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miércoles, 18 de noviembre de 2015

CANTO CONTRA LA GUERRA (En octavas reales)



La dura guerra que hoy  París  emboza
y anónima camina en los viandantes,
tiene rostro de humilde o de raposa,
múltiples cuerpos tiene y coribantes
moviéndose en unánime y cuantiosa
muchedumbre de arrestos excitantes;
enferma en paz de una intención aviesa
por la muerte guionada en su torpeza.

La muerte así, maestra de la vida,
nos viene a dirigir. Su directorio
toca a rebato, cunde a despedida.
Sus compases culminan en velorio,
terminan en extática partida,
no de laurel sino de crematorio.
No hay en el mal morir ninguna gloria,
sólo el funéreo fin de toda historia.

Junto al sonar de balas y misiles
queda el llorar de huérfanos y viudas,
las innúmeras trampas de los viles
vivas están, sin lágrimas, más rudas,
y más oscuras, hueras y serviles
y cínicas y horrendas y desnudas.
Por eso hay que borrar todo vestigio
de ver en armas huellas de prestigio.

Que no sea el llorar, el luto amargo,
lo que oriente el designio de vivir.
Sólo el amor dará, su dulce embargo,
el fruto que podremos compartir.
En él debemos fiarnos del encargo
de obtener un seguro porvenir.
Disfrazada de vida y  siendo  tierra
dejemos a la muerte sin su guerra.

Dejémosla, sufriente y fiel raposa,
serpiente, deslucida, detonante,
perderse en el delirio de su fosa,
en su razón anfibia y repugnante,
socia de la ambición que no reposa,
diestra en la nada, sucia, zigzagueante.
La muerte jamás abre algún camino
y cierra sin cesar cualquier destino.

Amílcar Luis Blanco (" The Ghost of madness", pintura de Edward Munch)