Google+ Badge

Google+ Followers

Seguidores

Translate

miércoles, 28 de junio de 2017

Descripción de un cuadro de Edward Munch por él mismo.



Salgo desde las sombras, desde la pared.
De la mampostería emerge nítido un rostro.
Es el mío. Y saco, extraigo mi mano
del material confuso, ya mezclado a la luz
para cumplir el propósito de mostrarme
y mostrar el cigarrillo y el humo
que de su brasa de ceniza se eleva.
Llevo un traje que se deslíe y desdibuja
apresado bajo el oleo y sus tinturas.

He querido mostrarme para hablarles
sin ninguna palabra que desvíe sus sentidos
o pensamientos de mí. El que soy y estoy
porque ya no huyo hacia ningún horizonte,
es decir, el que soy sin destino, sin futuro.
No el ser que he sido no siendo
mientras el mundo se alojaba en mí
y en vano procuraba expulsarlo
volcándolo, vertiéndolo, en mis pinturas, 
sino el ser- repito- que ya no es en su no ser.

Salgo de la pared, emerjo de su cemento,
amasado con luces y con sombras.
Desde millones de átomos me corporizo
sólo para que ustedes puedan verme siempre
en este autorretrato en el que ya,
ya no puedo verme ni encontrarme, siquiera
para llevarme el cigarrillo a la boca.
Yo nunca fui seguro ese Narciso que se amaba
mirándose al espejo. Es más, no toleraba los espejos.
Siempre trataba de desmontar la mentirosa imagen.

Siempre traté de desvestir de cuerpos a los cuerpos.
No por mostrar sus interiores horripilantes e ininteligibles
sino más bien para que luzcan encarnándose en miedos,
en pasiones, desesperaciones, ansiedades y planetas incluso.
Por eso salgo ahora y siempre desde el caos de la pared
y me confieso confundido entre sombras y pigmentos.
He llegado a las cosas siempre desde las cosas.
Al grito desde el grito como es notorio y todos saben.
Pero esta pared, estas sombras, los pigmentos aceitados
desde los que ahora me expulso son sin duda los que me justifican.

Amílcar Luis Blanco ("Autorretrato", oleo sobre tela de Edward Munch)