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miércoles, 21 de febrero de 2018

LA VIDA




Desde el líquido dentro
del maternal regazo ella se mueve
al primitivo centro,
donde hasta el peso  leve
pesará con angustia en cada paso,
porque habrá despedida
y, audaz, habrá un sentido
y habrá también por caso
el dolor de la herida
al enfrentar un mal no prevenido
que traicione el valor de lo aprendido
en la lejana escuela
o en el hogar donde la madre anota
y el peligro desvela
al padre vigilando la derrota.
Aún su amor no habrá de sustraernos
del albo sufrimiento y la rutina,
de ingresar a los tórridos avernos
y en cuerpo y alma padecer la ruina.

El tiempo nos marchita,
seca nuestra ilusión y pone ausente
en la soñada cita,
pero nos da un presente
en la odiada desgracia y en la cuita.
Menudo desencuentro,
cada vez que desflagra la alegría
y el alma queda hueca,
destruida por dentro,
como una sinfonía,
cual sin hilo una rueca,
que quedase sin notas ni armonía.
La vida es una suerte dislocada
de caminos diversos,
de profundos fracasos;
una ciudad antigua y habitada
por varios universos
de incalculables trazos
donde la muerte acecha en su morada.

Amilcar Luis Blanco (Pintura de Gustave Klimt)