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sábado, 12 de mayo de 2018

RECUERDO



Esta ternura de arrabal inquieto,
de almacén, empedrado y calesita
perdura en mi visión. La necesita
mi alma cuando abreva en su secreto.
Niño, montado en un caballo quieto,
alargaba mi mano a una sortija
que otra mano agitaba en la manija;
la del calesitero que hacía el reto.
Sortija,  ala de sol en mano, plata.
Volvedor resplandor que se desata
Antigua competencia. Calendario.
Juego iniciando el fuego de un calvario.
El del azar, que en torbellino trata
de vencer nuestro anhelo libertario.
Aquél calesitero, en vano arreo, 
sumándose a mi nana, a la contrita
mano que en otra mano deposita
la confianza de ser, ansia, deseo,
adelantaba a veces mi esperanza
de una fortuna esquiva, un camafeo,
dándome la sortija y mi deseo.

Amílcar Luis Blanco (Foto de Juan Carlos Casas)