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sábado, 12 de diciembre de 2015

EL NUEVO CAMBALACHE




El burro con la mujer,
la mujer con el burro,
juegan a desnudarse
y a mezclarse.
Y hay días de hombre con burra
y burra con hombre
un poco obscenamente puestos
a pensar y dialogar
después de haberse mutuamente
disfrutado.

Ello sobre y entre más objetos
que una cama.
Entre el aparato de tevé y el de radio.
Entre el diario del día y el tráfago
del trabajo y la molicie,
del ocio y el negocio.

Mientras el frío los desnuda, 
y la ausencia los traba,
en un lugar en el que muchos tendrán nada
y pocos tendrán mucho
y en el que la paciencia de la honestidad
habrá engendrado de nuevo la insolencia
de la más abyecta ignorancia
de los muchos que tendrán nada
en homenaje a los pocos que tendrán mucho.

Un nuevo cambalache,
entre Dios y la historia,
burros,
hombres,
mujeres, 
objetos,
nos mezclamos con ardiente dinamismo.

Aquí, en esta Argentina,
donde la mayoría de nosotros
se tuteó con el miedo y la pobreza,
como pueblo o jauría,
como pueblo o manada,
como pueblo o cardumen,
como pueblo o bandada,
volvemos
a entronizar a nuestros verdugos.
¿Es posible?

¿Por qué no?
Para lograrlo se ha borrado 
toda la memoria del mal,
exigencia del merchandising
para la venta del viejo y nuevo producto.
Se han prometido nuevos bienes
anunciados con globos amarillos
por sobre las cabezas del gentío,
por entre las cabezas del gentío,
dentro de las cabezas del gentío.

Gentío
o jauría 
o manada
o cardumen
o bandada,
ladrándose,
mugiendo,
nadando,
posándose en objetos,
reciclando el pasado,
regresando a la niebla,
al mundo en el que muchos tienen poco
o nada
y pocos tienen mucho
o todo.

Entre pitos y flautas, 
entre flautas y pitos.
Y en ese bochinche, 
desfigurados,
desfigurándonos,
como suele decirse, 
como suele engañarse.
Detrás de las caretas de un nuevo carnaval
se ha borrado todita la memoria del mal.

Televisión 
y radio 
y diarios 
y revistas,
a voz en cuello, 
a imágenes en  ojo,
han defenestrado con el glamour
de sus glamorosas mentiras
a quienes ejercieron 
la paciencia de su honestidad.

Infectaron la paz con el agravio
de la mentira que luego
se transforma en sospecha.
Enfermaron la ilusión del que trabaja,
mimetizado en burro, pez o ave,
la esperanza del que sufre,
vale decir nosotros
y obtuvieron dividendos en votos.

Y ahora todos,
quienes no los votamos 
y ¿quienes los votaron?,
sumados en el mismo cambalache
bajo el poder de los objetos,
con educada inocencia,
con educada ingenuidad,
democráticas,
les deseamos que les vaya bien
y les pedimos, ¡por favor!,
que nos dejen llegar vivos
hasta la próxima elección
¡Por favor!

Amilcar Luis Blanco ("Dedicado a mi prometida", Pintura de Marc Chagall)