
Cada vez que la luna se prepara
para asomar su luz tras una nube
siento en mi sangre su blancura y sube
la alegría que verla me depara.
Una alegría si se quiere rara,
equidistante de un amor que tuve
y de un cosmos ajeno del que hube
de ausentarme también en forma clara.
Porque la quise sí y ella me quiso
pero del modo en sernos lunas idas,
hiriéndonos los dos con las huidas
que ambos les infligimos al hechizo
propuesto en cada luna. Y, sin aviso,
hubo un desdén de lunas repartidas.
Amílcar Luis Blanco (Pintura de Dándara Cesati)
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