La libertad le fluye de las piernas, de su andar
de gacela que altiva y sigilosa aligera la tarde.
Una brisa levanta su pollera. Un alarde
del aire hecho de sombras y claridad de mar.
Mi mirada persigue, hasta modula, su ágil caminar.
Su caderas me mecen hacia un ocaso y arde
el gris de una neblina que me vuelve cobarde
me cierra la garganta y no me deja hablar.
Ella me ha enmudecido. Mi mente es ansiedad
sobre su grupa y cae sobre sus nalgas.
Ha colapsado mi brío. Sólo queda mi edad.
Ella me lleva abajo y me deja entre algas
mudo, ciego y anfibio bajo labiales valvas,
infinitas arenas de cielo y soledad.
Amílcar Luis Blanco (Pintura de Víctor Bauer)
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