Acaso Verdad ¿existes de veras
y trás tanto sofisma y fingimiento
asomas raudamente el sol de tu escarmiento
para darnos tu luz ya sin fronteras?
Acaso, airada mano, desesperas
por golpearnos las máscaras sin cuento
para desmoronar el paramento
de nuestras miserables anteojeras.
Esquivamos, sin duda cautelamos,
el resplandor que tu fulgor acrece
y huimos hechos sombras si amanece
tu sol en nuestros yerros y birlamos
corazones, memorias, porque escuece
en tu terrible fuego lo que amamos.
Amílcar Luis Blanco ("Retrato del Dr. Gadget" pintura de Vincent Van Gogh)
La lágrima en el centro de la carne.
La lágrima en el centro de la tierra.
Y discurriendo fiel por la mejilla
ya sintiéndose gota solamente
ya confundida en lluvia compañera.
La lágrima temblando
y el lacrimal abierto
como una huella de húmedo cuchillo
y en alas compungidas
convertidas en almas transparentes.
Ay! esa cavidad donde las horas
resbalan acuanosas y convergen
con la ansiedad crispada en la garganta
cuando suelta la pálida impotencia
el ser el río, el agua, la congoja,
de un torrente que nunca se detiene.
Amílcar Luis Blanco
Gatos habrá que miren por su gloria
con ojos amarillos y esmeraldas,
de pelajes oscuros, blancos, gualdas,
calculando la magia de su historia.
Gatos de matemática memoria,
calculando las cifras, las guirnaldas,
de ratas que, ganándoles espaldas,
lleguen hasta su cueva transitoria.
Mimos en sus suavísimos pelajes,
con sus ásperas lenguas, nuestras yemas,
intercambian cariños con paisajes
de domésticas faldas sin problemas.
Porque al verlos elásticos, en viajes,
con ellos asaltamos, luces, puentes, diademas.
Amilcar Luis Blanco ( "La gioconda como gata", acrílico de
Romero Britto)
Eso, lo fantasmático,
lo ignoto,
lo que se va de foco
y nos vuelve borrosos,
nos hace inexistentes.
Y está el azul,
el negro, el amarillo,
nos va superponiendo,
desdoblando,
nos hace inconsistentes.
Eso, licuefacción
y diáspora constante.
La colección de posters,
lo que llega y se vuela,
nos hace apenas una lágrima.
Amílcar Luis Blanco (Pintura de Henry Matisse)
Ese pedazo de odio grisáceo que te llega.
del celular, el facebook o el whatsapp
en realidad a otros sueño azul les agrega
y formatea en tristeza el curso de tu azar.
Un uso suculento de tu número juega
y el rico lo devora, se nutre de tu clan
y vierte en su dulzura lo amargo de su plan.
Para ellos te instrumenta suma y (s)ciega.
Por eso como dicen los sabios de la calle,
"tomá mate y avivate . . ." Frate,
Abandoná la tele y la radio. Que estalle
tanta mentira a diario, leé la realidad. Rajate.
Dejá de ser borrego,
de aceptar la impostura que te abate.
Y entonces, al sumar tu desapego,
sus esquirlas de cielo, transparentes, su embate
esfumarán el gris de la tristeza, Frate,
en su menudo fuego.
Amilcar Luis Blanco ("Desocupados", pintura de Antonio Berni)
Ese señor de alma transparente,
vida inconmensurable y soberana,
persigue a cada instante su nirvana
y el horizonte pasa por su frente.
Y ese horizonte, inagotable fuente
de su ilusión, en la ilusión le gana
un tiempo de estructura sobrehumana,
ciego al temor, escualido y urgente.
Tiempo horizonte, absurdo cotidiano
yendo desde su frente a cada mano
para sentir las ruinas y desgracias
de una otredad de aciagas eficacias
labradas entre duelos en el llano
del azar, la intemperie y el desgano.
Amílcar Luis Blanco (Pintura de Oswaldo Guayasamín)
Silencio en negro, gris y blanco.
Silencio en negro.
Roido de los ojos hasta el alma
de silencio raido
ya más allá del humo y del estruendo,
ya más allá del ruido.
Trépano de motor de bombarderos.
Estallido en fragmentos de plomos insolentes
usurpando los cuerpos,
separándoles sus vidas
y sesgando las carnes y cortando los ojos,
estupefactos, circulares,
ya de tan blancos, negros dando rojos.
¡Ay la lluvia de plomo que aniquila
y separa los cuerpos de sus vidas
y deja soledades,
sombras y soledades malheridas!
¡Ay el flaco dibujo del caballo frustrado.
Bajo la luz de hogar de una bombilla
la madre y aun el niño tan sediento de madre,
la niña rota en nunca tan ausente de padre!
Y el dolor hostigando, percutiendo,
dentro del alma misma del silencio.
Y llanto, llanto y llanto
por los perennes desencuentros.
Toda esa multitud desguarnecida,
de intimidad augusta ya ultrajada,
ya partida en pedazos que se quejan,
en trozos de emociones desunidas.
¡Ay dolor, ay dolor que tanto dueles
y dolerás por siempre,
sufiente y más sufriente
en el silente pozo en el que yaces,
en esa muerte para nunca henchida!
Amilcar Luis Blanco ("Guernica" de Pablo Picasso)