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domingo, 23 de diciembre de 2012

LAS TAREAS.




























Cuando todo se acabe quedarán las tareas,
con sus tolvas repletas, sus espacios sin nadie,
las fervientes tareas, las humosas tareas,
pero ya no estaremos ni tú ni yo en ellas,
en su acción, su transcurso, su éxito o fracaso,
entonces desearemos contemplar a los ángeles,
ver formas desatadas, encontrar la belleza.
Y que otros encarnen la activa consistencia
sobre fondo de días y noches  y de  mundo;
en esa ajenidad amarán, darán frutos,
y huirán sin detenerse pero sin externarse
del ingente trabajo, los árduos menesteres.
Porque  cuerpos y mentes se imantan de labores
y aún cuando descansan, las máquinas del miedo
remueven sus poleas y levantan las bielas
y añaden sus rumores al silencio, incorporan,
a pequeños espasmos, un dolor que rezuma,
como una campanada en tímpanos enfermos;
una suerte de reuma que se extiende y habita
y anquilosa y oxida la esperanza y los sueños
en los cuerpos que ata a su silente noria
de tareas ingentes, urgentes y premiosas,
en el vasto hormiguero del trépano incesante.
En el vasto hormiguero, en su red sin preguntas,
cuando todo se acabe quedarán las tareas.

Amílcar Luis Blanco