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miércoles, 26 de marzo de 2014

Tú eras libre























En la casa,
por la rauda luz del cielo en la luna del espejo proyectada,
van tus ojos recorriendo los recodos donde yacen las palabras;
esos lugares hondos coloreados
en los artesonados de las paredes lánguidas.

En el cielo detenido de la casa
hubo un ángel.
Era el ángel que en el lecho y en la sala y en las sombras me alegraba.
Y fue un río.
Y a despecho del vacío en el silencio bajo el cielo transcurría.

Tú eras libre
y por eso de ataduras y de lianas y de troncos y de ramas te apartaban
esas aguas;
las que ahora son recuerdos y navegan en la mórbida deriva
y se ciñen a las cuencas ahuecadas por el tiempo y por el frío.

Y recuerdo las palabras, las endechas que tu diestra me escribía
en las encendidas cartas
donde hogueras de ansiedades y fulgores y caricias me dejabas.
Ahora extraño
ese ángel, ese río, esas cartas que mi angustia con tu angustia,
con tu angustia,
con mi angustia,
hoy son duelo y en el fondo pesaroso de mi vida duelen tanto.


Amílcar Luis Blanco  ("Tierra, mar y libertad", acuarela por Cecilia Córdova)