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martes, 22 de septiembre de 2020

ARTE POÉTICA



 Descomponer la realidad

en sus elementos más simples

-me dijiste

¿ Te dije?

- Sí.

Ir a la verdulería

con Eliot a su hora violeta

y buscar, inocentemente,

una hortaliza que se le parezca

- me dijiste.

Y también: "Nel mezzo dil cammin di nostra vita"

Tener "la misma sed ausente, la misma fiebre fría"

que Neruda - me dijiste.

O responder como lo hizo Becquer:

"Poesía eres tú".

Pero todo con ritmo escasamente audible

- me dijiste.

Todo armoniosamente

. me insististe,

como Perón dijo que Plutarco dijo.

O con honda belleza me dijiste.

Como  cuando Hernández

"le dijo a Cruz"- que le dijera-

"que mirara las últimas poblaciones

y a Fierro dos lagrimones

le rodaron por la cara".

Finalmente hervir la desventura

y servirla en un plato sin mañana.


Amílcar Luis Blanco (Pintura de Fermín Eguía)

sábado, 5 de septiembre de 2020

Nuestras ilusiones



Fermín Eguía





Recuerdo que estuvimos entre cielos de algodones

naciendo nuevamente

pero sin advertirlo del todo

porque nuestras ilusiones nos llevaban

a otros lugares.

Es decir, nos corrían los sitios;

esos carreteles del destino

desparramándolos insidiosos;

madejas o racimos o archipiélagos,

lujos de los latidos ardiendo en nuestras sienes.


Recuerdo que los viajes nos llevaban lejos.

Trenes, automóviles, atravesaban horizontes

y calcaban paisajes  en nuestras retinas absortas.

Mientras saboreábamos gaseosas,

masticábamos alfajores

o escuchábamos la radio

ahitos, hartos, 

bostezábamos circunstancias

sin haberlas paladeado jamás.


Había una vida posible

sin marcianos al hombro.

Un verano infinito

de mar, laguna, río o mieses,

sagrados navegantes

en yates de lujo

los recorríamos dormidos o despiertos.


La vida estaba en otra parte,

casi siempre en otra parte.

Nuestros ojos inquietos recorren los rincones

todavía,

buscan en las mañanas o en las tardes

algo que los contenga sin salida

en ese extraño nacimiento 

entre aquél cielo de algodones.


Amílcar Luis Blanco (Pintura de Fermín Eguía)





Nosotros, los otros.


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Alguna vez nos hemos visto.

Alguna vez nos hemos encontrado.

En mitad de la noche

o en los fárragos del día

cuando y donde todo se tramita

de modo articulado

o disparatadamente,

paseando por las plazas o las calles.

Alguna vez nos hemos visto las miradas

y pasamos de largo

casi sin advertirnos

pero llevando cada uno

la estela del otro.

Una orilla de fantasma,

el orillo del vestido o la pollera,

el dobladillo de la bocamanga,

Alguna vez las dudas

como mariposas oscuras,

parpadeos,

nos rozaron la calma

las sospechas

de ser otros, 

nosotros.


Amílcar Luis Blanco

sábado, 15 de agosto de 2020

A un cuadro de Dalí



Cuadra la claridad tras la ventana su inagotable transparencia
y ella la contempla sobre el agua en su total  caída 
Vestida solamente con su enagua y su vida,
sus muslos y sus glúteos en la muda aquiescencia.

Su cuerpo se relaja total, pura presencia.
Y sus ojos navegan en una larga huida
y la alejan del cuarto, furtiva y distraída
y todos contemplamos, retratada, su ausencia.

El cielo está en el agua o el agua se hizo cielo
y sobre  sus colores la soledad se puebla,
y su mirada  viaja y atraviesa la niebla

al deseo del alma y al acucioso celo
de abandonarse al día y a las alas y al vuelo
y alejarse por siempre de la parda tiniebla.

Amílcar Luis Blanco (Pintura de Salvador Dalí)












lunes, 3 de agosto de 2020

VENUS




6 secretos escondidos en pinturas famosas 1


Hecha de puro mar y arena, hecha de beso,
desde espumas y olas, abriéndote desnuda,
trémula al viento el cuerpo, eres la aguda
Venus del sol, eterna en su regreso.

Erótica y ardiente, entregada al  acceso.
Eres símbolo,  emerges de las aguas y exuda
tu salobre sustancia tu líquida hermosura,
la que guarda en sus senos un lujurioso rezo.

Y juntemos las manos y apuntemos los ojos
y aproximemos sangres al lúbrico latido
de la venus que brinda bordes y labios rojos

y despierta deseos de amar y dar sentido
a la unión de los sexos, la concepción, al nido
de la honda ternura de plurales antojos.

Amílcar Luis Blanco ("La maja desnuda", oleo sobre tela de Francisco de Goya y Lucientes)


viernes, 31 de julio de 2020

Tengo ganas






Luces y sombras de Picasso en breves trazos


Tengo ganas de estar bajo tu rostro,
iluminado por tus ojos.
Ganas también de que mis manos
se queden en tus manos.
Una ansiedad sin fin de que me bebas
para poder beberte.
Deformados los dos y derramados
como gotas mezclándonos
en el alambique del transcurso.

Tengo ganas inmensas de tu cuerpo
hundiéndose en el mío o viceversa.
Que nuestros codos, cielos y rodillas
rompan, disuelvan ángulos, se enreden
convertidos al fin en la materia
total de la presencia bajo un sol sin orillas.

Tengo ganas de acuerdos, ganas solas,
ganas como derrotas, como piedras.
La pura sed parida por tu ausencia.
Un destierro de tintas que se quejan
por líneas contra líneas las quijadas
y  pómulos dolores y tu frente.
Ganas al fin que lloran de querernos.

Lágrimas convertidas en espejos
partes de nuestros rostros quebradas en sus gotas.
Charcos donde conviven las sonrisas
y claros de tus álgidos cabellos
Tus muslos se alzan altos,
largos a tus rodillas
mezclados a corpúsculos del cielo.

Amílcar Luis Blanco (Pintura de Pablo Picasso)


domingo, 5 de julio de 2020

Durmiéndome




La Bella Durmiente | Letras Anónimas


Apoyado en el viento, sólo en el viento.
Apoyado en el día, sólo en el día.
Apoyado en el tiempo, sólo en el tiempo.
Pero empujando el alma con el cuerpo,
sólo con el cuerpo, solo me voy durmiendo.
Mientras el cielo cae sobre los hombros.

Mientras la luna roza los canteros
que contienen las luces sobre el agua
y los gatos se beben por los ojos
las encendidas ascuas de la noche
Solo, empujando el alma contra el cuerpo,
sólo con el cuerpo, solo me voy durmiendo.
El viento sopla con rigor de llantos.

Y la tristeza mueve las caderas, bajo las enramadas
y los dolores vienen como golpes, duros para mis ojos.
Las heladas lastiman, las heladas,
los adioses se suman, los adioses.
A las palabras  voy y de las palabras vengo.
Ando sobre las palabras, ebrio de momentos.
Hay un desierto de adioses, y flamean.

Hay llamas por todas partes y tiznes de sombra y fuegos.
Sueñan la ciudad durmientes detrás de cada ventana.
Doblan los aires las aguas y orillas asoman huellas.
Han pasado los caballos en enredados galopes
y dejaron sus relinchos atados a los alambres.
Mueve la noche sus aspas y enarbola al fin sus alas.
En los filos del silencio los gallos ponen gargantas.

Y atrás de todas las cosas y bajo todos los pesos.
Me voy durmiendo, oíme, me voy durmiendo.
Ya mi cerebro se ausenta, escapándole a mi cuerpo.
Mi memoria en la derrota, tras la popa deja estela.
Y me refugio en la sombra hecha de vientre.
Me interno solo en el sueño para ganarme otra vida.
Para traspasar mi muerte.
Amílcar Luis Blanco ( Pintura de Frederic Leighton, "La bella durmiente", oleo sobre lienzo)