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martes, 28 de febrero de 2017

L.A MARCHA POPULAR



Mezclábanse en tangos, 
en calles, 
aceras
y hombros y manos,
en ruidos y penas,
en cielos abiertos, 
cerrados, 
en sólidos frentes,
en vanos silencios, 
hartas soledades, 
genuinos encuentros,
en cien arrabales, 
en notas perdidas 
y voces y gritos.
Uníanse apenas las duras espaldas, 
los cándidos pechos,
las muelas feroces, 
las sórdidas metas, 
los  arduos metales,
las frentes que sueñan.
Y todos marchaban todas las mañanas,
ponían las manos, los hombros, los brazos,
despiertos, dormidos, zumbando y andando,
pisando veredas y calles y andenes
siempre suspirando, siempre suspirados,
sosteniendo sueños, 
bordeando el abismo del hambre,
paladar abierto, 
abrupta cornisa de una cordillera
cada vez más rancia, 
cercana, 
profunda, 
voraz,
traicionera, 
ceñida por ciegos, vagos uniformes
de la policía que cuida desbordes
y cela emociones
y cuida de ricos ricas ambiciones.
Y todos marchaban 
o parados, 
quietos, 
dentro de los trenes,
dentro de los subtes 
y los colectivos que los transportaban,
iban hacia dueños que los explotaban,
iban hacia sueños que nunca alcanzaban,
eludiendo miedos, 
angustias, 
pasiones 
y perdiendo vida,
libertad, 
posibles 
y amenas
y siempre sensibles 
posibilidades.
Detrás del trabajo
marcha el pueblo unido
y zumba en colmena,
zumba en hormiguero
Necesita el aire,
el sueño,
el dinero.
Y vendrá a buscarlo
Y vendrá a buscarlo.
Aunque no lo encuentre
Impondrá sus manos, 
sus hombros, 
sus brazos,
aunque se desmembre,
aunque se transforme
en legión de sombras
una muchedumbre
de latiente sangre
confluirá con ellos.

Amílcar Luis Blanco ("Manifestación", oleo sobre tela de Antonio Berni)