
Y las sirenas y los miedos poblaron la incandescencia de París.
Carámbanos de horror se clavaron en  la espina dorsal de su molicie,
de su paz; esa aurora nocturna que inspirara a Vallejo y a nuestro buen porteño Julio Cortázar y al hilarante Woody Allen.

Bajo la torre Eiffel y el Arco del triunfo, en los Campos Eliseos,
en el Centro Pompidou, en los jardines de las tullerías,
en el corazón de la vida de la latiente Lutecia, 
la muerte se encarnó; intrusa e invisible, pero también masiva, 
en tren de estrago múltiple.
La muerte enmascarada, disfrazada de todos, de cualquiera.
La muerte que no tiene ni domicilio fijo, ni bandera
y anda y camina y se sienta en las butacas del Chantecler,
en el café restaurante Les deux magots en Saint Germain des Pres,
en un lugar cualquiera de la París de siempre que recibía a todos
con la igual complacencia de  sus maidemoselles y sus bondades,
llegó la muerte, de ese modo traidor y desmedido. 
Junto a ella y su hoz sus compañeros, la desgracia, el dolor, 
la tragedia y despedida
de inocentes corderos, gente desprevenida, gente, seres, nosotros,
todos, que para sernos, después del sufrimiento, humanamente buenos,
tendríamos que luchar contra tanta hipocresía, semejante y hermana,
como dijera Charles Baudelaire; hija del tedio la condición humana. 
Aprovechar la luz y despertarnos y vernos y querernos desprendidos.
Y no a través del llanto. 
Y no a través del miedo.
O bajo cielos sucios por  angustias de ecuménico imperio
que apartan la poesía, los lirios de la niebla o de la lluvia.

Abiertos de alma siempre y desprendidos, iguales a los pájaros
que han repartido siempre y reparten sus nidos, 
quiero decir calores y latidos.
Dóciles a nosotros, solamente hacia el pan, hacia el abrigo,
hacia el cariño fiel y sucesivo. 
Produciendo las mieles para endulzar las vidas.
Respetando los sueños que van a las mezquitas, sinagogas o templos como a las catedrales, pidiendo únicamente recíprocos respetos 
y si otros no los cumplen que vivan en sus sitios.
No quebrar con las armas la paz, el cielo, el viento.
Ni levantar murallas, paredes, en torno a hombres, 
niños, niñas, mujeres, llamarlos refugiados ¡Refugiados! ¿De quiénes? ¡De otros hombres, niños, niñas, mujeres!
Nuestra tierra es de todos. Y en todo caso todos somos los refugiados. 
Vivámosla en conjunto, 
sintiéndonos iguales.
Que no venga la muerte a decirnos qué hacer.

Amílcar Luis Blanco  (Fotografía de uno de los atentados terroristas en París el viernes último)

En realidad la irrealidad





En realidad la irrealidad,
las páginas del tiempo,
ebrias en la soledad.

En realidad lo número,
lo enhiesto, 
huesped de la inquietud.

Como quien no quiere la cosa,
como el ido que continua
yéndose.

Yéndose contra todos
¿digo o miento?
hacia la irrealidad.

Quiero arreglar las cosas
y no siento
que haya realidad.

Angustia el no saber.
El siento.
Saber del no saber.

Amilcar Luis Blanco (Pintura de Salvador Dalí)

jueves, 12 de noviembre de 2015

AMOR SECRETO




Nadie que venga conmigo
sabrá que vengo a verte,
a visitarte,
desde un galope o trote
amigo.

Y que traigo un silencio
en cada mano,
en cada pie,
traigo un silencio.

Oirá el rumor del agua,
lo agitado del viento
y ese roer lo oscuro
de la noche
del grillo.

Topará tu esperanza
de brazos alargados
y llegará al espacio
de tus senos
sin frío.

Nadie cuando te visito,
aunque esté a mi lado,
está conmigo.
Sólo yo.

Sólo yo que te amo
estoy contigo
por este amor secreto,
bien venido.

Amílcar Luis Blanco (Pintura de Giovani Boldini)

martes, 10 de noviembre de 2015

TUS LABIOS




Para irme a dormir quiero cada vez
que la noche se abra,
pero también tus labios.

La pausa de tu risa o tu sonrisa,
tus manos como aves,
pero también tus labios.

Para irme a dormir y no quedarme
sólo con el sueño,
hechos de soledad, quiero tus labios.

Para estarme muy quieto,
muy despaciosamente,
esperando tus alas y tus pétalos.

Esas orillas gruesas de tu risa,
muelles de los cansancios
que me dan en la boca.

Para el mar de la sangre que golpea;
olas tibias y frías
contra los bordes de mi vida.

Tus labios solamente,
aunque besen o tiemblen
quiero tus labios.

Amílcar Luis Blanco (Fotografía de Marilyn Monroe)

viernes, 6 de noviembre de 2015

LOS DETENIDOS DESAPARECIDOS



A la cartelera de los días vuelven los muertos abandonados.
Ellos pisaron sus ansiedades iguales a sus sombras 
desde sus amaneceres.
Se fueron al mañana del ayer para  estar en un hoy
que alargarán todavía hasta que nuestros días duren.
Nos han pasado por alto saltando los tapiales que separan los patios,
los domésticos fondos de las casas, del tamaño del grito de nuestras madres
llamándolos, llamándonos, clamándolos, clamándonos, 
para tomar la leche de la buena ventura.
La buena leche de los buenos días que nutrieron esperanzas y alimentaron nuestra buena fe.

Los detenidos desaparecidos tienen ahora sus domicilios 
en sus epitafios sobre el mármol.
Y nos miran pasar desde nuestros recuerdos que, 
quienes más, quienes menos,
llevamos dentro de nosotros junto al bochinche de la ciudad y los pájaros.
Y en los ladridos de los tristes adioses que dan los perros a la noche
ellos parecen agitar sus manos para no despedirse mas de nuestras nostalgias.
Allá pasa una madre con su Juan Dulzura de la mano, 
Pedro Bondad llevado por su  abuela, Honesto Ernesto,
llevado por el otro y cada uno sufriendo su porción de humanidad faltante.
Y algunos sin recordar a nadie, imaginando rostros sin rostros,
y cuerpos sin cuerpos que la muerte propone a la morbosidad de los extraños.

Pero paseando al fin leyendo igualmente nombres y fechas, viendo cruces,
sosteniendo las cuerdas que dan hacia el abismo;
cotidianos y livianos andamios levantados junto a la cósmica desgracia.
Porque el enorme parque junto al Mar Dulce, el aleonado río, es el camposanto; encuentro de la ciudad y el tiempo;
algo así como el patio de una iglesia que no termina nunca
e interna su horizonte en las tinieblas del misterio, siempre irredento.
Los vemos en hilera en Santiago de Chile, en el Quito  Ecuatoriano, en la Montevideo uruguaya
y en este aquí de Buenos Aires, Argentina, Parque de la Memoria en Costanera Norte.

Ya ciegos para ciegos contra ciegos en ceguera total en los ocasos.
Ya ciegos para ciegos contra ciegos en la ceguera suelta y sin remedio.
En la nada sin nadie, la perfecta, desprendida del miedo.
Tal la mano del muerto recién agonizante en una mano amada hasta hace un momento.
Y ahora vagan enteros siendo  cuerpos sin cuerpos, un recuerdo de cuerpos que llaman desde adentro
porque fuera del mundo y de nosotros se han quedado para siempre sin tiempo.

Amílcar Luis Blanco (Fotografía del Parque de la Memoria en Costanera Norte en Buenos Aires, Argentina)

martes, 3 de noviembre de 2015

UNA MUJER CUALQUIERA







Una mujer cualquiera, una mujer,
que carga el día de la noche a la mañana,
junto a la bolsa de las compras,
pesada de preguntas sin respuestas,
de pobrezas pasadas, actuales y leyendas
que vendrán con la novela de la tarde
como barcas que se acercan a la bahia
de su silencio expectante
mientras los pies le duelen de apuradas caminatas y la piel en las manos, en el rostro, se le aja, epidérmica, de otoños cayéndole y de inviernos torciéndole lo esbelto como el viento dominante que ha pesado sobre ella con destinos adversos.

Una mujer de ruleros recién sacados
o todavía puestos, negándose a la coquetería
porque la aguardan, en sus puestos de mesa, en sus balcones y sus lechos,
sus amores sin discusión y a los que debe plancharles
decorosas apariencias que invisibilizan sus vidas
y todavía también poner a hervir las papas dentro de los minutos,
barrer de los rincones nostalgias a pedazos y lutos hechos polvo.

Esa mujer cualquiera nos atraviesa el alma,
nos dá en el corazón con vendavales de sonrisas y alientos
y esconde sus reveses de asfixias y de llantos.
Ella abre los créditos a nuestras vidas para que hijos, padres,
abuelos, hermanos, vagos, trabajadores y aun villanos
jamás nos endeudemos como zánganos,
hartos de sus amores tantas veces, con tan poca justicia, cuando deberíamos sin duda, inclinarnos al borde de sus vientres, al lado de sus pechos, con labios temblorosos, rezar agradeciendo sus amores, para que nos den esa primera y última palabra, madre, mamá, porque por ella entramos y salimos  del plural y fatídico universo.

Amilcar Luis Blanco (Pinturas de Wenceslao López Guerrero, Diego Velázquez y Albert Gleizes)

Femmes-cousant-(A.Gleizes-1881)

viernes, 30 de octubre de 2015

UN CUADRO DEL AMOR




Espacio, lasitud, angustia atemperada.
En la robe miel y ambar se refugia y destella
una mujer de ojos sustanciados de estrella.
Blanco claror desnuda un seno a la mirada.
de esa mujer teniendo en su palma apresado
el otro seno ebúrneo bajo tela mullida.
Sobre un diván y junto al perro bien amado
posa en alerta y  siente esa  fe sin medida
que apoya la cabeza en su muslo y la cuida.
Hay miedo en esos ojos y también mucha vida.
Esperanza en los labios, quieto volar perplejo.
Angustia parpadeando en un fugaz reflejo.
Y un amor que se vierte frugal y compasivo
habitando en el sepia de la luz y en el dejo
de olvidada lascivia trazada en gesto esquivo.
Un gesto de ternura artesanal y vivo.

Cortinados y fundas, telas, diván, calladas,
cosas  de un par destino entre su hombre y ella
templaron tibias rosas de amor en sus miradas.
Él la plasma en la tela y en cautas pinceladas
le vierte los colores donde su ser destella.
Y le desnuda el alma sobre el cuerpo y la sella.
La viste de apariencia sin fin y sin muralla.
La dota de sentido y en su magma la encalla
como una nave humana llegando a la bahía
donde la soledad sin mar se le hace lago
para al fin refugiarla en la quieta alegría
e infundirle la calma que borra todo estrago.


Hubo una vez en que ellos mirándose dijeron,
después que caminaron, cuando se despidieron:
"Hemos creado un ángel y crecerá sin pausa.
Nos quitará de a poco la soltura y el viento,
lucharán nuestros cuerpos, perderán el aliento
en la hoguera nacida sin aparente causa.
Pero en su siempre el tiempo moverá su talante
y el audaz firmamento que la hermosura hoy tiene
e irradia de nosotros y en amor nos contiene
se irá de nuestras vidas cual la recia Atalante,
ágil como en la caza ayudando a Artemisa
se irá de nuestros cuerpos como se va la brisa"
Y entonces los pinceles en la tela insumisa
dibujaron la imagen, el volumen, la gloria
y dejaron plasmada para siempre la historia.

Amilcar Luis Blanco ( Obra pictórica de Lucian Freud)

martes, 27 de octubre de 2015

TU SONRISA


13_mujer_sonriendo

Viene desde tu angustia
 tu sonrisa. Desde tu pena cruel.
Del campo de desgracia
hasta la blanca gracia.

Hay un dolor de amor.
Cae desde tu sonrisa;
una azucena abierta
defiende la alegría.

Desafía el invierno.
Parte la desazón
como una fruta
cascada y seca.

La blanca cerrazón
de verticales teclas;
alza su fortaleza
contra la impar tristeza.

Y me produce  júbilo.
Ilumina. Es alba de la fe.
Porque sonríe el instinto
Y nos ama y comprende.

Amilcar Luis Blanco  ("Mujer sonriendo" por Lucian Freud, pintura ejecutada con la técnica del empaste)

sábado, 24 de octubre de 2015

JAZZ AND "DREAMS TO REMENBER" (Dedicado a Louis Armstrong y Ella Fitzgerald)



Ellos fabricaron el rigor de la música,
el sexo de la música.
Un reloj de tambores en medio de la nada,
un soplo de metales en la noche,
toda una plata pura para el viento,
toda una pura plata.

Oigo cantar gargantas en el cielo,
oigo cantar gargantas y se anegan
de saliva, de lágrimas, en un río Missouri
cayéndose en el filo de la tarde,
entre la ardiente piedra de los soles
sobre sangres de lavas y pálidos metales,
lacerantes alcoholes
y voces de aguas lentas golpeando las orillas.

Y otras veces los cielos dan sus voces de cielos.
Y otras veces las aguas dan sus voces de aguas.
Y otras veces las noches en vibratos de sombras;
claridades de lunas quebrantan las tinieblas,
empedrando a chasquidos de Satchmo las calzadas
y delgados y suaves los altísimos timbres de la Ella Fitzgerald
ganándole estatura a las estrellas
dan sus notas de sueños de esos "dreams to remenber".
Los altísimos timbres que se marchan y nos dejan a solas.

A solas siento el son y mientras suena
finge una eternidad  antes jamas hollada;
una orilla infinita  abriéndose a nosotros
y vuelve a cada tramo en olas densas, hondas, del contrabajo,
sosteniendo la voz de la Fitzgerald suave, nítida y suave,
hermana de la voz de la trompeta, contagiada de Satchmo,
de lunas y distancias y grave amor de Satchmo
y de Ella Fitzgerald y de Ella, 
para siempre en sus voces,
para siempre.

Amilcar Luis Blanco


martes, 20 de octubre de 2015

JUEGO DE NAIPES




Sentados a la mesa,
cartas comen palabras,
silencios comen naipes y palabras.
Comen palabras cartas sobre mesas.

Ellos en sus cabezas calculando.
Las manos sosteniendo los cartones.
Las manos y los ojos sin palabras.
Las bocas sin palabras.

El aire lleno de pulmón y humo
y de noche sin sueño y madrugada.
Una yema de sal en cada dedo.
El alba en la ronquera de los gallos.

Almas de sueños hechos ansiedades
Manos y ojos,  números y letras,
tréboles y diamantes y figuras.
Fracasos, triunfos,  rostros invisibles.

Amílcar Luis Blanco ("Los jugadores de cartas", oleo sobre tela de Paul Cézzane)


sábado, 17 de octubre de 2015

LAS SIERPES



En el ocaso de la espalda fría
caen la tristeza y la melancolía.
Caen juntas, por detrás, se necesitan.
Y siempre entre silencios. Nunca gritan.

Sierpes de una especial naturaleza.
En la mano se apoyan las cabezas
y en los brazos, sus cuerpos extendidos,
serpean sus fatídicos sentidos. 

En párpados cerrados de quienquiera se duela
ellas anidan, guardan la ponzoñosa muela.
En tardes neblinosas despiertan  sus anhelos
y en lágrimas condensan el vapor de sus cielos.

Amilcar Luis Blanco ("Una joven mujer" oleo sobre tela por Henry Matisse)