
Tengo que ver cómo serán las tardes
cuando por todas partes llueve la tristeza,
cuando vuelvo de todos los rincones
cómo será tu amor.
Tengo que ver delirios en las calles,
en los cafés,
en los menudos grupos,
de las gentes en colas de transportes
esperando vidrieras,
esperando la luz en las contiendas del silencio.
Tengo que ver porque me siento ciego,
porque me siento sólo y desalmado
y porque el alma ha extraviado el cuerpo
y lo busca sin alas y sin manos.
Tengo que ver porque de ver se trata.
Porque los ojos, porque las miradas
encienden las esquinas de la nada
y sorprenden las sombras y los vientos
Tengo que ver dónde cundió el aliento.
Tengo que ver ¡Por Dios! no me detengan.
No extrapolen mis ganas
cansadas de mentiras,
hartas de los malditos noticieros,
las imágenes rotas, fragmentadas,
por las consignas ebrias de banderas
y borrachas de ritos funerarios.
Para ver hoy me limpio del columpio del miedo;
esta hamaca de sombras incendiarias.
Tengo que ver el corazón del fuego
porque al fin me atraviesan las distancias.
Para ver hoy me salgo de esta vida,
del carrousel poblado de carretas
que transportan sus agrias soledades,
sus digestiones de ácidos misterios,
sus digresiones de extraviados bueyes,
sus falencias oscuras,
óxidos decadentes y líquidas espadas.
Para ver digo
Para ver
Y sólo para ver.
Amílcar Luis Blanco (Pintura de Diego Castellón)
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