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domingo, 3 de febrero de 2013

Arborescencia de la edad.






















" ... de qué se ríe, cuando está calvando..."
            Amílcar Ovidio Blanco.




Compongo cada día vacilando la maquinaria umbría,
la que va destellando de la carne, de la carne y los huesos
hacia la extranjería.
En ella el sol detiene sus anfibias trompetas,
cuerdas acidulares, relámpagos, endibias,
mezcla luces con sombras, compone grises vagos
y florece y da frutos arboreciendo siempre
con menor insistencia.

Arborecen mis manos, mis piernas y mis ojos,
en las tertulias de los flashes,
en los campos del alba y hasta en lo que se escuece
pasado el mediodía, en horas cenitales;
desde los cuándos y los dóndes decidimos vivirnos
tirando de la punta de un meteoro invisible,
el que nos va tejiendo con prisa distraida
como una telaraña inserta en el silencio.

Arborescer no tiene en realidad sentido,
sólo me va cubriendo inadvertidamente de pálidas cortezas.
La edad, el tiempo, Cronos, nos deglute de a poco,
nos impone callado su cruel metamorfosis,
la epidermis marchita, los ojos pierden foco,
el oído se duerme cada vez más profundo
y olvidados de todo nos vamos retirando
y, en sus pulmones sin retorno, nos va fumando enteros
lo que llamamos mundo, lo que llamamos vida.

Arborescer no tiene en realidad sentido

Amílcar Luis Blanco