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sábado, 19 de mayo de 2012

EVOCÁNDOTE ENTRE LA MÚSICA




El piano es mi corazón, latidos
guiados por el sonido verde de tus ojos,
otras veces melados, repartidos,
multicolores ruidos,
por el sonido malba de tus ojos,
por el carmín pequeño de tu boca,
en mórbidos antojos,
mis sienes desmayándose en la cárnea roca
turgente de tus senos seráficos y afines
en un mar o marea de violines
Y tu cabeza bruna, de mirada anhelante
y el timbal retumbante
y las voces de bronce, flautas, oboes, cornos,
rozándome al cimbrear de tus contornos
las vibrantes trompetas,
el sonido del mundo atravesándome
roido por espacios y planetas,
marchándome contigo y ocultándome.

Pero el piano es la sangre que golpea
entre la soledad, los violoncellos,
es la roja marea, la marea
rumba de contrabajos y de tubas
opacando tus lánguidos destellos
los fagots, el “da capo”, los arranques
y las bajas y subas
que arrastran los silencios en corcheas,
fusas y semifusas
nadan al fondo como las lampreas.
Tu pequeña cabeza entre medusas
Y el grandor de tus ojos consumiéndome
Devorando la luz en sus topacios.
Ardiéndome
en confines y en espacios
que caben en mi ceño;
en el cielo de música de un sueño.



Amílcar Luis Blanco