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domingo, 27 de mayo de 2018

VOLVER


Resultado de imagen para pinturas de fermin eguia

Retroceder en alma
en silencio y en calma,
aún si te inmiscuyo
en las palabras
conversadas ahora,
aquéllo tuyo,
abracadabras
de tu creciente aurora.


Llegar a tu pasado
de otra forma,
convertido en fantasma reciclado
futuro y hecho a la cambiante norma
sobre puntas de pie en paso cambiado,
solfeando el calendario,
si es necesario.

Para espiar los rincones
sombreados por el celo
de la angustia en los drones
que miran desde el cielo.
El enclenque banquito,
el arbolito,
la mesa con el mate.
El disparate
de los libros cerrados,
abriéndote a sus mundos,
otorgándote estrados
y excelsas libertades y discursos facundos.

Volver para ovillarte en sentimientos,
placeres y tormentos
para nacer de nuevo
desde el huevo;
trémulo torbellino,
embrión de las distancias
que te dieron camino.

Entonces los recuerdos.
Entonces los olvidos.
Las plazas y los parques
y abiertos pasos lerdos
en todos los sentidos.

Entonces "no te embarques"

porque están las magnolias
y la higuera en el patio
y la infancia y las glorias
y aquél centauro corazón y el atrio
de la escuela del mundo
Lo rotundo
del agraz sitio patrio.

Amílcar Luis Blanco (Pintura de Fermín Eguía)

miércoles, 16 de mayo de 2018

AUSENCIA Y SOLEDAD


[Nudestudy.jpg]


No está el cuerpo en el cuerpo.
No está el alma en el alma.
Ni la casa en la casa.
Ni la calle en la calle.
O la luz en la luz.
O la sombra en la sombra.
Hay una enorme y dilatada ausencia
al borde de mis ojos y tus ojos.
Y sobre todo el tiempo,
el gran señor del aire y de las aguas,
jamás está en el tiempo,
nunca estuvo,
para decirlo muy sencillamente.
No hay sitio en sitio alguno.
Hay una enorme ausencia
alrededor y adentro 
de este vasto infinito
y angustia,
sólo angustia.

La soledad se mete con tu cuerpo
adentro de tu cama
y deshilacha ráfagas de tiempo
con las lentas raciones de tu  alma
y afila y desafila tus recuerdos
en las piedras ahitas de la ausencia.
Y las calles  transcurren presurosas
sobre cascos o ruedas de caballos
en auroras teñidas por lo verde
de cualquier esperanza.
y las casas de a poco despedazan
sus cuartos en el fondo de tus sueños.
Y angustia,
sólo angustia.

Amílcar Luis Blanco

lunes, 14 de mayo de 2018

DUEÑO DE NADA


10 de las obras de arte más trascendentales de la historia - hotbook-9
Dueño de la ocasión y la esperanza
y dueño del recuerdo y el olvido
y sobre todo vivo, pero herido
por el tiempo y la sucia remembranza.

El tiempo me traspasa. Es una lanza.
Lastima sin cesar hasta el sentido
y deja más  allá de mi latido
su infinito vacío cuando avanza.

Estoy en su lenguaje sumergido.
No soy dueño de nada en su corriente.
Una alargada frase soy, fluyente,

un reflejo de luz que sólo deja
la soledad fugaz de su presente
en la verbal angustia que lo aqueja.

Amílcar Luis Blanco (Pintura de Salvador Dalí)

sábado, 12 de mayo de 2018

RECUERDO



Esta ternura de arrabal inquieto,
de almacén, empedrado y calesita
perdura en mi visión. La necesita
mi alma cuando abreva en su secreto.
Niño, montado en un caballo quieto,
alargaba mi mano a una sortija
que otra mano agitaba en la manija;
la del calesitero que hacía el reto.
Sortija,  ala de sol en mano, plata.
Volvedor resplandor que se desata
Antigua competencia. Calendario.
Juego iniciando el fuego de un calvario.
El del azar, que en torbellino trata
de vencer nuestro anhelo libertario.
Aquél calesitero, en vano arreo, 
sumándose a mi nana, a la contrita
mano que en otra mano deposita
la confianza de ser, ansia, deseo,
adelantaba a veces mi esperanza
de una fortuna esquiva, un camafeo,
dándome la sortija y mi deseo.

Amílcar Luis Blanco (Foto de Juan Carlos Casas)

TU ESTRELLA



Porque el amor se cae 
de mi talante,
a veces se derrama
incontenible,
hoy te encontré en la calle
casualmente
y tomé tu carita
entre mis manos
y esa muchacha triste,
la que eres,
me sonrío sin pena
y destellaste
como una pura
estrella que latiera. 

Amílcar Luis Blanco (Pintura de Anna Razumovskaya)

miércoles, 9 de mayo de 2018

EL TANGO DEL ADIÓS.



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Por fin, diste tu espalda de pebeta,
giraste a no volver,
te rebelaste como debe ser,
y no te sometiste al loco asceta,
engreído  narciso, por saber
que la vida es unión para la lucha,
esclarecida y mucha,
de los amantes y no la del no serse
propuesta por la luna
de la mala fortuna
puesta por él,  y el no comprometerse
un juego consumiéndose en su cuna.

Y él con la postura, con el duelo,
con el bailar en sombras y descalzo,
dibujando en el suelo,
solo, en pelo,
porteando entre tus muslos, 
mudo y falso,
torneados y fervientes,
mentirosos placeres,
el dibujo de un mundo dinerario, 
y de aguas calientes;
en realidad un río funerario 
de escuálidos enseres,
de suerte enloquecida,
jugándose en destellos,
al ademán enhiesto en sus cabellos
y lo por fin fugaz de la  partida.

La falta de conciencia fue al fin la despedida,
sin amor, sin palabras y sin ella.
Quedó la pantomima destruida.
En la mesa el aceite fuera de la botella
y en la mejilla el golpe que le dejó su herida.
Él fue el pirata vivo.  Le pegaba y  robaba
mientras ella subía al facebook de su vida
un  ser ideal, aquél con quien soñaba
y navegaba;
el de la triste, virginal pereza,
bebiendo su cerveza, 
aspirándose el porro,
fumándola en la pieza;
al que le dio su adiós y su socorro.

Amílcar Luis Blanco

domingo, 6 de mayo de 2018

EL DESLIZ




unidad

En la copa,
sediento de tu boca,
hoy me bebí el anís
de tu desliz.

La realidad llovía sobre nosotros a raudales
y nos habíamos desnudado de sus males.

El fino alcohol
de tu lascivia
me dejó en la saliva
el vano sol,
la anfibia
sensación de deriva.

Las ropas de los dos daban en los respaldos de las sillas
sensación de abandono, de cobijarnos hasta en las costillas.

Hablamos del amor
antes del beso,
antes de la succión
y del dolor;
del deseo,
tan brusco y tan ateo, 
y la obsesa atracción.

Vos pusiste la fiebre de tus manos de hada
la fiebre de tus ojos, tu estocada,
sobre la desnudez de mi mirada.
Y el dios que sancionaba la lujuria
nos dio un alivio de aceitada curia;
una ausencia formal y delicada.

De ese imán
tan venido de los huesos,
tan hambreado del pan
de nuestros besos,
contagiados de culpa,
de traiciones,
en cada palma se encendió la pulpa
que los dos perseguimos; dos sabuesos
buscándose en prohibidas emociones.

La angustia fue una sombra hueca y muda
y nos acorraló buscando ayuda.

Y bebimos los dos en ambas bocas
plurivalentes copas.
Ingresamos cual tímida pareja
en la promiscua y ancestral madeja
de genitalidad mortal y urente,
absurdos, embriagados de presente,
de este deseo hecho alcohol urgente.

Y fueron nuestras manos, nuestros ojos,
nuestros deseos solos, nuestros huesos,
los que pusieron ascuas en  el desliz de besos
y trabaron con vendas de brazos los antojos
que nos hicieron libres en instantes de ecos,
en instantes de abrazos y alcohol de nuestros cepos. 


Amílcar Luis Blanco (Pintura de Oswaldo Guayasamín)