La relación del mar con la palabra,
el diálogo del viento con el río,
la constante noción de lo sombrío,
con la esperanza de la luz se labra.
Confiar absurdamente en que se abra
un horizonte, un cielo sin hastío,
sin sufrimiento vano, tuyo o mío,
sésamo, llave, clave, abracadabra,
es la ilusión de aquéllo tan deseado.
El paraíso aliviador. La ausencia
de esta tensión tenaz de la conciencia
tan cargada de penas y pasado.
Un corazón cargamos, desolado.
Una culpa sin tregua ni clemencia.
Amilcar Luis Blanco (Pintura de Oswaldo Guayasamin)
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