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martes, 24 de noviembre de 2015

PARA LLEGAR A LA ESPERANZA




Habrá que dejarse de joder con tanta huida.
Habrá que dejarse de joder con tanta muerte,
tanto desasosiego, tanto andar distraído sin quererse.
Y este lidiar con el maldito miedo, con esta inadvertida desgracia mal parida.
Para llegar a la esperanza siempre habrá que dar manos y ojos,  dar la vida.
Hurgar la oscuridad, buscar en lo insaciable de la sed
y hacer el hoyo
en el fangal pantanoso de la hipocresía
donde todo se hunde y desaparece.
Perforar los contornos de la luz,  los volúmenes del espacio, 
sin densidad.
Habrá que ser así nomás, como se es sin ser a veces.
Usar más las manos para tocar y acariciar, los ojos para ver, 
la vida para sentir.
Y derrumbar la mentira.
Y desenterrar la verdad como una antigualla oscura,
muchas veces rehén de la opulencia. 
Pero actuando en pos de la ilusión, 
como quien milonguea ebrio en una noche clara.

Hay gotas de cristal y de colores,chafalonías que nos detienen,
agitándose en las muñecas de las mujeres que florecen desde los deseos sin ser ellas jamás,
escabulléndose.
Y hay también un brocal al que me asomo
a verme en el espejo de su fondo de sombra. 
Lluvias que me arrebatan del olvido.
Hogueras de nostalgias con llamas que evaporan mis ganas.
Vienen en caravana y repetidas desde ese no ser en el que somos. Desvanecen la paz que atesoran mis sueños.
Ensombrecen praderas de esperanza. 
Por eso habrá que dejarse de joder
con tanta huida,  tanta muerte, tanto disimulo,  tanta sombra, 
tanta, tanta, tanta.
Y darle a la memoria, darle y darle, como a la rueda de una noria.
Para llegar de nuevo a la esperanza, para llegar indemne a la esperanza.

Amilcar Luis Blanco ("Esperanza", pintura de Agnes Mateu)