Hoy estuve saliendo como de una campana.
En realidad desde una orilla de campana.
De su abierto sonido, su tañer y su eco.
Y comencé a rebotar en raudas lejanías y contra paredes,
contra cantos, contra articulaciones de ciudad.
Y rebotaba y me caía cuando golpeaba en los silencios.
Los silencios dibujan los días y las noches.
Limitan los sonidos y golpean los ruidos
o los dejan entrar en sus densidades hasta donde les parece.
Es hermoso rebotar en silencios.
Hamacarse en silencios hasta morir de nuncas.
Hasta sentir suaves dolores en la nuca y el pulso en las sienes.
Sólo en las sienes, sólo en la nuca, sólo en los nuncas.
Amílcar Luis Blanco ("El sonido del silencio", Oleo sobre lienzo de Yury Fomichev)





