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miércoles, 21 de septiembre de 2016

BACANTES





Yo no puedo hacer nada
con tanta vida suelta y descocada.
Hay complicaciones esperándome en la puerta.
Antiguas, nuevas, complicaciones siempre.
Hay algo/ un aire hirsuto y no se muestra,
no asoma suficiente mente /el gesto el presagio
la cara, el nomeolvides enhiesto, la mampara
y el rastro de la tristeza color gris /olor a ajo.

Hay una sucesión soñada de detalles.
Viniendo en pos de mi / un ejército de fantasmas.
Una arrogancia de alamares y fiestas
propagándose entre famélicas bacantes
de piel seráfica/y obseden/y castigan/y demuelen.
Entre las flores de sus manos y sus besos al aire
sus ojos absorbentes no dejan de mirarse y de mirarme.
Enarbolan cuerpos en cornisas y gárgolas.
Zigzaguean entre las sombras y centellean y encandilan.

El pérfido testigo de las noches se sonríe y se rie
porque todo lo puede a carcajadas/ a horcajadas y arcadas.
El pérfido testigo de las noches se emborracha de sí mismo
espejándose en ellas/serpentea y gotea liquidado/ hecho trago.
Cae con frescura de palmera sobre oropeles y pétalos.
Cae mórbido movido sobre las carnes mórbidas latientes
de mujeres ardientes, labios abiertos, trémulos, absorbentes.
El fauno, sátiro, cuya pelambre crece, cada vez más lascivo.
Y cada vez más terco y suficiente, encaramado,
hundiéndose en los cálices/ su tallo lastimado por ménades
danzantes sucesivas/ en vórtices vertiginosos de piernas
y muslos pantorrillas nalgas senos /hombros bronces de Venus.

Amílcar Luis Blanco ("Las bacantes", ilustración por Ernest Bieler)