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sábado, 3 de noviembre de 2012

EL PUEBLO SOLITARIO
















































“En el solitario parque la sonora
copla borbollante del agua cantora
me guió a la fuente; la fuente vertía
sobre el blanco mármol su monotonía”

                          Antonio Machado


En las calles desiertas hay un aire sin nadie,
una extensión de ausencia creciendo hacia la sombra,
un nomeolvides lento, blanco, que se deslíe
sobre un banco en la plaza al que  la luna escombra.

En el alrededor ladran lejanos y mañidos los perros,
cruje el viento en las ramas y respira en pulmones de cerros.
Y la luminosidad de tanta noche cayendo torrencial en tanto hastío
da límites de abismo, pone infinita cárcel, al breve caserío,
en él  medra  ciudad,  escaso pueblo, de actitud de becerros.

Y en la torneada fuente de la plaza,
de mármol, un cupido desenlaza
una cinta de plata sin soltar
por la que serpentea un agua bruna
y sus manos sostienen un  risueño mirar
bajo una pátina de sombra y  luna
y el rumor en su luz parece hablar.

Un hombre gigantesco se levanta
camina, sin pisarlos, entre los edificios,
porta en sus manos argamasa en planta
hecha por la labor y los oficios.

En la oquedad se mueven los reflejos y hay inflexiones de una voz astral,
un murmullo de citas de hombres y mujeres, un bullicio ancestral,
un “deja vú” escondido tras los pinos, un signo, una pregunta seminal,
queriendo fecundar la lejanía, despejarla y abrirla, quitarle su cendal
hacer parir tanto silente absurdo, tanta apariencia trunca sin cesar.


Amilcar Luis Blanco  (Obra pictórica de Daniel Santoro)