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viernes, 25 de mayo de 2012

DESTINO DEL BESO


Beso de amor redime la esperanza.
Sabe a locura ebria, altos placeres.
Expulsa los dolores, la tardanza
del ser para dejar de ser los seres,
parándonos en ápice de gloria,
en cumbres palpitantes, pruritos, escozores,
de gozo rojo en rosas y victoria,
en cárneos y pimpantes esplendores.


Besar, frangir la pulpa del deseo,
presionando los labios, las lenguas en esgrima,
deslavazar el lánguido mareo,
y suspender el seso
en la shoqueante cima
y luego despeñarnos en vertigo y exceso,
en el abismo más mortal y espeso.


Porque después los cuerpos se desatan
se quiebran en carreras de raudos elementos
vuelcan todas sus aguas, sus fuegos, se dilatan
abren fauces de azares, torbellinos y vientos.


Después del cataclismo ya desatado, el beso
hace amantes serenos regresando a sus cauces
aguas de rios pareados temblando, sólo eso.
Pasado el terremoto, los cuerpos, sólo peso
donde un vapor alienta de volcánicas fauces.


Pero el amor redime y sublima en el beso
su ocasión más aguda, su lánguido suceso,
porque sella la sombra y enciende así la estrella,
inicia escalofríos y hace oscilar la huella
de cuatro pies que  pisan arenas, tierras, mares,
hollando sus talones, sus plantas, siempre pares.


El ósculo despide una lava de amantes,
de entremezcladas almas en su marea roja,
descendiendo por faldas de encumbrados instantes,
fundiendo dos angustias en una sola foja
leida por los ojos como hazañas andantes
en dos cabalgaduras quijotescas y errantes.-

Amílcar Luis Blanco  ("Beso" obra de Luis Pintos)