Seguidores

Translate

jueves, 7 de marzo de 2019

QUIEN



Resultado de imagen para pinturas de diana dowek

Quien se disfraza de ángel.
Quien de nadie.
Y quien con alma rota y apellido
o con el cuerpo roto y alma rota
deambula por las calles sin sentido
o se pone a dormir ya sin sus alas
sobre dolores, vanos o barandas,
como si fuera un pájaro cansado.

Y la ciudad se yergue a sus espaldas
como un gigante  turbio que despierta
juntando sus pedazos,
juntando sus iglesias y sus plazas,
sus edificios de quinientos pisos,
sus canteros y lobbies
y sus atrios que esplenden con las lunas
y abren en jardines sus espacios. 

Quien se ha  vuelto ya loco.
Quien no sabe qué pasa.
Quien se pasa.
Hay alguien y son muchos
los que andan.
Otros quienes
tirados en los atrios y en los lobbys
de iglesias y edificios
sin picaportes ni casas.

Hay llamadas al aire,
enloquecidas,
mientras el viento vuelve por las calles
y revuelve las hojas y los nidos
con sucia indiferencia como siempre
afectando soberbias transparencias
y glándulas y flemas e indecencias.

Todo se va saliendo de su madre.
El mundo deshilacha sus cables y sus ruidos.
Estoy pensando en las ventanas  solas,
en las puertas cerradas que se han ido
y en las bocas calladas;
en los cuerpos menudos o membrudos
oreandosé en la rancia 
muda de la intemperie.

 Estoy pensando acaso
en el acaso mismo,
en el desfiladero de los muertos,
vivitos y coleando en este sufridero
de la ciudad que truena
como un montón de piedras
cayéndose al abismo
y en lo escaso de las vidas que restan,
en el acaso mismo y en la escasez creciente.
de las vidas restadas en la ciudad solvente.

Amílcar Luis Blanco (Pintura de Diana Dowek)



jueves, 21 de febrero de 2019

Necesito






Resultado de imagen para pinturas de diana dowek


Necesito la angustia de tus ojos
y las ásperas ansias de tus manos.
Necesito saber que estamos solos
y que latimos juntos como hermanos.

Necesito sentir que no aflojamos.
Que nuestros cuerpos hechos a tristezas
moviéndose, se tomen o se suelten,
se hablen y se encuentren dialogando.

Necesito este hoy en el que andamos
desmadejando nudos de esperanzas
y sentirte, habitándome desnuda,
entrar en mis penurias y secretos.

Entrar en vos, en tu ángel, necesito.
En la luz que proyectan tus miradas.
Entrar en tu alma por la puerta antigua
de tus recuerdos, tu placer, tus sueños.

Construir con tus manos en mis manos
ese hogar de alegrías; los jardines
de alguna eternidad de las sutiles
aunque pisemos siempre los marasmos.

Es decir, los desórdenes calcados
del pasado sufrido por los padres
que podían con dioses componerse
o sin dioses y en álgidos espacios.

Hoy ha cambiado el mundo. Necesito
luchar junto a tu cuerpo y nuestras manos,
luchar sin hesitar con todo el vicio
de sentirnos falibles pero humanos.

Amílcar Luis Blanco (Pintura de Diana Dowek)

martes, 29 de enero de 2019

MARCHA







Unidos los cuerpos,mostrando las frentes, cuerpos entre cuerpos,
tocándonos hombros y brazos, poniéndonos manos en manos,
los pies en los pasos, los pasos en suelos, vestidos marchamos.
Y también desnudos, también despojados y a veces descalzos.
Cantando y hablando, mezclando silencios, miradas y agudos latidos.
Sintiendo las sangres, los huesos, las honras de ser quienes somos,
de vernos sombríos, tristes, olvidados, y juzgarnos solos aún acompañados,
unidos marchamos, unidos marchamos, unidos marchamos.

Con las incertezas, con los sinsabores, los tragos amargos, penas y dolores.
Sobre las veredas, sobre los asfaltos y los empedrados, a orillas de fuentes,
al borde de casas que tienen jardines y fachadas nobles y rejas labradas,
al lado de miedos, hondos precipicios, encendidos mares, ya contaminados,
adentro de climas con aires viciados, entre los baldíos y las intemperies,
contra las miradas duras de otras gentes, que tras sus ventanas o sus soledades
sienten sus absurdos e inutilidades y también deseos de unirse a la marcha,
de huír con nosotros en forma ordenada de tantas mentiras y obscenas maldades.

De irnos de esta tierra, dejar este mundo, sumar nuestros pasos fuera de los suelos
y ascender sin pausa hacía galerías, hacia transparencias de utópicos cielos,
donde haya jardines y fachadas nobles y rejas labradas y no exista el miedo,
ni hondos precipicios y los mares sean limpios y salobres y frescos y quedos.
Volar en los aires azules, separar los cuerpos, los hombros y brazos, soltarnos
nuestras propias manos, alejar los pasos, también las miradas y sentir las sangres,
los huesos, las honras de ser quienes somos, y volver a vernos libres, relajados,
desnudos, alegres, salir de la marcha, como del cardumen el pez en el agua.

Amílcar Luis Blanco ("La marcha de la humanidad de la tierra hacia el cosmos", mural de David Alfaro Siqueiros)

sábado, 26 de enero de 2019

MIEDO


La obra "Escalofrío" de Teresa Camí mantiene la Mención Especial del Certamen
Un fragmento de sueño, en estocadas
hacia  el latiente corazón me mueven
y a un llanto de ceniza donde llueven
mis miradas que van a tus miradas.

Y en tus aguas castañas, estancadas,
posan, tímidas aves, y aunque beben,
a refugiarse en tu alma no se atreven
por el miedo de hundirse enamoradas.

Por mas que el cielo esparza la ceniza
de una lluvia de pálida textura
y tus ojos me llamen, una hondura

de terrores despuntan en la brisa
y no puedo acogerme a tu sonrisa,
ni tampoco a lo agraz de tu ternura.

Amílcar Luis Blanco ("Escalofrío", oleo sobre tela de Teresa Camí Mateu)

lunes, 7 de enero de 2019

LLUVIA DE BUENOS AIRES



No hay descripción de la foto disponible.





















El mar se vierte desde lo profundo, 
pero en forma sutil.
Y es cuando llueve y Buenos Aires 
se convierte en tango
y la mujer y el hombre se entrelazan 
hechos nudo y perfil,
bajo las gotas limpias que sin sal ya, 
ni yodo, ni colores de fango,

mojan  alcantarillas, asfaltos y cordones 
y alcanzan alto rango,
en un cielo de grises, 
otoñal, 
memorioso, 
bien de abril,
sonando en partitura sostenida por piernas, 
a manera de atril.
Y después se confunden en ochos y compases de mínimo fandango.

Al fin arden,  
propagan en hogueras de brillos 
el brío de sus aguas
Y humanizan  los muslos y los cruces para mojar deslices,
y humedecer de llantos y sobre lentos pasos antiguas  cicatrices

y zanjar diferendos y matices, 
encendiendo reflejos, 
avivando las fraguas
de pasiones añejas, 
pasiones como olas  desnudas bajo enaguas
translucidas apenas en la mujer de cuerdas 
y suspiros felices.
Ya convertida en chelo
mientras se mira en nubes
y se siente de cielo.

Amilcar Luis Blanco (Oleo sobre tela de Adrian Borda)         

lunes, 24 de diciembre de 2018

LA CHARLA POSTERGADA



La imagen puede contener: 2 personas, incluido Fernando Marcelo Blanco


Una conversación los dos comprometimos
al borde de la nada, charla en la eternidad
como solíamos, sólo por aventar la soledad.
Un sueño solo en el que  nos mentimos.

El sueño, padre muerto, adonde fuimos,
obviando la ceniza que dejaste y la edad,
se pobló de tu rostro, tu voz, y una ansiedad
extraña entre nosotros nos llamó y la rehuimos.

Tus versos anegaron las cuencas, los  detalles,
de una impar biblioteca en la que anduve a tientas
buscándome en tus versos como si fueran calles

de una ciudad ahogada en celosas tormentas,
salvado por historias y poemas y mentas
surgidas de tu altura montañosa y tus valles.

Amilcar Luis Blanco (Foto familiar, año 1949. De izquierda a derecha, mi padre, yo y mi madre)

Soneto a la muerte de mi padre




Se me irían los huesos en el llanto
si pudiera llorarte, si pudiera,
padre muerto, encontrar una manera
de vivir tanta muerte, injusticia y espanto.

Es injusta la muerte porque pone su manto
sobre lo ya vivido, y lo que era
se sume en el olvido, y en la espera
del venidero instante agoniza el encanto.

Hoy tu postrer mirada es recuerdo y ceniza.
Es memoria latiente tu azorada sonrisa
dirigida a nosotros, tus hijos, padre muerto.

Pero ahora en nosotros vivirás. Y ya cierto
sonreirá tu alegría de cielo entre la brisa 
joven, de nuevo joven, y poeta y despierto.

Amílcar Luis Blanco (La casa familiar en América que mi abuelo hiciera construír en 1928)