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miércoles, 26 de diciembre de 2012

Del pintor a la modelo o del poeta a la musa.























Puedes darme la espalda pero guardo tu imagen,
el pelo recogido, la copa en que bebiste,
la grupa, el anca, la visión distraída sobre el lienzo,
tus hombros, tus omóplatos, el talón que te muestra
y el empeine soldado casi a tu pantorrilla.

Puedes darme tu espalda, pero arderás en el fondo
agraz de mi retina de fauno enamorado
y en ella estarás siempre; siendo ninfa desnuda,  desvelando el sol de mi vigilia.
Aquélla solitaria que enamoraba el tiempo de mi vida, inspirándome versos, aunque fueran de trazos sobre lienzos,
haciéndose reclusa fiel de mis sentimientos
no puede ya extraviárseme,
no puede degradarse y convertirse
en cosa derruida o en un pasado muerto.

La elijo cada tarde, cada pluma de verso y cada soledad de pincel o cincel en raudo acuerdo
y ella me cabe en todos los instantes y universos
y su rostro y sus versos, escritos con su cuerpo,
su bienamado cuerpo, me llenan los instantes
ponen las plenitudes y los soles abiertos
para que se entrecrucen con las sombras, las cruces, los dolores, los cierzos,
las inquietas palomas que desde dinteles y cornisas inauguran los días.

Pero si tú me habitas yo te habito,
si estás en los silencios con los que escribo y pienso,
o quizá en los pinceles y colores y esfuerzos,
estaré en los detalles que impongas a tus versos.
Es tan fuerte la luz de mi deseo como claro tu acento;
Musa, Modelo, Ninfa, Sentimiento.
Amor, a puro Amor yo te dibujo y te escribo y te siento.

Amílcar Luis Blanco