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jueves, 31 de mayo de 2012

LABIOS Y OJOS DE AMOR



Tus labios dibujaron suaves, mudas,
dos palabras: “ te amo”, sólo audibles
a mis ojos extremos y sensibles
aún a tus sutilezas y tus dudas.

Tus ojos me tendían dos agudas
avenidas venéreas y accesibles,
sin embargo virtuales, imposibles,
para mis manos lentas y desnudas.

Nuestro amor sufre a tajos los terribles
embates del destino. Peliagudas
batallas en honduras de falibles

suertes de nuestro ser se libran rudas.
Y nos temporizamos escandibles,
hechos de aires y sombras, huecas, crudas.

Amilcar Luis Blanco (Obra pictórica "Mirada de amor" de Emilio Anthonisen)

lunes, 28 de mayo de 2012

EXISTIR





Me fui,
me voy,
me ahuyento,
huyo,
me persigo
y estoy ausente y vivo.

Discurro,
distraido,
entremezclado,
oscuro,
errático,
entre otros,
sacudido por dentro
y derramándome.
Diáspora de mi mismo.

Soy esa nada inmóvil,
ese frío,
deslizado en entorno,
singladura
de irresoluto nunca
que se expande
en una sigilosa nervadura.

Lluevo adentro y afuera
de mi propia cintura.
Soy mi transpiración.
Mi insomne casa
que se deforma y crece
y desenlaza
pero que siempre pasa.
No estoy.
Estaba.

Comparece
mi torrentosa ausencia
si me nombran
y en los ojos de otros
apenas aparezco
ya me convierto en sombra
y me hago transparente
si me nombran.



Amílcar Luis Blanco ("Alba IX", escultura de Rufino Mesa Vazquez)

domingo, 27 de mayo de 2012

LA HAMACA



Tendida sobre el lienzo, emoliente, distante,
una boca al revés bajo tu vientre,
un pequeño volcán de rojedades,
se ciñe a tu silueta y a su peltre
de volúmenes cárneos buscando saciedades
una hamaca oscilante
contra tu grupa ecuestre.

Tu mano sueña intrépida y silvestre
sumergirse en la tibia ladera de tu pubis
entrar por su hendidura como una poma agreste
que devorara Anubis.
Sueña en lúbricas lavas descendiendo en ternuras
turgentes engranajes engastándose,
y roces en rosáceas estructuras
púrpuras, granas, cárdenas, calzándose.

En saciedad suprema,
en las corolas que convoca Hefestos,
en ardiente metal mutado a gema
sobre yunques de antiguos desconciertos,
martillos tumescentes que golpean
contra los glúteos de ateridas yeguas
que atadas al placer ya ni menean
en su quieta carrera de incalculables leguas.

Los deseos penetran en tu sueño,
los deseos actúan y adormecen
en el límite cóncavo del ceño
ebria batalla lúbrica y acrecen
ese saciarte sola confiándole a tu mano
hurgar en la humedad y su verano.


Amílcar Luis Blanco (Gustave Courbet "La hamaca"


sábado, 26 de mayo de 2012

Mis manos


Mis manos avanzan
sobre cordilleras,
eréctiles, mudas,
allanan distancias.
Van sobre los mares
ebrias de esperanzas,
quieren poseerte,
derretir el velo,
lograr la impudicia
de tu tez desnuda
entregada y mansa.

Mis manos ahora
van por tu tardanza,
rompen tus vestidos,
urgen tu acrobacia
de torso, de grupa,
de cintura y gracia
y las veleidades
de muslos y ancas
blancas pantorrillas,
tobillos, talones,
y preciosas plantas.

Mis manos te aman
y si ellas hablaran
te dirían requiebros
de antiguas palabras,
para seducirte
para secuestrarte
y volar contigo
sobre alfombras gualdas
y para llevarte
a otro mundo en andas.-



Amílcar Luis Blanco

viernes, 25 de mayo de 2012

DESTINO DEL BESO


Beso de amor redime la esperanza.
Sabe a locura ebria, altos placeres.
Expulsa los dolores, la tardanza
del ser para dejar de ser los seres,
parándonos en ápice de gloria,
en cumbres palpitantes, pruritos, escozores,
de gozo rojo en rosas y victoria,
en cárneos y pimpantes esplendores.


Besar, frangir la pulpa del deseo,
presionando los labios, las lenguas en esgrima,
deslavazar el lánguido mareo,
y suspender el seso
en la shoqueante cima
y luego despeñarnos en vertigo y exceso,
en el abismo más mortal y espeso.


Porque después los cuerpos se desatan
se quiebran en carreras de raudos elementos
vuelcan todas sus aguas, sus fuegos, se dilatan
abren fauces de azares, torbellinos y vientos.


Después del cataclismo ya desatado, el beso
hace amantes serenos regresando a sus cauces
aguas de rios pareados temblando, sólo eso.
Pasado el terremoto, los cuerpos, sólo peso
donde un vapor alienta de volcánicas fauces.


Pero el amor redime y sublima en el beso
su ocasión más aguda, su lánguido suceso,
porque sella la sombra y enciende así la estrella,
inicia escalofríos y hace oscilar la huella
de cuatro pies que  pisan arenas, tierras, mares,
hollando sus talones, sus plantas, siempre pares.


El ósculo despide una lava de amantes,
de entremezcladas almas en su marea roja,
descendiendo por faldas de encumbrados instantes,
fundiendo dos angustias en una sola foja
leida por los ojos como hazañas andantes
en dos cabalgaduras quijotescas y errantes.-

Amílcar Luis Blanco  ("Beso" obra de Luis Pintos)



miércoles, 23 de mayo de 2012

Besarte (Soneto)




Hoy quiero ya besarte, tu mutismo me choca.
Porque te siento música, y perfume y relente.
Sostener en mi mano tu nuca y el silente
rededor todo sombra evanescente y poca.

Mi otra mano posada sobre ti, apenas toca
el encaje que cubre tu cuerpo displicente
y mi nariz rozando tu comisura ingente
donde tu cuerpo se abre; agua y cielo entre roca.

Así quiero besarte, caballero y tangente.
Cruzándote tendida, palpitante, turgente.
Mirándome a los ojos, enfebrecida, loca.

Abriéndote, brindándote, escociéndote urgente
de soltura, tibieza, ardor y blanda boca
para esta furia en celo que tu ser me provoca.



Amílcar Luis Blanco ("Le baiser" - El beso - Por Carolus Duran)

lunes, 21 de mayo de 2012

El sexo funciona a veces como un perchero …




El sexo funciona a veces como un perchero
donde se cuelgan sombras.
Tú, no obstante, alargaste tu codiciosa mano
hacia mi corazón para atraparlo
como fruta prohibida
en un edén en que nos vimos solos.
En esa selva umbría nos buscamos
sin advertir que somos transparentes,
huidizos, fantasmales,
iguales a las brisas encontradas
que surcan la memoria y sacuden ventanas

Sin saber de alas nada
y mucho en cambio de ejercer la flojera
sur de las marionetas de rostros de papel mashe
pintados. Ese estar apenitas
pisando  hilos de  arañas
sostenidos muy milagrosamente
sobre los barandales del miedo y de la angustia
y sin embargo el sexo para colgar las dudas,
y todo porque tiene extremidades
aunque se acojan temblorosamente.

Amílcar Luis Blanco (Pintura "El abrazo" por Oswaldo Guayasamin)