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jueves, 18 de febrero de 2010

LAS PELIGROSAS PAREDES DE LA INCOMPRENSIÓN.- Vivimos contra una pared. Parecida a la que aludiera Albert Camus en “El hombre rebelde”, pero no igual. La sensación actual no es la de estar contra un solo y mismo muro, sino de rompernos o quebrarnos las ideas y la testa que las contiene contra varias paredes que se levantan cotidianamente frente a nuestro deseo de entender para poder pensar un futuro posible. Asistimos, casi perplejos, a lo que el escritor y periodista Orlando Barone, en una de sus cartas abiertas, denominaba como “psiquismo de la oposición”, es decir, una colección de necedades, negativismos e ignorancias que obstruyen a cada paso la posibilidad de entender y de entendernos después de que muchas de nuestras esperanzas fueron liquidadas. En mi caso siento que si bien adhiero fervientemente a la construcción constante y a la inclusión social que este gobierno de C.Kirchner lleva adelante, últimamente con la promoción de una nueva ley de educación, antes con una nueva ley de medios, con una ley básica electoral, con la extensión y facilidad de una jubilación cuya caja la maneja el estado, con la creación del fondo del bicentenario que permitirá invertir en el crecimiento de la economía interior, con un sano alejamiento del FMI y sus destructivas recetas, etcétera, lo que veo que está faltando y levanta muros y paredes de incomprensión, es la recreación de un criticismo social, de un ejercicio del pensamiento, que sirva para abrirnos los ojos a la realidad. Y eso porque intuyo que si dejamos pasar este presente y repetimos conductas frívolas, en cuanto a elegir nuevos gobernantes y optar por programas adecuados para nuestra posibilidad como comunidad histórica, corremos el riesgo de caer en una enfermedad histórico política crónica que llevará al desmenuzamiento de nuestro imaginario individual y colectivo que, en vez de unirnos, nos va a desagregar acentuando miedos, angustias, ansiedades, rencores, resentimientos y depresiones de todo tipo. Vamos a perder la esperanza y el sentido de solidaridad si no sabemos defenderlo, si no abarcamos y profundizamos concientemente lo que ocurre para separar la paja del trigo, lo bueno de lo malo, y no definimos quiénes están verdaderamente por la vida y la posibilidad de mejorarla, actuando y haciendo en concreto y favor de todos y quiénes defienden únicamente prebendas, privilegios, intereses individuales o corporativos que siempre excluyen o despiden y echan de sus senos y estructuras hacia una marginalidad difusa a la mayor cantidad de seres humanos posible.- Pensemos y analicemos críticamente, sin irnos por las ramas, aplicando nuestros juicios a la realidad presente y futura, a nosotros y a los que nos continuarán, teniendo en mira el bienestar material y cultural de todos.-

Amílcar Blanco