Google+ Badge

Google+ Followers

Seguidores

Translate

jueves, 3 de enero de 2013

LA SIRENA






¿Quién proyectaba luz en mis silencios?
Esa presencia impúdica, salvadora, de puerto,
al que llegan gaviotas y tras las marejadas
desde su vuelo siguen universos.

¿Quién, ascenso de  lánguidas pestañas,
alzaba el horizonte y detenía el viento?
Diosa o vestal, cautivo de su aliento,
echaba mi sopor sobre cuerdas y lienzos.

Marinero en el borde de océanicas pupilas
volvía de las olas y las noches,
el oído batido y turbulento,
y arrojaba en sus piernas mis desdichas.

Amante aurea, sirena brotada de la angustia del agua,
del retorcimiento bermejo de las ondas en los ocasos,
infundiéndome la turbulencia pesada
y enseguida la ligereza de los vacíos en las corrientes.

Y sobre todo luz en los silencios ensordecedores
en los que todo es víspera de encuentros
y mi ser la vigilia tensa, erecto entre sus muslos trabajosos,
tendido bajo el arco de sus turgentes pechos.

Y todavía ardía su inocencia, la ingenuidad altiva de su magia,
en un cofre de ancas y de grupa sumidas en escamas
porque ella imaginaba ser mi amante sirena
y en el secreto de su cuerpo entraba como en una caverna.

Amílcar Luis Blanco (Pintura de Dante Giancolla)