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martes, 1 de junio de 2010

LAS ERINNIAS GRIEGAS, LAS MOSCAS DE SARTRE, EL OFICIALISMO Y LA OPOSICIÓN.- Como las erinnias de los trágicos helénicos o las moscas de la obra teatral homónima de Sartre, los políticos de la oposición pican, muerden, zumban, asedian y acosan constantemente a quienes gobiernan y gestionan ejerciendo el poder político que delegó en ellos la mayoría del pueblo. Es decir, abren y explayan remordimientos y culpas que, según ellos, los protagonistas de la conducción deberían sentir por cada cosa que hacen o dicen, por más buenas que sean sus obras o palabras.
El destino de quienes eran perseguidos por las erinnias solía ser la locura y el enervamiento de la voluntad, o sea, el anonadamiento completo. Se trataba de castigarlos por horribles delitos.
En el caso de nuestros gobernantes la insidia de los poderosos augures de la oposición que representan intereses de poderosísimos grupos hegemónicos, intenta monopolizar el psiquismo y la subjetividad de las grandes mayorías populares, cuando no consiguen sus propósitos de lobby porque han primero tratado de amedrentar, corromper o chantajear a los conductores para obtener sus objetivos y no lo han conseguido. Por eso recurren a todo su poder mediático hegemónico y pretenden construir un gigantesco sofisma de miedo y falta de libertad que, según ellos, sería generado por quienes gobiernan para responsabilizarlos y reprocharles todos los males o fallas que suceden, aunque en la mayor parte de los supuestos que denuncian los funcionarios nada tengan que ver. Así manipulan y manejan el imaginario y el subconsciente colectivo, crean fantasmas, sesgan y tergiversan dichos y hechos, mienten, ocultan, disimulan, fingen, exageran, extrapolan declaraciones sacándolas de contexto y recurren a cuanta trampa y chicana pueden para ensuciar todo lo que ponen bajo la lente de aumento de titulares, copetes, zócalos, artículos, editoriales, vistos, oídos y leídos. Son como las moscas o las erinnias pero sin la justificación ética que aquéllas tenían para erigirse en censores de conciencias por hechos que constituían verdaderos delitos. Estos torpes, mentirosos, dicharacheros, soberbios, frívolos, incapaces, interesados, simuladores, sofistas, conservan de las moscas la negrura, la suciedad y el asco que inspiran y de las erinnias, el salvaje rencor del sadismo, la morbosidad y la crueldad pura. Nada tienen de bueno.