Desvergonzado,
en sí,
desvergonzado.
Hecho una furia atroz.
Hecho un relámpago
Le pegó en la mandíbula,
En el pelo.
En la boca.
En el ángulo sísmico
del miedo.
Y allí donde ella llora.
En el frágil velamen de los párpados,
los que cubren su luz y la atesoran.
Allí le pegó él,
donde más la quería
¡Qué terrible golpearla en tanto amor!
En los labios,
los besos.
En el alma.
Ahora duele y se arrastra,
se lastima
sobre un suelo de sucia indiferencia,
enchastrado en su sangre y en su culpa.
Y su amor, su mujer, lo mira y llora,
Lo mira y duele
Y le acerca la palma sobre el pelo
Lo levanta del suelo
Lo perdona.
Amílcar Luis Blanco. ("Mujer que llora" oleo por Grief)




