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lunes, 28 de noviembre de 2016

REMEMBRANZA








Aquélla juventud que fuimos todos
hoy llora así desnuda lentamente.
Ha quedado en los sitios de un presente
recordado y constante en varios modos.
Nuestros padres poniéndonos apodos,
enseñándonos pasos para alzar lo inmanente
de nuestro ser frugal y adolescente
abriéndose a horizontes de mundanos recodos.
Las fotos de las sales en las risas.
Las sobremesas dulces. Lejanas navidades.
Las playas y los sórdidos portales
del volver a los libros y algunos a las misas
exornándose a cuestas de miedos y de prisas
hoy reunidas en lágrimas fatales.
Llorar porque se siente lo perdido
pero guardar el llanto en menuda congoja
hundirlo en lo inconsciente del sueño y en la floja
musculación del cuerpo sin sonido.
Cuerpo como campana sin sentido
caida entre los tallos cubiertos por las hojas
de los días, los años, del tiempo ya vivido
que va mutando a tierras aún latientes y rojas.
Y llorar justo ahora cuando nos queda llanto,
cuando nos queda vida y pasión todavía.
Una pasión que muerde la memoria y el canto;
una chispa entre sombras que se enfría.

Amilcar Luis Blanco (Pintura de Daniel Lezama)