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martes, 8 de diciembre de 2015

EL DOLOR




Hay un dolor yaciente,
un amor hecho ruinas.
Pechos, muslos, rodillas,
vida latiente y mansa
golpeando en las orillas
de la muerte.
Hay piedad y consuelo
grabados en objetos,
sobre tela,  en colores.

Baby sitter 
ficticia 
dando amor al dolor.
Al dolor que en Guernica 
no extinguirá ese llanto
que registró 
Picasso 
batallando en sus trazos
con el negro y el blanco 
sobre la tela blanca
bajo el ojo de neón 
de la lámpara 
insomne.

Compasión de una  joven 
sobre el desesperado
alzarse de unos brazos 
en un eterno grito
de impotencia sin freno 
por la inocencia en ayes
cortada por la hoz 
de una  muerte 
caida 
en andanada
que hubo asesinado 
la intensa mansedumbre.
Un hombre desde el arte 
clama contra la nada.

Quién pudiera estar siempre 
trasponiendo las sombras
y compensar tristezas agudas, 
sufrimientos de abismo,
sosteniendo, inculcando, 
intensísimo, 
amores.

Aquí la talla  dura 
lucha desde sus brazos 
contra la indiferencia 
de la Parca que llega 
amén de inesperada, 
insolente e injusta.

Queda la compasión 
por ese hijo dibujado, 
triste, 
precario; 
sólo un cartón y trazos lo contienen. 
Es el dolor representándose.
Un dolor que no cesa 
aunque el amor lo abrace.


Amílcar Luis Blanco ("Baby sitter" oleo sobre tela por Cesar Santos)