Morir en el vivir, es este sismo
partido de mi carne, mis riñones,
y propagar mi grieta hasta los sones
de una marcha mortal hacia el quietismo.
Entrar en la rapsodia de mi mismo
sin partitura alguna de ilusiones,
saber que al fin mi cuerpo dará nones
y sólo parirá sombra y abismo.
Que habrá un instante último; cañones
dados a festejar un paroxismo
ajeno por completo a las unciones.
Un exaltado ritmo, un atavismo,
que externará la luz y las canciones
hacia el eterno espacio del mutismo.
Amilcar Luis Blanco ("Marcha fúnebre" pintura de Agustín González)
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