
Enterrada su pena en la mirada bruna
sus pasos y meneos crecen para olvidarla.
La milonga diluye su ceño al liberarla
del filo de una daga bajo una luz de luna.
Olvido de su padre manchándole la cuna
con sangre de su madre infiel al ultimarla
y matarle en origen el amor de cuidarla,
tan dispar del venéreo como el mar de la puna.
No hubo piedad siquiera para su edad de sueños.
Y cegado aquél macho por su hombría ultrajada
asesinó una madre, gestó orfandad golpeada
en esa hija de indio y de negra sin dueños,
preñándola en dolores y cautivos empeños,
dejándola en milonga de olvido y puñalada.
Amílcar Luis Blanco (Pintura de Jeremy Worst)
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