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viernes, 16 de julio de 2010

LEY DE MATRIMONIO IGUALITARIO.- En realidad, muchas veces, disgustado con mi realidad circundante, me he dicho que si pudiera me zambulliría en un cuento de Roberto Arlt para cambiar de vida, mundo, país, destino, biografía. Todo lo que puedo hacer es leerlo para participar, como espectador invisible y descomprometido, de las vicisitudes que sus ficciones proponen. A partir de la sanción en el día de ayer de la ley de matrimonio igualitario me he metido en un país diferente. Un país que acepta sus contradicciones, se pone a convivir con ellas, y, por eso, hace recordar a un mundo de ficción, casi mitológico; como si se tratara de la antigua Roma, de la que Fustel de Coulanges cuenta que creció y llegó a ser ecuménica porque aceptó todas las religiones de las tribus vecinas al Lacio que circundaron a los etruscos. Que mañana se consagre, autorice y legisle el matrimonio poligámico que algunas religiones, como la musulmana, permiten; que se habilite la poliandria, o sea la unión de una mujer con mas de un hombre y, sobre todo, que exista protección legal para los contrayentes y la progenie, revelará que los seres humanos hemos aumentado nuestra inteligencia y también nuestra capacidad para ser felices. Cada vez discriminaremos menos y seremos más tolerantes y solidarios. Habremos aprendido tal vez el sentido profundo del amor que, por supuesto, no significa ni ha significado jamás perversión, desenfreno, mentira, frivolidad, inescrupulosidad o cinismo, como la mayoría de pervertidos, libertinos, mentirosos, frívolos, inescrupulosos y cínicos vergonzantes creen. En realidad, los que clandestinamente practican conductas que serían delictivas aún con las leyes más tolerantes e igualitarias, no se sentirán cómodos con este nuevo país en el que tendrán que aprender un nuevo alfabeto para ellos, el de la honestidad.
No estoy diciendo que todos los que se han opuesto a la vigencia de la nueva norma no sean honestos, pero irremisiblemente, para mí, todos ellos, honestos y deshonestos, ahora, ya, deberían reconocer que han estado o están equivocados. Los apegados al dogma religioso, porque nadie ni nada les impedirá seguir tomando el matrimonio como lo vinieron haciendo hasta ahora, ya que no estarán obligados a casarse con personas de su mismo sexo sólo ante el Registro Civil. Los que defienden la procreación heterosexual, porque la especie se seguirá propagando, a despecho de nuevas alternativas, en la generalidad de los casos, del mismo modo. Los que reniegan de la fertilización asistida porque si el ser humano así concebido, ya mayor de edad, quisiere conocer su filiación genética, nada le impedirá ejercer ante la Justicia esta acción que es imprescriptible. Los que, como Mirtha Legrand, se preguntan si las parejas homosexuales están constituidas por violadores seriales, que adoptan niños para violarlos, porque descubrirán que las violaciones a las conciencias cometidas por los estúpidos con poder como ella, mucho más significativas que las de los cuerpos, serán cuantitativamente menores. Por todo eso ¡Arriba Argentina!