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martes, 20 de junio de 2017

EL ESPEJO




El azogue, el cristal, se confabulan,
hartos de luz, por dar nuestro reflejo
y el del mundo cercano. Un aparejo
de ilusión e intemperie los modulan.

Y nos hacen creer porque se emulan
en su doble o su múltiple festejo
en orbes marginales. Un cortejo
frente al cual se nos muestran y circulan.

Imágenes, colores, lineas, formas,
movimientos gestuales se repiten
y nos hacen creer lo que transmiten

por la fidelidad con que las normas
de reflexión alojan en sus hormas
lo que en la luz las ánimas emiten.

Amílcar Luis Blanco (Pinturas de Edouard Manet)





Cuando damos la espalda y nos marchamos
del potente delirio del espejo,
una muestra fugaz de lo que fuimos
finge parar el tiempo que dejamos
y nos hace aflojar el entrecejo
al recordar que huimos.

Que nuestra vida es irnos. Las paradas
en siestas o estaciones son espejos 
Las fiestas o desgracias, las pasiones,
instantes, pausas, sombras y pisadas
que devuelven reflejos
de ubicuas ilusiones.

Un desorden de grises nos circunda,
la magia de la luz, una manera
de divagar colores, claridades,
en azogue preñado que se inunda,
de lo informe y anónimo. La fiera
de repetir nuestras ambigüedades.

Amilcar Luis Blanco