AMILCAR BLANCO (Blog destinado preferentemente a la poesía propia) Los derechos de autor de lo publicado y a publicar en este blog están reservados y protegidos por la Dirección Nacional del derecho del autor-dependiente del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la República Argentina- Expediente N° 933882
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sábado, 15 de noviembre de 2014
viernes, 14 de noviembre de 2014
LUTO
¿Dónde llevan los agujeros de la nada?
No se detienen nunca y llaman sus abismos
a los cuerpos que se desmontan y desnudan.
Metidos en las horas, los silencios,
en los sitios augustos, en mentiras.
Rudos golpes nos parten las heridas
y nos dejan caer en lo siniestro.
Caemos hechos sombras y sentimos el hielo
en cada yema, sólo piel y alma. La soledad castiga
con su erial invisible, con su arena que hostiga
y nos da bravamente la nariz contra el suelo
y nos hunde y nos niega en lo ancho del miedo.
La coyunda del tiempo asfixia en mar el cuello,
pega sobre el dolor, fulgente yunque.
Y hasta en el vientre deja axial su herrumbre;
el rastro de una nada vertical, sello ciego.
Luto en nuestro animal por la terca memoria
de aquéllos bien amados y ya muertos.
Ese animal, nosotros, esclavos de la historia.
Amílcar Luis Blanco (Pintura de Remedios Varo)
domingo, 9 de noviembre de 2014
SONETO ERÓTICO

Escalaré tu boca de volcán con mi boca
Ascenderé a tus besos con mis fluviales besos
y dos cumbres de sangre pondré en tus senos tiesos
y tierna bajo el pubis se te abrirá una copa.
Caeré sobre tu cuerpo como marea loca,
ondas desesperadas agitarán tus huesos
para que te posea por todos tus accesos
enfebrecido, hambriento; toda sed será poca.
Seré lluvia en tu carne, ola rota en tu roca
y lúbricos aceites y gemidos y excesos
inundarán tu cuerpo y, lánguida, una oca
navegará en la luna de néctar de tu rosa
y temblarán de pronto sus emplumados pesos
y gozarás tendida, espléndida y briosa.
Amilcar Luis Blanco (Pintura de Ernest Descals)
sábado, 8 de noviembre de 2014
RUINAS
Esas mamposterías hace años caídas,
argamasas partidas por el medio
y garfios emergiendo junto a pastos hirsutos
dejan ver otros tiempos.
Porque entre medio hay voces
saliendo de gargantas invisibles,
conversaciones y magnéticos rayos
de miradas que se cruzaron alguna vez
y otras veces partieron.
Entre las ruines ruinas, suciedades, papeles,
zapatos viejos, botellas, indiferentemente,
hay pedazos de almas y corazones rotos,
relojes desvencijados con sus tripas de cuerdas hacia fuera
de los que parten caravanas sobre vastos desiertos
y enormes cuajarones de silencios que detienen el viento.
Hay radios transmitiendo desde un pasado de domésticas rutinas
y pasos y palmadas y sonrisas y manos en el aire y contoneos.
Tangos que se bailaron en silencio
y besos olvidados de hombres y mujeres
que alguna vez se amaron amparados en arcos y dinteles,
en zaguanes y cuartos y emparrados
bajo cielos abiertos.
Ofensas que todavía arden aunque estén engastadas en cenizas.
En esas ruinas cuando llueve todavía se levantan las vidas,
en formas de atmósferas sobre cementos
como lavas que se beben los cielos
para calmar sus fuegos.
Y levantan en humos y vapores cuellos, brazos y manos
y cabezas y hombros y torsos de manera
que si miramos hondo y sostenido al cabo los espectros
engendran poblaciones de familias paridas
por ese ser que somos y seguiremos siendo
aunque dejemos ruinas, aunque dejemos sombras y esperpentos.
Amílcar Luis Blanco (Fotografía de ruinas en Villa Epecuen, Provincia de Buenos Aires, Argentina)
viernes, 7 de noviembre de 2014
AQUELLA VIDA DE NIÑO
Aquélla vida de niño me tomaba de la mano;
y otra mano tirando de mi mano llevaba
todo el color del aire el sabor del jazmín
y del agua lejana.
Las nubes eran carricoches o fantasmas,
largas barbas de viejos, mares en lontananza
y fachadas cual rostros de ojeras oxidadas.
Las cañas, lanzas que los indios dejaron olvidadas.
El viento algunos días mecía su iracundia
en las ásperas hojas de la higuera.
Subidos a sus ramas bebíamos el verde
y guardábamos zarpas de puma en la pradera.
Había un acicate de cuellos transpirados,
Tarzán, Jim de la selva o la pantera rubia,
sobre ese pasto rucio, sobre esa tierra roja,
entre higueras y sauces, eucaliptos y álamos.
¡Qué infancia tan distante y tan cercana!
¡Qué sorpresa desnuda la del tiempo
que pasa como un río transparente
llevándose las vidas como si fueran hojas!
Amílcar Luis Blanco ("Niños jugando", lienzo de Cecilia Hewstone)
y guardábamos zarpas de puma en la pradera.
Había un acicate de cuellos transpirados,
Tarzán, Jim de la selva o la pantera rubia,
sobre ese pasto rucio, sobre esa tierra roja,
entre higueras y sauces, eucaliptos y álamos.
¡Qué infancia tan distante y tan cercana!
¡Qué sorpresa desnuda la del tiempo
que pasa como un río transparente
llevándose las vidas como si fueran hojas!
Amílcar Luis Blanco ("Niños jugando", lienzo de Cecilia Hewstone)
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