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miércoles, 18 de septiembre de 2013

KEOPS



















Ya no estaban allí, ya se habían ido
los duros dromedarios del silencio,
los alfiles del sol piramidales,
los absurdos tallados en las sombras.

Ya no estaban allí, sólo la esfinge
resistía el embate sin fronteras
de las arenas sueltas del desierto
y sus vuelos ardientes en el viento.

Sobraban las astucias y los gatos,
en la pregunta infiel de Shopenhauer,
su mismidad exhibían sin recatos.
La piedra respiraba sólo tiempo.

Amílcar Luis Blanco

sábado, 14 de septiembre de 2013

LLEGA LA PRIMAVERA



















Llega la primavera, tañen campanas en el viento.
Las hojas reverdecen y los días, ánimos y colores
nos traen y nos despojan de a poco de estertores
que nos dejó el invierno y su gélido aliento.

Vislumbramos de nuevo el aguerrido acento
de cada instante.  Porque  desde las  flores
vendrán frutos y pulpas, aromas y sabores,
desnudez, carnavales, sensualidad en aumento.

La primavera nace igual al sentimiento
de un prurito, un deseo, una sed; esplendores
plenificándonos desde lo exento.

Las sangres se hacen viñas, viñadores
nosotros de sus uvas,  del áspero sarmiento
poroso de un sudor, sus leñadores.

Amilcar Luis Blanco  ("La primavera" por Sandro Boticelli)


jueves, 12 de septiembre de 2013

Ella


























Ella atraviesa el río del silencio,
viene desde la espuma y la paciencia,
se dibuja de pronto sobre el blanco
y exhibe en líneas su sencillo porte.

Ella tiene de luna las maneras
pero crece y es brío y espesura,
compone médanos y abre 
agua y cielo en lo áspero.

En la noche extiende su lascivia
y su celo de loba taciturna
y lastima el dolor con esperanza
desde que fuera puber y hasta nunca.

Ella sólo conspira si la advierto
si reparo en su paso sigiloso
y en la luz de sus ojos de pantera;
su vecindad anula las distancias.


Amílcar Luis Blanco

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Los cuerpos como leños



























Los cuerpos como leños, como espigas.
Nos sentíamos arder en las madrugadas,
cubiertos entre sábanas de sombras.
A prudente distancia los espejos
nos miraban hacer, lujosos ciegos
devolviendo la luz y los colores y las líneas
desde lo atroz, la ciénaga, su azogue.
Los cuerpos como leños crepitantes.
Contra el negror bruñido de luna y de silencio.

Llamas frías recuerdan las cenizas.
El alba huyó y evaporó las risas
Una procesión de sombras sale,
pasea por el parque, henchida de nosotros,
se desenvuelve sin cesar en noches.
Es lo turbio de todos, fantasmático,
insomne, decaído. En el mecerse de las copas
entregadas al viento flamean las vigilias.

Estoy solo en la noche, mi corazón recuerda,
mi víscera latiente aún oye sus pasos.
Los dos nos retorcíamos dentro del mismo fuego.
Los cuerpos como leños, las horas como llamas.
En el cielo la hondura del anchuroso espacio.
La soledad sin tino, la extensión sin fronteras
cayéndose en el río del tiempo que nos lleva.

Amilcar Luis Blanco ("Homenaje a Egon Schiele" por Carmen Luna)

Nadie que diga sombra





















"Si pudiera me iría de aquí a mil años"
César Vallejo


Nadie que diga sombra quiere sombra.
Nadie que diga miedo quiere miedo.
Pero, quien dice nada, ¿quiere nada?

El primero la luz, el sol, la magia.
Y el segundo esa ensoñación radar
rodeándolo entre las cosas,
impidiéndole choques y desórdenes.

Solamente el tercero se tropieza en sí mismo,
en su duda cerval y desconfía
y consiente en partir sin despedirse.

Amílcar Luis Blanco  (Obra plástica: "Melancolía"  por Bergen Munch)

viernes, 6 de septiembre de 2013

SONETO DE MANERA DESDICHADA
























Viniste a mi con trozos de tristezas
y puertas y maneras destrozadas,
violaciones y círculos y endechas
caídas en espesas marejadas.

Y transparente casi y blanco y de oro,
mirándome en espejos de silencio
junte astillas de lunas en mis manos
para darte mis noches hechas playas

Quebré rumbos de estrellas y de flechas
y me poblé de ausencias y astrolabios
y hasta tu exilio me interne en la noche

Esperaba tu luz, que florecieras
porque te amé, porque te había amado.
Tu ausencia me estalló por todo el cuerpo.






Amilcar Luis Blanco