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viernes, 23 de diciembre de 2011

DESNUDA




Desnuda, sin cesar, sobre la arena,
imagino tu cuerpo incontenible
y paralelo al mar, pero accesible
al ardiente deseo; muda y plena.

Una cauta pantera que cercena
su mirada feroz, su fuego audible
y un prurito de cielo irresistible;
sólo del celo puesto en la cadena.

Te imagino esperándome, morena
de tanto sexo agudo y compungible;
oscureciéndose tu tez toda azucena.

Latiendo en un voraz e irreductible
apetito; en el centro de una pena
hecha de ausencia dura, insostenible.



Amílcar Luis Blanco (Pinturas de Ivor Henry Thomas Hele)





















miércoles, 21 de diciembre de 2011

Ese darnos la espalda






"Los hombres, a collares sin filamento,
han perdido el amarse o bien se lo utiliza
para confeccionar afiches..."
Amílcar Ovidio Blanco


Hechos de sombra, de pasión, de olvido,
sin amarnos, ahitos de distancias,
naufragamos en huecas arrogancias
a órbitas de abismos sin sentido.

El sufrir de vivir y haber vivido,
desarrolla en nosotros las vacancias;
nos deja temerosos y sin ansias
de escucharnos, aislados en el ruido

de insustanciales fastos y ganancias,
charlas, negocios. Todo entretejido
con duelos, soledades y fragancias.

Y ese darnos la espalda sin sonido,
sombríos; y aún desnudos, sin flagrancias
de dar un ser, por siempre, desasido.-

Amílcar Luis Blanco ( "Gala de espaldas", pintura de Salvador Dalí)

sábado, 17 de diciembre de 2011

PALERMO, BUENOS AIRES










Perfecto es este bosque que sin cesar se vierte
en un panal de olvido creciente que pervierte
la Ciudad que pretende dominar el sentido
del humo, los humores, el puerto y el sonido.
Y estos parques que fueran un lodazal vacío
de lechuzas, chimangos y palomas con frío
hoy conforman pulmones alveolados y agrestes
y oxigenan las tardes y las emanaciones
de incinerados restos y basuras y pestes
que la ciudad produce en densas poluciones.
Esta urbe que hierve cual cangrejal umbrío
habitado por gente echada y bienvenida
alimenta mis ganas con sus cursos de río,
lustra las sequedades y grietas de la vida
y destellos de plata hechos de fango y fuego.
Limita con la luna y con la despedida
y la lucha que libran la pasión y el sosiego.

Amílcar Luis Blanco (Fotografía de Palermo, Rosedal, Buenos Aires)

jueves, 15 de diciembre de 2011

LOS AMANTES








Los amantes se ciernen en resabios
de sí mismos, desnudos, se devoran.
Se toman de los bordes de los labios,
de las manos, los hombros; se atesoran.

Abriéndose las carnes en barbecho
y encendiendo en los vientres sus fulgores,
se besan desde elásticos temblores,
se tensan como arcos contrahechos.

Desde bocas sedientas, lenguas y paladares,
sobre cuellos y espaldas, sobre muslos y glúteos,
en sus nalgas, tobillos, como dos animales
segregan las salivas y los sudores mutuos.

En posturas de cisnes, en sábanas y lechos,
vertiéndose, se eyectan sus tibias emulsiones
Y respiran airosos sus abrasivos pechos
después de haberse ungido de trémulas pasiones.



Amílcar Luis Blanco (Pintura, "Los amantes" "The lovers" by Valezka)

miércoles, 14 de diciembre de 2011

ANTES, BEFORE


Antes, cuando las olas se desenrrollaban en piernas de mujeres
hechas de encajes de espuma y transparencias
para atrapar las rojas rocas de mi carne y envolverla
y convertirla en cieno o en arena
y darle la apatía orgullosa de la sal y del yodo
repartiéndose el aire, vestidos de esplendor y madrugada,
before o fareway entre las horas
y las explosiones de sollozos sobre los relojes de sol
en ansiedades que ocupaban a pleno la sinfonía del paladar y la garganta.

Antes, cuando estaba en el día sin palabras,
transido de horizontes,
libre como una sucesión de pájaros,
absurdo como las caídas caprichosas.
Subiéndome siempre a mi destino;
ese tren de largos vagones que pasan
no se sabe hacia donde,
desnudo, insatisfecho, tiritando.



Antes, sumido en la tiniebla,
en el recuerdo de un muérdago
hermano de cipreses que constelaban los confines,
esperando respuestas en las cifras de los balcones y las plazas;
en las salas de los cines, solo con otros solos,
viviendo igual al "deja vu" de haber vivido,
ignorando las ausencias de quienes me acompañaban,
desnudo dentro de mis vergüenzas,
ardiendo en la fogata de mis esperanzas
y enviando ataúdes con esperma hacia la austral ceniza
que no cesa de crecer en si misma.



Antes.
De un antes imposible.
En la vaguedad palpable de los días
uniéndose a mis guitarras de silencio
y a la asombrosa forma de mis manos
cerniéndose de nubes alteradas en los arcos de la luz,
en los precipicios de las miradas
y en las alcuzas que todavía se vuelcan hacia genios solícitos
sin recibir a nadie, ni producir resabios de antesalas.



Antes,
hecho imposible piedra y mariposa,
jugando a ser el mismo, a permanecer en la fidelidad de las palabras
y dejarme llevar por las metamorfosis de los celuloides
y los cambios de humor de los rayos catódicos;
esos glaucomas tristes de los televisores,
proveedores de cegueras colectivas y anuncios de dentífricos
apagándose en las nieblas woodyallinescas de un Mannhatan,
todavía milagrosamente corazonado y con olor a puerto.



Antes.
Digo en el anterior ciclo de infante jardinero
y jovenzuelo sin cosquillas de adioses que inquietaran mis cuerpos,
dándolos a las siestas y los sueños y mutándolos
aspirando a que lleguen a serme un solo hombre,
un solo cuerpo, una irrefutable vida para todos
una ola de impulso inacabable que en mar me convirtiese;
en Poseidón eterno que abarcase lo amargo, lo salado, lo protervo.
Antes, en ese tiempo abstracto que no existió jamás
ni existirá tampoco porque lo voy borrando
con la creciente sombra de mi ahora hacia el poniente imperturbable
de estos días que penden como ropas colgadas que se secan al viento.



Amilcar Luis Blanco (Pintura "Stormy seas" de Bob Ross)

martes, 13 de diciembre de 2011

BESOS DE AMANTES



Besos puestos en ascuas en las bocas;
en la sed, en el ansia, suspendiendo
la vida en el instante sido; siendo
de labios contra dientes como copas.

Besos rojos de tiernas y de locas
apasionadas sangres, encendiendo
los nervios y los músculos, trayendo
aguas para pungir piedras y estopas.

Ósculos de las carnes ocurriendo
en altares sin ostias, entre pocas
aberturas de luz y apareciendo

entre vitrauxs y cúpulas, sin ropas
que les cubran pudores. Esplendiendo
como blandos rubíes entre rocas.



Amílcar Luis Blanco (Fotografía por Sarah Harris)

domingo, 11 de diciembre de 2011

Manejando en la noche





Escondido en la tierra como raíz desnuda
y en el aire y la sombra como un tallo
soy el árbol que quiere su verdura
o el desmañado espectro de un caballo
que quiere del galope su soltura;
y eso porque consciente de que avanzo
me enclavo en lo profundo de mi asiento.

Para quererme bien está la luna,
su argumento de blanco;
el almidón que tiñe la espesura
y esos parantes, patas de flamenco,
que paran el desierto a los costados
o lo ponen en luz y movimiento.

O tal vez, el albor, la madrugada;
esos bordes o labios o fronteras,
besándose entre cielos y distancias,
ese latir de estrellas gemebundas,
mientras guío al volante mi automóvil
preso de mi ensimismamiento.

Manejo entre la noche y el desierto,
entre el dormir ajeno y la vigilia
de mis ojos abiertos;
sedientos de la fina madrugada
y del frescor altivo que se alza
como un licor de rosas en el viento.

Hasta voy perfumado yo diría
Hay un alcohol puliéndose en el aire,
limpiándole la médula al silencio
y un amor de jazmín y de azahares,
volcándose, saliéndose, y lo siento
Contengo el galopar de los latidos
Mi corazón abarca mis sentidos
y reina, en su extensión, mis sentimientos.

Amílcar Luis Blanco