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lunes, 31 de marzo de 2014

TANGO BAR


 


Que nadie pierda el ritmo
sensual de la magnolia
en este vertedero de ilusiones
donde se ajusta el alma.
Y que todos bebamos sin sospechas
ese trago de ajenjo
que nos limpia de sombras
¿No es éste el vertedero de la ilusión acaso?
El pulso vegetal que nos anima
a entregarnos al alma silenciosa
del alcohol o al sabor de la vendimia
mesclándole el brebaje del ocaso.
¿No estamos hechos todos
de porvenir y ausencias?
Iguales a esa luz que se desliza
y resbala en las lindes del estaño
o se queda en las copas zigzagueante
mientras suena en el arco de la tarde
la tripa de un violín que nos desnuda.


Amilcar Luis Blanco  (Pinturas de Willem Haenraets y Fabián Pérez)

domingo, 30 de marzo de 2014

A una muerte







"Porque él nos dejó su tristeza
sentada al borde del cielo como un ángel obeso"

       Juan Larrea (De su poema "Un color le llamaba Juan" a la memoria de Juan Gris)

Se fue también como una fuga de palomas inquietas
saliendo de la sombra y seguirá saliendo de desusadas puertas
abiertas cada día en las memorias de los que acompañaron
su parla de vecina en los corrillos de las tardes iguales.

En ese picoteo singular ese ruido de pájaros amaneciendo
y la luz en el mate en la bombilla en las mejillas
de los hijos lustrosos franeleados por su condescendencia
y al borde de ellos contemplándolos se fue para quedar hasta que vivan.

Se fue madre que fue madre que seguirá siendo
desmadrada ausentándose como agua en la vertiente
ya caída de su propia memoria de cascada y torrente.
Se fue como se iba de su memoria madre hija esposa pero madre.

Amilcar Luis Blanco  (Pintura de Juan Gris)

viernes, 28 de marzo de 2014

ARDE EL AMOR
























Arde el amor amor y los amantes
besándose rotundos sin apuros
echan sus torsos uno contra el otro
y se montan confiados en sus muslos.
Sobre la arcilla parda el suelo duro
y un cielo sólo luz de alquimias rojas
bruñe sus pieles lustra las manzanas
y acuña verdes hojas como alas.

Rodillas  brazos hombros espaldas manos.
El rostro de ella en su sonrisa asciende
y en párpados cerrados atrapa en alto un vuelo
mientras su amado besa en su costado
y una luna de sangre se acelera
en los sueños  y  giros del espacio.
Ella y él sobre el suelo reposados
entregan a sus cuerpos que se ciñen
las almas y las fuerzas y los hados.

Amilcar Luis Blanco (Pintura de Margarita Sikorskaia)

Amor (Para mis hijos Julián y Germán, ahora padres)




Cada hijo lucha dentro de cada padre porque duele,
porque quiere salvarlo y viceversa.
Mientras tanto la hojarasca gime bajo el peso del viento.
Los árboles se inclinan como monjes en rezo.
La palidez acude a los espejos
y en el centro del río las palabras se hacen abrevaderos de palabras.
La infamia nos sacude y hace flamear sus banderas de intemperancia
sin que nos demos cuenta que el espacio sucede y que el tiempo sucede
y se arroja brioso en los ocasos
pero se hunde en nosotros nos traspasa nos va de a poco en aros diluyendo.

Los amantes se arrojan sobre sus cuerpos sorprendidos.
El día quiere a cada tramo salirse de su eje,
desmontarse del silencio central en el que apoya sus brazos de distancia
y se piensa reloj, se imagina planeta porque quiere estirarse en la galaxia,
como el ama de casa entrada en años que visita gimnasios, galerías de moda,
o el hombre sesentón se acicala y va al club y se finge ganoso para que la muerte no lo mire
y mientras tanto sienten y no lo dicen lo siguiente, que:
es difícil amarse en la deriva de las horas,
cuando se enciende el leño del silencio en el horizonte y otro día de nuevo y como siempre
se cae desde sí mismo y deja en el comienzo de las sombras su orilla de relente.
Es difícil amar lo que envejece y palpar y ver la opaca obsolescencia
apoderándose de ternuras, de útiles herramientas objetos hasta hacerlos inanes
o imanes si se quiere del hechizo que nos mantiene a tientas y en suspenso.

Pero aunque esto suceda y deje el alma a la intemperie al descubierto
y claven alfileres los segundos sobre nuestro diapazón de tolerancia
y los ruidos del día las bocinas los claxons hagan saltar las cuerdas en los violines
destrocen las guitarras, galvanicen los saxos, las trompetas, los fagots, los oboes.
Avancen como máquinas o trenes adentro de los miedos guardados en cajitas o en espejos
y estallen las materias y las claras ausencias los cristales aún y hasta las rosas.
Aunque esto ocurra a mares como dije y nos vayan gastando las ausencias,
unos dentro de otros entre prójimos adentro de nosotros sin paz y sin cuartel
luchamos batallamos y queremos salvarnos.

Amilcar Luis Blanco  (Pintura de Margarita Sikorskaia)


miércoles, 26 de marzo de 2014

Tú eras libre























En la casa,
por la rauda luz del cielo en la luna del espejo proyectada,
van tus ojos recorriendo los recodos donde yacen las palabras;
esos lugares hondos coloreados
en los artesonados de las paredes lánguidas.

En el cielo detenido de la casa
hubo un ángel.
Era el ángel que en el lecho y en la sala y en las sombras me alegraba.
Y fue un río.
Y a despecho del vacío en el silencio bajo el cielo transcurría.

Tú eras libre
y por eso de ataduras y de lianas y de troncos y de ramas te apartaban
esas aguas;
las que ahora son recuerdos y navegan en la mórbida deriva
y se ciñen a las cuencas ahuecadas por el tiempo y por el frío.

Y recuerdo las palabras, las endechas que tu diestra me escribía
en las encendidas cartas
donde hogueras de ansiedades y fulgores y caricias me dejabas.
Ahora extraño
ese ángel, ese río, esas cartas que mi angustia con tu angustia,
con tu angustia,
con mi angustia,
hoy son duelo y en el fondo pesaroso de mi vida duelen tanto.


Amílcar Luis Blanco  ("Tierra, mar y libertad", acuarela por Cecilia Córdova)

domingo, 23 de marzo de 2014

En el profundo mar





















En el profundo mar la luz del cielo
resbala y quiebra en inquietud de olas.
Las gaviotas bordean sus estolas
de espumas y se lanzan con gran celo

Sacian en peces el gregario anhelo
de nutrirse y vivir. En cambio caracolas,
vítreas, opacas,quiebran sus corolas,
y en las hondas arenas se hacen suelo.

El mar convoca el atestado vuelo
pero bajo el color de sus aureolas
oculta cicatrices sin consuelo;

oquedades con voces y pianolas,
ondas clamando en el acuoso velo;
vidas y muertes para siempre solas.

Amilcar Luis Blanco  ("Gaviotas en vuelo" pintura de Carlos Cárrega O´Dena)