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jueves, 10 de abril de 2014

Morir en el vivir





Morir en el vivir, es este sismo
partido de mi carne, mis riñones,
y propagar mi grieta hasta los sones
de una marcha mortal hacia el quietismo.

Entrar en la rapsodia de mi mismo
sin partitura alguna de ilusiones,
saber que al fin mi cuerpo dará nones
y sólo parirá sombra y abismo.

Que habrá un instante último; cañones
dados a festejar un paroxismo
ajeno por completo a las unciones.

Un exaltado ritmo, un atavismo,
que externará la luz y las canciones
hacia el eterno espacio del mutismo.

Amilcar Luis Blanco  ("Marcha fúnebre" pintura de Agustín González)

miércoles, 9 de abril de 2014

DESPUÉS






Después de haber vivido,
haber entrado o salido
en, por o desde esta calle con todos
o sin nadie
concluyo en mi silencio poblado de palabras.

Después de haberme empobrecido,
después de haberme enriquecido,
después de haber querido mucho,
después de haber querido poco,
después de que no me hayan querido,
después de que me hayan querido demasiado.

Después del desamparo.
Después de tanta nada irresistible.

Pero sobre todo después de mis órdenes y desórdenes
y de que todos se hayan ido,
incluso después de mi soledad perfecta
y de mi ausencia perfecta
quisiera ver y conocer la vida,
todavía.

Amílcar Luis Blanco (Pintura de Edward Hopper)

lunes, 7 de abril de 2014

BUENOS AIRES






¿Cuánto humor, cuánto celo, cuánto amor, cuánta  saña,
se necesita para andar entre la gente en esta calle extraña?
En cualquier calle  extraña pero entraña metida en la ciudad,
aterida y con niebla y más herida aún con luces y otredad.

Porque a decir verdad, aunque he nacido en ella,
sólo conozco el gris sin albedrío de su esquema centella.
Ese ritmo de raudos automóviles, ese clamor de ausencia
explicativa en parte de sus penas y claxons y su urgencia.

Entre los edificios y las plazas, cordones, empedrados,
bicisendas,  veredas rotas, baches, hay bares angelados,
esquinas visitadas por antiguos fantasmas, sosegadas paciencias,
y salidas de  bocas de tormentas, almas y hondas conciencias.

Ese mar dulce, hoy contaminado, de sudestadas densas y neblinas
encharca bien abajo su catarro de tango y desagua en sentinas,
como algunas milongas como algunas aberrantes pasiones
aferradas sin manos a los bordes de cursis ilusiones.

¿Del viejo y de la vieja,
de la mañida y manoseada queja?

Buenos Aires ahora, sin Gardel, hace rato, dura para la suela del zapato
y gregaria, sin tino en el cartel, en la tele, en los diarios, en el plato,
escamoteándonos el guapo aquel y la mireya que le daba su risa y su clavel
y el carnaval de antaño y aquéllas marionetas de nostalgia y papel.

Amilcar Luis Blanco ("Agua, luz y hormigón" pintura de Teresa Piacentino)

viernes, 4 de abril de 2014

SUFRIR DE AUSENCIA




En el ciego hontanar de la vigilia
donde a veces encuentro eso que falta y sobra
y  trastos del olvido se amontonan
meto mano
y saco entre retazos
tus miradas.

¿Qué queda de mi vida si no es ya el combustible
de mis llamas?
¿Si ya no es consumida siquiera
por el clamor de tu ausencia?

Sufrir de ausencia entonces significa
evocar la presencia de un vacío
andar otro entre otros vacilante
gusto por la tristeza y por el frío.

Duele el faltar en  medio de los días
como costillas rotas y golpeadas
sobre todo si honestamente somos
y seguiremos siendo esa conjunción de sinsabores
que  cruzados  perdidos en el fruto
se gozarán por siempre en la memoria.
En ese ser apenas lo que fuimos
rodeándonos
cinturas de distancias
se vuelve ciega y manca la vigilia.

Amilcar Luis Blanco  ("Retrato de Pablo Neruda", pintura de Oswaldo Guayasamin)

jueves, 3 de abril de 2014

EL CAMPO














Aquí el sol me promete llegar a sus cabales
deshacer en sus rayos la humedad y los males.
En esta fiel pradera la verde sementera
da su oxígeno y alma a la luz y a la espera.

En la rubia distancia del trigo los vitrales
arden y se propagan y en gestos espectrales
desmoronan las sombras en una enredadera
que junto al muro guarda su oscuridad señera.

Estamos en el campo y el barro y la madera
construyen los instantes junto a los naranjales
y el caminar cansino de la hora modera

la ansiedad y deslíe su acuciosa manera
y lleva una templanza de cielos ancestrales
una fuerza de antaño y otoño que atempera.

Amilcar Luis Blanco (Pintura de Florencio Molina Campos)

miércoles, 2 de abril de 2014

Enfundá la mandolina - El Mudo

DESNUDA






¿ A dónde apunta tu yantar desnuda,
tu pasearte desnuda por la casa?
Rebelde buscadora de ácidas miradas
que disientan contigo en el largo sendero de las horas.

Apenas meridiana en el amarillo de la media tarde
en los muelles vacíos donde sientan sus culos los humores
y se caen a baldazos a montones porque te ven desnuda
porque hieres  silencios y mitos y escrúpulos y mantras.

Y tus senos en puntas tus pezones adictos al espacio
para quebrar las lineas verticales del tedio y sus caídas
las enojosas páginas de lienzos que deshojan espuertas
y fugan y se pierden en el vuelo de asombros y de pájaros.

Amilcar Luis Blanco (Pintura de Egon Schielle)