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viernes, 28 de diciembre de 2012

Yehudi Menuhin "Violin Concerto D Major, op. 61" (1. Mov.) Beethoven








La luna siente celos del silencio
y las notas de cuerdas sobre cuerdas
conmueven el paisaje que aquerencio
para que no te pierdas.

El sonido, la música, desliza
la irrealidad jocunda en que amanezco
y bajo las distancias se precisa
tu rostro;  pasión en la que crezco.

Altiva te deslíes y deshaces
hecha volutas blancas en la luz
que se filtra en la sombra y en sus haces.
Eres mi aura mazda, eres mi Ormuz.


Un augural encaje de amargura
parece desprenderse del momento
en un limbo de pálida locura
el violín te construye y lo que siento.

Amílcar Luis Blanco

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Del pintor a la modelo o del poeta a la musa.























Puedes darme la espalda pero guardo tu imagen,
el pelo recogido, la copa en que bebiste,
la grupa, el anca, la visión distraída sobre el lienzo,
tus hombros, tus omóplatos, el talón que te muestra
y el empeine soldado casi a tu pantorrilla.

Puedes darme tu espalda, pero arderás en el fondo
agraz de mi retina de fauno enamorado
y en ella estarás siempre; siendo ninfa desnuda,  desvelando el sol de mi vigilia.
Aquélla solitaria que enamoraba el tiempo de mi vida, inspirándome versos, aunque fueran de trazos sobre lienzos,
haciéndose reclusa fiel de mis sentimientos
no puede ya extraviárseme,
no puede degradarse y convertirse
en cosa derruida o en un pasado muerto.

La elijo cada tarde, cada pluma de verso y cada soledad de pincel o cincel en raudo acuerdo
y ella me cabe en todos los instantes y universos
y su rostro y sus versos, escritos con su cuerpo,
su bienamado cuerpo, me llenan los instantes
ponen las plenitudes y los soles abiertos
para que se entrecrucen con las sombras, las cruces, los dolores, los cierzos,
las inquietas palomas que desde dinteles y cornisas inauguran los días.

Pero si tú me habitas yo te habito,
si estás en los silencios con los que escribo y pienso,
o quizá en los pinceles y colores y esfuerzos,
estaré en los detalles que impongas a tus versos.
Es tan fuerte la luz de mi deseo como claro tu acento;
Musa, Modelo, Ninfa, Sentimiento.
Amor, a puro Amor yo te dibujo y te escribo y te siento.

Amílcar Luis Blanco

Esclavo de la angustia.




Me inclino ante el recuerdo tenaz que te profeso.
Suelo ir a sus fuentes a visitar tus aguas, a estar entre tus cosas,
sintiéndome ese ser que entre otros te acompaña;
tus plantas en macetas y esos sitios pulidos por tus manos
o los lugares tibios a los que van tus ojos sin herirse,
o tal vez algún gato que interrumpe la tarde y te contempla
infundiendo el misterio bruno de sus pupilas desde las amarillas
gemas de sus latidos, convirtiendo en caricias los hábitos del tiempo;
en el alrededor invisible pero cierto que cada vez te inspira;
en la promesa abierta de las lejanías y los rincones,
lugares propiciatorios para las sombras y las formas
cuyos volúmenes se informan de presencias ausentes.

Allí suelo quedarme, a mirarte en silencio
mientras los nomeolvides llueven y se propagan
y los membrudos brazos de los árboles alzan
la intrepidez del cielo sediento de tus ojos
porque me siento entonces tu alrededor, el viento,
esa clara u oscura agitación del tiempo,
lo que te toca y anda ciñéndote los pasos
y mi procaz deseo de abrazarte hecho aire
se abalanza, hasta llora,  ungido de oquedades
y espacios sin medida ¡Crueldad de los abismos!
Pero entonces retorno a elegirme imposible,
detenido, impotente, esclavo de mi angustia.

Amílcar Luis Blanco

domingo, 23 de diciembre de 2012

NINFA



Ninfa, entre todas las de reunidas lunas,
las que danzan henchidas por los faunos
de ojos y de labios de la lujuria en celo.
Hembra bien elegida por la noche y los sueños.
¡Cómo gozo cuando leo tus versos!
Tus caminos, tus nervios, tus secretos fatales,
la luz que los alumbra, el escozor que anda
moviéndote los miembros, la sal que los imanta
hacia el fulgor que inunda mis retinas
con tu imagen de loba, seductora, elocuente,
impía sí, si quieres, recatada o lasciva.
¡Cuánta mujer en ti, cómo no enamorarme!
Haberte conocido fue contactar el fuego,
el fuego de la vida desatada, emoliente;
Musa, clara en amor, Nereida de mi sangre,
discurres en los márgenes del río de ese bosque
poblador de las noches pujadas de lujuria
y de serenas fauces y fervientes salivas
donde te hallo recóndita, cóncava y en barbecho,
dispuesta hacia la lucha que encastre nuestros cuerpos.

Amílcar Luis Blanco

LAS TAREAS.




























Cuando todo se acabe quedarán las tareas,
con sus tolvas repletas, sus espacios sin nadie,
las fervientes tareas, las humosas tareas,
pero ya no estaremos ni tú ni yo en ellas,
en su acción, su transcurso, su éxito o fracaso,
entonces desearemos contemplar a los ángeles,
ver formas desatadas, encontrar la belleza.
Y que otros encarnen la activa consistencia
sobre fondo de días y noches  y de  mundo;
en esa ajenidad amarán, darán frutos,
y huirán sin detenerse pero sin externarse
del ingente trabajo, los árduos menesteres.
Porque  cuerpos y mentes se imantan de labores
y aún cuando descansan, las máquinas del miedo
remueven sus poleas y levantan las bielas
y añaden sus rumores al silencio, incorporan,
a pequeños espasmos, un dolor que rezuma,
como una campanada en tímpanos enfermos;
una suerte de reuma que se extiende y habita
y anquilosa y oxida la esperanza y los sueños
en los cuerpos que ata a su silente noria
de tareas ingentes, urgentes y premiosas,
en el vasto hormiguero del trépano incesante.
En el vasto hormiguero, en su red sin preguntas,
cuando todo se acabe quedarán las tareas.

Amílcar Luis Blanco

lunes, 17 de diciembre de 2012

PARIR EL MUNDO (Alegoría sobre la Navidad)






























Parir el mundo casi se diría
bajo la luz tardía
de un vientre.
Fundar desde la luz toda belleza
casi para siempre.
Y en ese casi cabe
el átomo de adiós
la remembranza
y la siembra, el espíritu, la lanza
que habrá de perforar
la sombra, el fuego, el agua;
estola de soledad ya sin firmeza
para que todo falte o todo crezca
según el sueño o la naturaleza
y el futuro acontezca
ya por su impulso puro de saeta
asomado
al pasado
como si Dios, él mismo, nos espiara
desde la rajadura de una grieta,
o en fin como si todo aconteciera
en la perfecta nada
y a ella se volviera
en un juego de pulsos y de miedos
salidos del portal de unas caderas
hacia un campo de sólidos fantasmas;
mundo de ausencias y estridentes credos.

Amílcar Luis Blanco ("Estudio para el manto de Cristo" pintura de Celina Avril Tito Garrido)

domingo, 16 de diciembre de 2012

Sufro al sentir tus manos en mi sueño ...



Sufro al sentir tus manos en mi sueño,
manos sobre mi cuerpo, relajadas,
a deshacer mis nudos entregadas
hasta aflojar el rictus de mi ceño.

Su tacto  sobre el velo del ensueño
ardiente de mi sangre traccionada
por la máquina sórdida y pesada
de la culpa salaz y el no ser dueño

de olvidar para siempre tu mirada,
tus labios de madonna cincelada
y el yeguarizo alarde de tu empeño

me hacen soñar contigo y te desdeño
pues tu imagen vestal y desatada
quiebra en mí lo augural y lo halagüeño.

 Amílcar Luis Blanco

lunes, 10 de diciembre de 2012

LOS DINOSAURIOS





Venía el cortejo de crujientes saurios
y los dinosaurios
fumaban,
bebían
comían
y siempre engordaban.

A costillas tuyas,
a costillas mías
explotaban puyas
cuerpos y hasta orgías.
Compraban conciencias,
bebés, los robaban
y ejercían ciencias
y nos torturaban.

Y después mentían,
se metían
dentro
de su hipocrecía
y se disfrazaban
de gentes de centro.

Y todos de gente de bien disfrazados
para los trabajos,callados, mafiosos,
empleaban siempre los uniformados
y los acusaban después de asquerosos.-

Pero aparecían,
siempre aparecían,
con sus cueros duros y sus voces roncas
desde sus rencores,
sus miedos, sus broncas,
y sus resquemores.

Desde los discursos
y los diarios guías
y hoy en los recursos
y las policías.

Los dinos de siempre,
los dinos, los saurios,
juntan en diciembre,
sus aniversarios

Y aún cuando aparenten
estar en museos
siempre se aparecen
disfrazados siempre
como camafeos.-

Amilcar Luis Blanco


viernes, 7 de diciembre de 2012

EJERCER LA ESPERANZA


































Les recomiendo a todos ejercer la esperanza,
convertirla en rutina destructora de ocasos
y no bajar el alma ni descender los brazos
cuando la cruel desgracia aplaste la balanza.

Aliviarnos las culpas, hacia la holgada usanza
de abrir los horizontes de todos los fracasos,
alzándoles las frentes, cortándoles los lazos
y ser cual campesinos al sol de la labranza.

Disolver las penurias y dibujar los trazos
de una coreografía de jubilosa danza
en una unión de bríos y contundentes mazos

para partir los duelos y acrecer la confianza.
Porque si activamos la fe con nuestros pasos
la vida será cielo de ventura y bonanza.

Amílcar Luis Blanco (Pintura de Alex Ramírez)

jueves, 6 de diciembre de 2012

Estoy hecho de origen






























Estoy hecho de origen y donosura y niebla
¿Dónde te hallas amor?
¿En qué vanos o espejos de la frondosa espera?
Vislumbro en la distancia el ámbar de tus ojos,
tus ojos me atraviesan posados en mi instante
y embeben en alcoholes y lujos y distancias
mi recordarte avieso convertido en  abismo.
Y me llegan tus labios flameándose en un río
que transcurre y transcurre como el viento en las llamas.
De pronto una alegría me sube a la garganta
y es porque has sonreído  buscándome los ojos.

Pero ¿dónde? me digo. ¿A qué lugar del ansia
la ilusión me transporta remando transparente?
La sombra extiende ancas y grupas de misterio
que imitan tus volúmenes, tu densidad de cuerpo,
y me quedo al acecho aguardando tu aliento
anhelando meterme adentro de tu espera;
seguramente en ella podré guardar mi alma,
sin fiebre ni congoja con mi boca en tu seno
como un niño que apaga con su sed su tristeza
y se sacia de un gozo insaciable y perfecto.

Amílcar Luis Blanco(Madre amamantando a su hijo. Lilla Cabot Perry, 1906)

martes, 4 de diciembre de 2012

Siento tu nombre ...





Siento tu nombre porque está en el viento
y la senestesia de la miel de tus ojos
invade la penumbra  ocupando la noche más allá del océano
donde tu cuerpo yace sin mi cuerpo
y tus manos preguntan por mis manos
y tus labios me sueñan conectándose al beso que dibujan los míos
Veo las dos palabras que forman el tequiero
y tu rostro regresa pronunciándolas
Entonces el silencio arde de transparencia
y tu frente y tus ojos y tu boca y tu pelo
y sobre todo el cielo en que naciste alto y de cordillera
la arcilla palpitante de tu cuerpo
dilata el tiempo el aire lo que existe y todo te denuncia
como un limite claro e infinito.


Amílcar Luis Blanco

sábado, 1 de diciembre de 2012

SONETO AL AMOR CONTRARIADO.






























Nos buscamos, ridícula, desesperadamente,
en deseos, palabras,  cuerpos,  manos,  miradas.
Nos dividió el destino con vidas alejadas,
pero nos conocimos y  amamos locamente.

Y aún si todavía, sin estar frente a frente,
sin fundir nuestros labios, en vidas separadas,
a veces las vivimos de dolor contrariadas,
nos  consuela,  sí absurdo, nuestro amor, elocuente.

¿Por qué tan combustibles a esta pasión urgente,
cuyas ardientes llamas llagan sin ser tocadas,
soledad,  miedo, ansias y la distancia urente,

seguimos  marionetas del azar manejadas?
¿No podremos saciarnos esta sed sedicente,
amarnos si tenemos las almas entregadas?

Amílcar Luis Blanco


martes, 27 de noviembre de 2012

ENAMORÉMONOS



Enamorémonos en los días dotados de infinito
y naveguemos sobre preguntas construidas de eternidad
sobre el océano de los silencios y sus levantadas olas enemigas
Hagamos de nuestros torsos maderámenes de veleros
y arribemos a enormes puertos de espaldas acantiladas
y suaves molicies blandas y en sus grupas de arenas amarillas
dejemos que encallen largamente los cascos afilados de las penas

Que los dolores se aparten por fin y les digamos basta y detente y ya nunca
y obedezcan sus filas demacradas y sus cuerpos de sombras
Ellos albergan y reciben brasas heladas recogidas en los márgenes
de siberias de nieves abominables y bosques de vejámenes
y los guardan en sus vientres celosamente como diademas de fuegos
y haremos que los vomiten cruzándolos con las espadas de nuestros deseos
las energías de nuestras ganas invencibles erosionando hasta los céspedes
y árboles que cubren intemperies royéndolos con nuestra lascivia desatada

Enamorémonos en las tardes extendidas y violetas de septiembre
por las que la tibieza comienza a penetrar los taludes y esperpentos del frío
y va disolviendo poco a poco las tristezas hasta evaporarlas
y soplar las pálidas cenizas para dar paso a los volúmenes de la belleza
los “ángeles terribles” que Rilke sin dudar merodeaba
y mordía en sus pulpas de texturas salvajes para alejar la angustia de sus días
Enamorándonos habremos alejado las avalanchas del desdén circundante
hacia el  silbido mas remoto donde el silencio ensordece
porque abre la raíz de cada grito y lo sume en la velocidad máxima de la quietud.

Amílcar Luis Blanco

lunes, 26 de noviembre de 2012

Geraldin Rojas & Ezequiel Paludi Tango Patetico en Fruto Dulce Ene 12 1


Tus lágrimas
















Tus lágrimas pudieron con el miedo y es por eso que ahora
emerjo limpio de tu mirada como un hombre desnudo
apoyándome en fantasmas sólo visibles a las palomas o los benteveos
o los búhos y gorriones que van despoblando la luz de la tarde
Me gustaría entonces que me dijeras algo
me preguntaras por los días y noches de mi ausencia
por mi manera de haber visto los manteles y cubiertos sobre las mesas
y las últimas películas premiadas y destinadas al olvido
o el rugido del mar en las arenas contra las rocas blandas

Tu llanto  lavó de sombras sucias el cuerpo imaginado
coincidente sobre todo en ojeras y pestañas y axilas
con el que me persigue en el espejo y es un recio espía de mis preguntas
el manso ser escribidor de prolongadas intenciones
y manos apenas para llegar al ordenador de las ideas
el que solemos entregar a las acreencias de los cuervos inmunes al fracaso
pululando picando estableciendo tablas para medir una porción de cielo
Hizo de mar de olas tu melodioso llanto y pulió mis tristezas

Inútilmente oblicuos intrépidamente sabios de una ignorancia sutil
carcomas de las fruslerías bártulos y sarcomas de plata
de anillos inacabables y crecientes desde los amaneceres hasta los ocasos
pero siempre enamorándonos de mariposas centrales portadoras de primaveras
sumidas y asumidas en y por los neones y las propagandas en vídeos
y las pantallas voraces cuyas bocas comen de todas partes
y enloquecen el éter de radiaciones y tristezas cifradas en los raudos itinerarios de la luz
Sin embargo el fulgor compungido de tus lágrimas iluminó el destierro

Vuelvo al volver la tarde emerjo y me suplanto en el arrabal de los espectros
encendido de niebla y gasa gris de nebulosa esmerilando cristales a diestra y siniestra
dando palos de sombras contra sombras absurdo e irascible y virulento
haciendo las veces de los espantapájaros en las silenciosas soledades
hechas de puros pasadizos de vientos sin nadie contemplando los costados
solo y absurdo y mudo e invisible y virulento y esperando por siempre
las estrellas de agua redimente redoma del melodioso centro de tu llanto.


Amílcar Luis Blanco

martes, 20 de noviembre de 2012

Después del sueño








Después del sueño viene la montaña,
el engranaje frío y complicado
del tiempo y desenrolla su maraña
de acciones y palabras, lado a lado.

Después del sueño y en la luz tardía
de terco flanco, arden los objetos,
las metas, las propuestas y la fría
inercia del pesar los vuelve abyectos.

Después del sueño la vigilia oxida
las ganas de vivir la hueste ufana,
y enmohece y enerva  y deja herida

la eficacia posible, vuelve vana
la ilusión, la pasión y su salida;
después del sueño la álgida mañana.

Amílcar Luis Blanco (Pintura: "La soledad del tiempo" por Gustavo Boggia)

lunes, 19 de noviembre de 2012

Agotamiento del deseo

























Mi deseo se gasta, se oscurece;
igual a un horizonte de tormenta.
Amaina entre nosotros y ralenta
el impulso cordial y lo envilece.

Aún mi jurado amor se desvanece.
Mi voluntad de claridad se ausenta
y todo se hace turbio y se fragmenta;
la angustia nos divide y ensombrece.

El añorarte fulguró y decrece
y apaga en mi vigilia desatenta
la escasa luz de ti que permanece

en un rescoldo infiel y, turbulenta,
su antigua llama ahora desfallece
y se apaga y enfría y desalienta.-

Amílcar Luis Blanco  ("Máscaras" obra de Oswaldo Guayasamin)

jueves, 15 de noviembre de 2012

Soneto del amor imposible.





Una boca al revés bajo tu vientre;
un vórtice, un volcán de rojedad,
se ciñe a tu silueta y a tu peltre
de mujer que precisa saciedad.

Meter mi cuerpo entre tu excelso fuego,
en la temperatura de tu edad,
entrar en tus vaivenes sin sosiego,
sería mi mayor felicidad.

Y aún tu llama invisible me persigue
hurga en el sitio de mi soledad
y lame hasta mis tuétanos y exhibe

llagas de no tocarte y sed de tu humedad.
El tiempo y la distancia me desviven
me alejan de tu vida sin piedad.

Amílcar Luis Blanco ("Odalisca"  por Kiera Malone)

miércoles, 14 de noviembre de 2012

DESEO























Quiero que me desvistas y me beses
de afilada manera,
hecha un buril de sol, hecha un cuchillo
que limpiara de sombras la pradera.
Así podré mirarte y verte el brillo
de lasciva madona;
agua y luz en tu frente y en tus ojos
y el saber que si dejo de mirarlos
continuarán mirándome a su antojo
como si me estuvieran esperando.

Entonces, aunque llegues desde lejos
y sólo seas nostalgia,
sobre tu imagen hecha de reflejos
deslizaré mis palmas como bocas sedientas
en tus colinas, moras y regazo,
en caricias magnéticas y lentas
para sorber tu luna trazo a trazo.

Sentiré tu tersura de fiebre que contagia,
lo tibio de tu calma; esa seda sin lazo
del amor producido por la magia.
Daré amor y pasión, a la que fluyan
de nuestros cuatro labios y latiendo
besos de dos deseos que construyan
un tercer corazón que esté naciendo.

Amílcar Luis Blanco.

Nosotros





















“ …. Y el hombre, pobre el hombre, vuelve sus ojos como
cuando por sobre el hombro lo llama una palmada,
vuelve sus ojos locos y todo lo sufrido
se empoza como un charco de culpa en la mirada”

Cesar Vallejo “Los heraldos negros”


 Los hombres siempre sucios de quietismo,
como usted, como yo, como cualquiera;
nos exhibimos  mansos en la espera
de aguantar el morir, driblear su abismo.

No esquivamos el necio paroxismo
de vernos elegantes, bien por fuera,
aunque dentro nos falte el alma entera,
y aterrados finjamos con  cinismo.

La culpa nos carcome,  la frontera
mortal nos ronda en pálido exorcismo;
no acertamos romperla; su madera

ya nos cerró en su caja de mutismo
La nada que ya somos desespera,
se enmascara en inútil estoicismo.

Amílcar Luis Blanco

martes, 6 de noviembre de 2012

Echar de menos















Echar de menos verdaderamente;
restar a la corriente cotidiana,
al transcurso que somos, a la gana
de vivir y faltar; gestar lo ausente.

Nos vamos de los días, de un presente
que siempre fue; la rueca sólo hilvana
el invisible hilo del mañana
y el del adolecer hueco y silente.

Brota el agua y su fuerza no es la fuente;
surgir que la supone y la desgrana,
maternal, parturienta y emoliente.

Agua, fuente, pasión, sueño, nirvana
y una nada sumada a lo potente
que hasta el postrer latido nos devana.

Amílcar Luis Blanco  (Pintura "Halcones de la noche" por Edward Hooper)

lunes, 5 de noviembre de 2012

Lejano amor





















Lejano amor, de nuevo te visito,
quiero volver al sol de tus palabras
al lecho del papel y de las letras
escritas en el ordenador y trasmutadas
a la virtual pantalla en que dejamos
la débil esperanza de que un día
volvamos a encontrarnos como antes.

Siempre está la esperanza con terquedad de mula
en absurdo propósito de enmienda
enviando mensajes de un corazón a otro
a diestra y a siniestra su alocada veleta
su gallito guapeando contra el viento
ojos llegando al borde de tus ojos
sueño llegando al borde de tus sueños.

Lejano amor que dueles y anticipas
nuestro luto total la insalvable distancia
lo frugal del encuentro en la opulenta ausencia
desgranándose lenta desde cada minuto
dentro de la redoma del reloj de la arena
del desierto que filtra a través de la lágrima
y nos deja su rastro de ceniza invisible
para que alimentemos una rosa de sangre.

Amílcar Luis Blanco

sábado, 3 de noviembre de 2012

Tchaikovsky: Piano Concerto No.1 - Argerich&Dutoit/OSR(1973Live)

EL PUEBLO SOLITARIO
















































“En el solitario parque la sonora
copla borbollante del agua cantora
me guió a la fuente; la fuente vertía
sobre el blanco mármol su monotonía”

                          Antonio Machado


En las calles desiertas hay un aire sin nadie,
una extensión de ausencia creciendo hacia la sombra,
un nomeolvides lento, blanco, que se deslíe
sobre un banco en la plaza al que  la luna escombra.

En el alrededor ladran lejanos y mañidos los perros,
cruje el viento en las ramas y respira en pulmones de cerros.
Y la luminosidad de tanta noche cayendo torrencial en tanto hastío
da límites de abismo, pone infinita cárcel, al breve caserío,
en él  medra  ciudad,  escaso pueblo, de actitud de becerros.

Y en la torneada fuente de la plaza,
de mármol, un cupido desenlaza
una cinta de plata sin soltar
por la que serpentea un agua bruna
y sus manos sostienen un  risueño mirar
bajo una pátina de sombra y  luna
y el rumor en su luz parece hablar.

Un hombre gigantesco se levanta
camina, sin pisarlos, entre los edificios,
porta en sus manos argamasa en planta
hecha por la labor y los oficios.

En la oquedad se mueven los reflejos y hay inflexiones de una voz astral,
un murmullo de citas de hombres y mujeres, un bullicio ancestral,
un “deja vú” escondido tras los pinos, un signo, una pregunta seminal,
queriendo fecundar la lejanía, despejarla y abrirla, quitarle su cendal
hacer parir tanto silente absurdo, tanta apariencia trunca sin cesar.


Amilcar Luis Blanco  (Obra pictórica de Daniel Santoro)

miércoles, 31 de octubre de 2012

RECUÉRDAME











































Recuérdame en la luz en esos frescos
donde el azul el verde el amatista desgarran sus primores
y los reparten bajo el halo blanco del fulgor escondido
porque a ti se te dan esas virtudes teñidas por lo arcano
pinceladas por genios y ángeles y amantes mareados y dispersos
que abren cofres con joyas hechas de brasa pura de rubíes
y diamantes y algores y fiebres palpitantes de carnes en barbecho
Recuérdame en tus versos como surcos abiertos en la noche
y también en las tenues mariposas las lilas y las rosas en los tiestos
Y cuando el maridaje de la luna y el tiempo se vuelque entre las aguas
para rodearse del sigilo ausente y la menuda soledad y el frío
y haga jugar sus tímidas muñecas en un  juego desnudo y transparente
junto al rumor salobre que se ciñe alrededor de todos los encuentros
y así los dota de pasión y hastío y los pone entre ascuas y sedientos


Recuérdame entre todos tus amores como el mas imposible y encubierto
alejándome siempre en cada tramo de corazón voluntarioso y serio
en la rutina fiel de las palomas golondrinas leales que volvieron
volándose en las rimas desde Becquer al exhausto desierto
en las oscuras tardes que se extinguen iguales al olvido y al destierro
pues sólo al recordarme hecho de obras sagradas de paisajes y lienzos
habrás bebido el agua más profunda del profundo Leteo
cuyo color el mismo del café y los ojos negros borra la senectud abre esperanzas
da paso a otro entusiasmo a otro ensimismamiento
de rojizas manzanas descolgadas del árbol del deseo por el mañido viento
que sus ramas agita como brazos carente de memoria oxidado de culpas
golpeado por el cierzo la soledad  la lluvia la furia y el incienso
el sol ardiente la sombría sombra la nieve las patrañas del infierno
la impalpable ceniza que se anida en los rincones de la edad y la muerte
lo que nos gira en suma y siempre en disolvente absurdo al descubierto.

Amilcar Luis Blanco (Oleo del pintor Daniel Gerhartz)

domingo, 28 de octubre de 2012

Allí donde nos encontrábamos, desencontrábamos …





Allí en la pólvora sedienta de sus pasos
era donde mi suerte se derrumbaba cayendo al precipicio
allí donde la tuve mucho de no tenerla
y traté de exprimirle los siglos que la demudaban
En esa aurora sonrosada de sus sentimientos
ella cayó porque me esperaba
sin advertir mi corazón y las concéntricas corolas
que lo desangelaron capa a capa hasta dejarlo en agua de cebolla
Mientras ponía mi dedo en su llaga
y había una devoción de heridas flameando como banderas
indiferenciándose a lo largo del ruido de los trenes
cuando desaparecen en pos de itinerarios hacia la lejanía
y hay un tumulto terco golpeando la distancia

En multitud de cejas indefensas las noches caían como aceros
como tajos y atroces despertares y filos de hielo
y canoas de besos partidos y cuerpos convertidos en sombras sólidas
eran noches sin sueños ni descanso vejándonos a gritos
golpeándonos a palos de soledades y silencios
a penas contagiosas y a jugar sin resuellos a ser ciegos
a ser sordos y mudos guardándonos los gritos y las quejas
adentro de la carne y el dolor de la carne por no morir del todo
allí nos fuimos todos hasta ser devorados.

Amilcar Luis Blanco ("Los tanguistas" Oleo por Ángel Lochhart)

miércoles, 24 de octubre de 2012

SONETO A LA MUJER AMADA

































Yo quiero que tu quieras que te ame
porque eres el principio de mi mundo
El infinito sin cesar profundo
Inagotable fuente,  agua que lame

mi libertad total y mi derrame.
Mi ser es en tu ser y en él me hundo
Pero esa comunión en la que abundo
me devuelve al que soy ya sin reclame.

Tu mirada es el cielo del segundo,
del instante total en que lo infame
se redime del mal y quepo y cundo

en cada eco en que tu voz me llame
y haga comparecer en lo jocundo
en lo triste lo débil lo rotundo


Amilcar Luis Blanco (Retrato de mujer por Amadeo Modigliani)


martes, 23 de octubre de 2012

MILONGA DE MIS AMORES







La milonga me marea
y me enamora y delata
si la bailo con mi negra
y sobre su bruna tez
sólo una ligera bata
le cubre la desnudez.

Ella es una flor intensa
de noche primaveral.
Quiebra la cadera densa
ceñida por un cendal
y entre el vientre y la cintura
menea el centro y apura
tallos de luz y metal.

La oscura tez en sus labios
se vuelve canoa lila
deriva en luna y resabios
y navega en la tranquila
sincopa fiel del tambor
y en el menearse se afila
para después su calor.

Penumbra de rompe y raja
avivada por el fuego
del vaivén que se desgaja;
piernas y pies sin sosiego
viajan en la singladura
y hacen visible lo ciego,
la pasión de la ternura.


Amílcar Luis Blanco

sábado, 20 de octubre de 2012

Soneto de la luz y la penumbra





























Esto de atar el cielo a la penumbra
es un hábito triste y desmañado.
Bueno es vivir en paz e iluminado.
Acercarse a la dicha cuando alumbra.

Porque aquél que a las penas se acostumbra
vive para sufrir desconsolado
se enturbia él y enturbia al que a su lado
se esfuerza en dar placer y lo vislumbra.

Tratar de ser feliz y ser gozado
De sentir que la vida nos deslumbra
Buscar la luz y ser iluminado

Ser el fulgente rayo que se encumbra
E irradiarse sin fin desenlazado
De la sombra mortal que se columbra


Amílcar Luis Blanco  ("Como en la vida luces y sombras" Oleo de Imanol Basurto)

viernes, 19 de octubre de 2012

ROSA PRIMAVERAL























La rosa guarnecida por espinas
resplandece en color y las tijeras
sólo del hombre y fiel a sus maneras
podrían cortarla y convertirla en ruinas

Pues para  colibríes y golondrinas
antes que su sazón halle fronteras
Y se mustie su encanto y las pulseras
del invierno congelen sus resinas

ella arderá en encantos y sueñeras
fiel a su estilo de solapas finas
en pétalos, gualdrapas y viseras.


Haz tú igual que la rosa y entre fieras
tu desnudez ofrece y tus  colinas
siempre serán eternas primaveras.

Amílcar Luis Blanco ("La fuente de Sila" Oleo de Virginia García Costa)


miércoles, 17 de octubre de 2012

Canción para que una mujer madure de Leopoldo Marechal

Leopoldo Marechal
LeopoldoMarechal.jpg
Nacimiento11 de junio de 1900
Bandera de Argentina Buenos Aires,Argentina
Defunción26 de junio de 1970, 70 años
Bandera de Argentina Buenos Aires,Argentina
Ocupaciónpoetacuentista,dramaturgonovelista yensayista
NacionalidadBandera de Argentina Argentina
Período perdida de virginidad a los 13 años
Génerocuentonovela y poesía



Canción para que una mujer madure

¡Fruto nuevo, amasijo de tierra y de agua!
Cristalizó en el gajo más curvado del mundo
la sal de tu ternura.

¡Afilando puñales de sed,
trenzando los cabellos de una esperanza niña,
desvaneciendo sombras he cuidado tu rama!

Pastor de grandes cosas que se mueven,
yo conduje el rebaño de los días piafantes;
he visto cien mañanas con los picos abiertos
devorar la migaja de la última estrella
y tembló entre mis manos toda noche
como una yegua renegrida y ágil...

Yo hilvané con mis ansias una canción de cuna
para que se durmieran los cachorros del viento;
y alcé un espantapájaros de odio
sobre el campo frutal de tu sueño sin lágrimas.
Con las hebras del sol
has torcido el cordaje de tu risa.

En las enredaderas de tus voces incuba
sus tres huevos azules un pájaro de gracia...
¡La vida en tus talones es un giro de baile!

Te aferras al abierto pavorreal de los días
y le robas la pluma;
sabes abrir tu noche como un libro de estampas.

Y no sé si deshojas
la flor menguante de las lunas;
y no sé si libertas los luceros cautivos;
¡o si el verano salta de tus ojos iguales
a una lluvia con sol!

Tengo los dientes rotos de morder imposibles:
para ti guardan lechos de martirio mis brazos.
En mis dedos retoñan zarzales de caricias,..

¡Todas las noches naufragaban
en esta costa de mi anhelo!

Grabé tu nombre en todas las arenas del aire:
tu nombre es el perfume que buscaban mis años.

Redoblan los tambores de mi fiebre
largos llamados al otoño.

Has de llorar tus frutas
redondas como lágrimas...

Ensartare en el hilo de mi plegaria sorda
las cuentas de cien días y de cien noches;
¡y haré un collar de tiempo que te ciña!

Conduciré el rebaño de mis voces
por caminos que duerman bajo el opio del alba.

He de atar mis dos ojos a carros de vigilia
¡y haré un collar de tiempo que te ciña!
para que sea manso tu caer en un día
con fragancias de alcoba;
y para que en la noche de tu llanto
las estrellas más altas fructifiquen
entre la mano de los niños.

De "Días como flechas" 1926













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martes, 16 de octubre de 2012

La chifladura de recomenzar (Soneto)




Esto ya de exportar la chifladura,
transferirla sin dios y sin guitarra,
es partir a la luna y poner garra
afianzar el instinto y la locura.

Sorber los gardelitos de la parra
y fabricar un vino en la ternura
de la añoranza fiel que se depura
desde la cruel distancia sin amarra.

Es, desde luego, inocular bravura
un harakiri sin la cimitarra
vivir en la fantástica diablura.

Amar a lo argentino y en la barra
del sino equilibrar la calentura
que a fuerza de ausentarse se desgarra.


Amílcar Luis Blanco 

viernes, 12 de octubre de 2012

PENA MULATA (Poema homenaje a Chavela Vargas)





Pena mulata
que ata
su estandarte
a la amante 
yéndose ya 
en confusa barahunda
a la que ha 
profunda 
y verdaderamente amado
y esforzada se eleva por cantarte

Todo 
ella ha convocado  
para darte
un sentido una voz de cielo en fado
un estremecimiento desatado
y la pasión perspicua de su arte

Escucho esa “mulata
que se desata
bajo su bata
de broderie”

Y esa voz de la pena que la canta
y la sube en el aire y la sostiene
bien desde sus pulmones y garganta
Esa anciana de vívida frescura
en un filo de  luz corta la sombra
le deja su figura
y su desgarradura
Y es una gema y brilla y no se escombra
jamás como la estrella que fulgura
y aunque raspe las cuerdas su zozobra
en la garganta oscura
una recia ternura
le levanta la voz y la recobra.

Amílcar Luis Blanco

lunes, 8 de octubre de 2012

NOSTALGIA.-





La soledad se esfuma sobre el lento pocillo del café
Solo sentado entre la sombra fumo y pienso
ser yo mismo esa soledad que se explaya
desde mi y hacia mi como una marea de silencio sonoro
Exhalo el humo lo encolumno en mitad del negror
Afuera llueve y hace gris y llueve y me deleito
Evoco en mi tu rostro en la locura suelta de la tarde
en el retumbo oscuro de un tambor

Un chico grita el diario vespertino
Y tu rostro se agrieta y se me estira y ofrece espiralado
Luego tu torso y tu ángel esculpido en las volutas blancas
se eleva en el aroma sucio de nicotinas y silencios
Un lustrabotas lustra la capellada bruna de un zapato
de un señor de canas plateadas y de sonrisa blanca
Alguien entra al local y abre el bochinche del instante
del pasar de la calle de los autos y la lluvia y el viento

Tú eres mi memoria la que obsede la que corre el telón
La que sube a la escena cabal entre las mesas
Y tus piernas de nacar cruzadas deliciosas emergen de la barra
Y tus ojos me miran licenciosos me miran y me invitan y me llaman
Y tu garganta canta tu garganta y trasiega mi luz mientras te evoco
Y una lágrima asciende desde toda mi vida y me desborda
Y ahora ya soy tango y desconsuelo y huyo empantanado por tu ausencia.

Amílcar Luis Blanco.